'La fuente del unicornio' es una antología de relatos de Theodore Sturgeon escritos entre 1947 y 1953, y se trata sin duda de una de las mejores recopilaciones que ha dado el género de la ciencia ficción. Sturgeon hizo de todo, desde trabajar en un circo hasta embarcarse como marino, pero fue tras la segunda guerra mundial cuando empezó a ejercer de verdad como escritor, llegando a convertirse en el mejor cuentista de la gran Edad de Oro. Y sin tener en cuenta las barreras de los géneros, está considerado como uno de los mejores cuentistas norteamericanos del siglo XX.
En palabras de Ray Bradbury: "Miraba a Sturgeon con secreta y persistente envidia. Y la envidia, tenemos que admitirlo, es para un escritor el síntoma más seguro de la superioridad de otro autor. Lo peor que se puede decir del estilo de un escritor es que te aburre; lo más elogioso que se me ocurre sobre Sturgeon es que odiaba su maldito y eficiente ingenio. [...] no me quedaba más remedio que volver una y otra vez a sus cuentos, atormentado de envidia, para disecarlos, desmontarlos, reexaminarles los huesos."
Sus relatos abarcan casi todos los géneros: el fantástico, la ciencia ficción, el western, el policíaco, el realismo y el terror, en el que destaca especialmente. Sturgeon estaba preocupado sobre todo en intentar explicarnos las relaciones humanas y el problema de la incomunicación y la soledad del individuo.
Estos son los trece cuentos contenidos en la extraordinaria 'La fuente del unicornio', siendo la gran mayoría imprescindibles, grancias sobre todo al buen hacer de Sturgeon como escritor y a su imaginación:
- La fuente del unicornio. Empieza así: "Hay un pueblo cerca de las ciénagas, y en el pueblo hay una Casa Grande. En la Casa Grande vivía un escudero que tenía tierras y tesoros y, por hija, a Rita." Una tarde Del visita a Rita, hija de escudero, en su casa. Allí se encontrará con una sorpresa desagradable. Buen relato de fantasía, pero de los más flojos de la antología.
- El osito de felpa del profesor. Empieza así: "Duerme, dijo el monstruo. Habló con el oído, moviendo unos labios diminutos dentro de los pliegues de carne porque tenía la boca llena de sangre." Extraño cuento, que provoca una sensación inquietante en el lector, al no saber lo que está pasando realmente hasta las últimas páginas del relato. Impresionante.
- Las manos de Bianca. Empieza así: "La madre llevaba a Bianca cuando Ran la vio por primera vez. Bianca era rechoncha y pequeña, el cabello grasiento y dientes podridos. Tenía la boca torcida y babeaba. O era ciega o no le importaba chocar contra las cosas. En realidad no importaba, porque Bianca era imbécil. Sus manos..." Ran está obsesionado por las manos de Bianca, de tal modo que traza un plan para poseerlas. Absoluto clásico del relato de terror, con el que Sturgeon ganó un premio en 1947, el de la revista inglesa Argosy, quedando por delante del mismísimo Graham Greene.
- Un plato de soledad. Empieza así: "Si está muerta, pensé, jamás la encontraré en esta blanca riada de luz lunar, pálida arena como un gran oleaje. Casi siempre, los suicidas que se clavan un cuchillo o se pegan un tiro en el corazón toman la precaución de desnudarse el pecho; el mismo extraño impulso hace que, por lo general, los que se suicidan en el mar vayan desnudos." Esta es la historia de una joven que tuvo la mala (o buena) suerte de recibir un mensaje inesperado e increíble.
- El mundo bien perdido. Empieza así: "Todo el mundo los conocía como tortolitos, aunque por supuesto no eran pájaros sino seres humanos. Bueno, digamos que humanoides. Bípedos sin plumas. Su estancia en la Tierra fue breve, una maravilla de nueve días." La estancia de los tortolitos supone un problema diplomático con el planeta Dirbanu. Grunty y Rootes serán los encargados de una misión trascendental.
- No era sicigia. Empieza así: "Mejor no lo leas. Lo digo en serio. No, ésta no es una de esas historias "que pueden ocurrirte a ti". Es mucho peor. Quizá te esté ocurriendo en este mismo momento. Y no te enterarás hasta que haya terminado. Por la propia naturaleza de las cosas, no puedes enterarte." El protagonista, Leo, conoce un día a Gloria, y parecen coincidir en todo, son almas gemelas. Otro extraño relato en el que Sturgeon nos sumerge magistralmente.
