En España, el odio de la izquierda a la derecha ha sido más fuerte que su amor a la igualdad, y el miedo de la derecha a la izquierda ha sido más profundo que su compromiso con la libertad. Basta con que una de las dos hubiera dicho «basta» para que, roto el hechizo, España culminara su tránsito a la normalidad democrática.

