“Siempre que me preguntaban qué quería, mi primer impulso era responder "Nada". La idea cruzaba mi mente de que no importaba, que nada me iba a hacer feliz. Al mismo tiempo, era congénitamente incapaz de rechazar cualquier cosa que alguien me ofreciera, sin importar cuán poco pudiera satisfacer mis gustos. Cuando odiaba algo, no podía pronunciar las palabras "No me gusta". Cuando me gustaba algo, lo probaba de forma vacilante, furtiva, como si fuera extremadamente amargo. En ambos casos, me torturaba un miedo indecible. En otras palabras, no tenía la fuerza ni siquiera para elegir entre dos alternativas.”
―
Osamu Dazai,
Indigno de ser humano