- La música. Empieza así: "Hospital... No me dejaban salir, aunque me molestaba el ruido de los platos y el de las conversaciones, y las quejas sin sentido. Sabían que me molestaban; tendrían que saberlo. Almidón y aburrimiento y el blanco olor a muerto. Lo sabían. Sabían que lo detestaba, así que todas las noches ocurría lo mismo." Breve relato, puede que el más flojo del libro.
- Cicatrices. Empieza así: "Hay un momento en que esa carga que llevamos en la mente es tan agobiante que es necesario soltarla. Pero su naturaleza es tal que no la podemos dejar en una roca ni en la horqueta de un árbol, como un bártulo pesado. Sólo una cosa tiene la forma indicada para recibirla, y es otra mente humana. Sólo se puede hacer en un momento, en la soledad compartida. No se puede hacer cuando un hombre está solo, y un hombre que anda altivamente en medio de la multitud nunca lo hace." Kellet es un hombre con diversas cicatrices. Tras un día de apacible trabajo en las alambradas, Kellet y Powers acampan, y Kellet se dispone a hablar de sus cicatrices. Maravilloso.
- Fluffy. Empieza así: "Ransome sonreía acostado en la oscuridad pensando en su anfitriona. Ransome era muy solicitado como huésped, a causa de su magnífico talento narrador. Dicho talento se debía totalmente a su carácter de huésped frecuente, pues era quien era gracias a la elocuente belleza de sus imágenes verbales de la gente y sus opiniones sobre la gente." La señora Benedetto vive sola; bueno, sola no, con su gato Fluffy. Y un buen día, Ransome es invitado por la señora Benedetto. Cómo no, este es un cuento de gatos... terrorífico.
- Sexo opuesto. Empieza así: "Budgie entró en el laboratorio sin llamar, como de costumbre. Jadeaba agitadamente, los ojos brillantes de ansiedad y avidez. ¿Qué tienes, Muley? Muhlenberg cerró bruscamente la puerta del depósito de cadáveres, antes que Budgie pudiera pasar. Nada, replicó. Y entre toda la gente que no quiero ver, y en este momento eso significa toda la gente que existe, tú encabezas la lista. Lárgate." Muley trabaja en el depósito de cadáveres, donde acaba de llegar un homicidio horrible, espantoso. Budgie, reportera, está empeñada en averiguar de qué se trata. Ninguno se imaginará a lo que se enfrentan. Un relato memorable.
- ¡Muere, maestro, muere! Empieza así: "Al final maté a Lutch Crawford con una tenaza. Y allí estaba Lutch (su música, su brío, su público y su orgullo), todo él en la palma de mi mano. Literalmente: tres orugas rosadas con una dureza córnea en el extremo y sangre en el otro. Las arrojé al aire, las atrapé, me las guardé en el bolsillo y me fui silbando Daboo Dabay, que había sido el tema de Lutch. Era la primera vez en ocho años que oía esa música y la disfrutaba. A veces tardas mucho en matar a un hombre. Lo había intentado dos veces. Lo intenté con ingenio, y fracasé. Lo intenté con sigilo, y fracasé. Ahora está hecho." Fluke, el protagonista, nos cuenta su odio por Lutch, y cómo hizo para ponerle solución. Extraordinario cuento.
- Compañero de celda. Empieza así: "La gente pregunta si alguna vez estuviste preso y se ríe. La gente bromea sobre la cárcel. Pero estar en la cárcel es malo, sobre todo si te encerraron por algo que no hiciste. Y si lo hiciste es peor. Te sientes idiota por haberte dejado atrapar. Y es peor todavía si tienes un compañero de celda como Crawley. La cárcel es para que los reos no fastidien por un tiempo, no para que se vuelvan locos." El protagonista tiene un nuevo compañero, Crawley, un sujeto con un extraño físico; es pequeño, de brazos y piernas delgados, pero con un pecho muy grande y apuntalado. Después de leer este relato de terror, me doy cuenta de la influencia que ha tenido este autor.
- Una manera de pensar. Empieza así: "Tendré que empezar con una o dos anécdotas que quizá ya me hayas oído contar pero que vale la pena repetir porque hablamos nada menos que de Kelley." El protagonista, escritor, y puede que un trasunto de Sturgeon, nos narra un extraño caso donde Kelley, su amigo y antiguo compañero de barco tiene una papel preponderante. Todo comienza cuando se encuentra con su amigo Milton, médico, que tiene un paciente con una grave y rara afección. No puedo contar más de este grandísimo relato.