“También es verdad que apenas me has pegado alguna vez de verdad. Pero aquellas
voces, aquel rostro encendido, los tirantes que te quitabas apresuradamente y colocabas
en el respaldo de la silla, todo eso era casi peor para mí. Es como alguien a quien van a
ahorcar. Si lo ahorcan de verdad, ha muerto y todo ha terminado. Pero si tiene que ver
todos los preliminares del ahorcamiento y sólo cuando le cuelga la soga delante de la cara
se entera del indulto, puede que quede dañado para toda la vida. Por si fuera poco, a
medida que se iban acumulando aquellas ocasiones en que, según tu criterio claramente
manifestado, yo hubiera merecido una paliza, pero gracias a tu indulgencia me había
librado de ella por muy poco, iba aumentando en mí otra vez el sentimiento de
culpabilidad. Por donde se mirase, siempre incurría en falta frente a ti.”
―
Franz Kafka,
Carta al padre y otros escritos