“Sólo me quedaba sentirlo. Escucharlo respirar, mirar su panza de ballena subir y bajar. Pero no más sonidos suyos para mí. Se nos acabaron las palabras. Eso es la muerte, pensé, un diálogo se rompe, se vuelve monólogo y nunca más es de a dos.”
―
Arelis Uribe,
Las heridas