“¿Y cuál es tu lugar en el mundo, Linus?
Y, con la última brizna de valor que le quedaba, Linus respondió:
—Aquí. Contigo. Si me aceptas. Pídemelo otra vez. Por favor, te lo ruego. Vuelve a pedirme que me quede.
Arthur asintió con el cuello tenso. Se aclaró la garganta.
—Linus —dijo con voz ronca.
—¿Sí, Arthur?
—Quédate. Aquí. Con nosotros. Conmigo.
Linus apenas podía respirar.
—Sí. Siempre. Sí. Por ellos. Por ti. Por...
Alguien le cerró la boca de un beso.”
―
T.J. Klune,
The House in the Cerulean Sea