“Yo era muy feliz en Amazon, mucho. Aunque haya gente que crea que ser escritor autopublicado sólo da para cervezas, yo vivía de vender mis libros ahí (o sobrevivía). Era un sueldo modesto, sí, pero digno y lleno de satisfacciones porque para mí triunfar era eso: no ser famosa ni tener dinero, sino poder vivir de lo que amo hacer.
Dejé hace dos años la enseñanza buscando cumplir mi sueño y tampoco voy a decir que fuera un camino de rosas porque he trabajado como una burra en este tiempo, he sacrificado horas de sol y de vida, de parque, de conversar, reír y compartir con la gente, de juegos y mismo a mi pequeño, de ver la calle o vida social o de gestos "para ricos" como tomarme una coca cola en una terraza. Esto, lejos de desanimarme, me hacía sentir aún más orgullosa, ¡lo había logrado! Y cada vez tenía más lectores y les gustaba lo que yo hacía, les hacía felices... y ellos (vosotros) a mí.
Con este panorama, entenderéis que no es que me haya dado el siroco e ido de mi trabajo porque sí. Nadie destroza su vida (a no ser que tengas una lesión cerebral, claro). No, no ha sido así. Me he visto obligada a ello tras situaciones muy graves que he intentado que se repararan antes de quedarme en la calle (esa es la realidad), pero no ha sido posible.
Veréis que mis libros en papel siguen a la venta (ya que es otra distribuidora) y esos se quedan sin problema. Quizá veáis alguno que otro en digital (o todos en el futuro) pero será a través de otras plataformas o editoriales, no por inclusión directa mía. Así pues, si en el futuro encontráis una mía, prefiero, por principios, que lo compréis en cualquier otra plataforma menos en Amazon.
En unos días saldrá a la luz en varios medios de comunicación todo lo que ha sucedido para que comprendáis por qué esto es ya del todo irreversible. No lo hago porque tenga que justificarme ni dar explicaciones (cada uno pensará lo que quiera al margen de mis palabras), sino por mi sentido de lo ético y lo justo, porque debo avisar a mis compañeros de lo vulnerables y desprotegidos que están en una empresa que te golpea antes de preguntar y que jamás pide perdón aunque te atropelle; donde se hace la vista gorda con el delincuente y se persigue al inocente; donde se castiga la honestidad (la real, no la de postureo). Muchos estarán sonriendo al leer esto pensando en "los líos en los que meto" o que algo habré hecho. Da igual; lo que no saben esas personas es que mañana puede ocurrirles a ellos, que en Amazon no importamos, que sólo somos números y se carga a quien le molesta.
También sé que ahora hay gente (suelen ser escritores frustrados) disfrutando con estas líneas y aprovechando para mentir, tergiversar o insultar gratuitamente. Eso sólo habla mal de ti, no de mí. Siempre me ha resultado incomprensible la gente que encuentra placer en el dolor de los demás, en sus problemas. Pero la vida es larga y el karma, un cabroncete. De todas formas, pronto entenderéis toda la historia y estará ahí para el que desee ver la verdad. El que no quiera hacerlo, ni aportando todas las pruebas del mundo lo hará porque su intención es otra, y tampoco estoy en un juicio, que es donde se aportan.
Ahora debo pensar mucho sobre mi futuro, pero os prometo una cosa: que podréis leerme si queréis seguir haciéndolo. Soy consciente de que parte de mi trabajo de estos años se ha ido al traste, ha desaparecido, porque perderé lectores al no estar en Amazon (y también dejaré de ganarlos).
Pero soy y seré escritora siempre. Amo escribir y no me veo haciendo otra cosa. Sin embargo, también debo pagar mi techo y mi plato en la mesa, así que ahora es todo muy confuso, con muchas posibilidades abiertas en mi camino además.
Por el momento, deciros que, antes de que acabe la semana, todos mis libros en digital estarán disponibles en otras plataformas Os iré informando y ojalá me sigáis leyendo al margen de dónde se vendan mis libros. Ha sido un honor teneros como lectores. GRACIAS.”
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Eba Martin Munoz,
Los ojos de la muerte