“Quién hubiera pensado ver al gran Cauca esclavo. Hijueputas, gritas, hijueputas (…) Te arde el corazón. Lo que quedaba de él. Parece que sí existe y está estallándose contra el muro de la hidroeléctrica. Te sangra la encía. Sigues gritando (…) Tanta oscuridad. El niño, infinitamente solo en su maltrato. Toda la violencia del mundo contra los cuerpos de la noche. Quien pudiera asesinar el cemento, a los hombres que ponen cemento en el río, a sus hijos y a los hijos de sus hijos”
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Laura Ortiz Gómez,
Sofoco