-Ya sé qué día me voy.
Suspiró después de soltar la bomba, sus hombros subiendo y bajando al ritmo que marcaban sus pensamientos y su miedo a hacerme daño. Me giré para mirarlo. Estábamos tumbados en mi cama, con los pies en el suelo, las piernas dobladas y la espalda apoyada en el colchón. Teníamos la vista fija en el techo y los cuerpos a una distancia prudencial, la suficiente como para darnos espacio pero no como para no poder salvarlo si nos echábamos de menos, incluso junto...
Published on July 23, 2021 12:33