“Era mucho más sencillo irse sin pronunciar ni una sola palabra, sin dejar una nota, sin mirar atrás. Y así, probablemente, ambos podríamos seguir fingiendo que nada había ocurrido, que nunca nos habíamos vuelto a encontrar, que nos habíamos olvidado el uno del otro, que en fondo no seguíamos queriéndonos… Parecía una táctica infalible. Lástima que no funcionase al 100%, dado que era incapaz de dejar de llorar.”
―
Alice Kellen,
Otra vez tú