“El ejemplo más notorio de cómo los gobiernos cumplieron el mandato del gran dinero fue la primera guerra del opio, que se libró entre Gran Bretaña y China (1840-1842). En la primera mitad del siglo XIX, la Compañía Británica de las Indias Orientales y diversos hombres de negocios ingleses amasaron fortunas mediante la exportación de drogas, principalmente opio, a China. Millones de chinos se convirtieron en adictos, lo que debilitó al país tanto económica como socialmente. A finales de la década de 1830, el gobierno chino promulgó una prohibición del tráfico de drogas, pero los comerciantes ingleses de las drogas simplemente ignoraron la ley. Las autoridades chinas empezaron a confiscar y a destruir los cargamentos de drogas. Los monopolios de las drogas tenían estrechas conexiones en Westminster y Downing Street (de hecho, muchos miembros del Parlamento y ministros del gabinete poseían acciones de las compañías de drogas), de modo que presionaron al gobierno para que actuara. En 1840, Gran Bretaña declaró puntualmente la guerra a China en nombre del «libre comercio». Fue un triunfo fácil. Los chinos, demasiado confiados, no eran rival para las nuevas y poderosas armas de Gran Bretaña: buques de vapor, artillería pesada, cohetes y rifles de repetición. Según el tratado de paz subsiguiente, China aceptaba no limitar las actividades de los comerciantes de drogas ingleses y compensarlos por los daños infligidos por la policía china. Además, los ingleses reclamaron y obtuvieron el control de Hong Kong, que a continuación usaron como base segura para el tráfico de drogas (Hong Kong siguió en manos inglesas hasta 1997). A finales del siglo XIX, unos 40 millones de chinos, la décima parte de la población del país, eran adictos al opio.3”
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Yuval Noah Harari,
Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad