“Amariconar los placeres, por tanto, supone negar la autoridad a quien pretende chantajearnos a cambio de mérito y sufrimiento. El placer nos pertence ya, de facto, no necesitamos sufrir por él, no necesitamos demostrarle nada a nadie, ni pedir permiso ni mucho menos perdón. Amariconar los placeres es ser irreverentemente divertidas, desacomplejadamente vagas, entregadamente ociosas.”
―
Christo Casas,
Maricas malas: Construir un futuro colectivo desde la disidencia