”She did not want to be an invisible queen in the castle. Arthur did not rule that way. And she wanted to be his match. His equal. His partner. She could no longer deny it. She wanted to be more tan a protector to him”.
[2,5]
Creo que nunca me había encontrado en mi vida lectora con un libro que reinterpretara las leyendas artúricas. La historia de Merlín, Arturo y todos los caballeros de la mesa redonda me apasiona, así que tenía muchas expectativas al leer The Guinevere Deception. Honestamente, no puedo decir que haya adorado el libro, pues se me hizo más bien lento y, además, sentí que hubo un gran plot twist que se desperdició por no revelarlo en el momento indicado.
Aquí nos encontramos en un momento de la historia en el que Camelot, después de una guerra brutal contra una gran hechicera, salió victorioso. Arturo y sus caballeros pelearon valerosamente, pero el precio por ganar una guerra es alto. Sabiendo el gran caos que hay detrás de toda la magia, sea blanca u oscura, Arturo decide desterrarla por completo de Camelot. Y eso incluye a Merlín. Sin embargo, el gran hechicero, que ha criado a una mujer poderosa, decide hacerla pasar por la princesa Guinevere (que acaba de morir) y enviarla hacia Camelot para que se case con Arturo y, sin que él lo sepa, lo proteja de posibles ataques de magia oscura.
Mi primer gran problema es que, casi desde el primer capítulo, nos revelan que la verdadera Guinevere está muerta y que la mujer que conocemos y que se va a casar con Arturo es una farsa. ¡Explíquenme por qué esto, que es un plot twist épico, no lo guardan para un momento álgido del libro! Cuando estaba empezándolo y leí eso mi reacción fue como “bah…”. Siento que fue una revelación tremendamente apresurada y que le quitó mucho misterio al libro.
Además, Guinevere-no-Guinevere no me encantó como personaje. Siento que empezó siendo una mujer súper decidida y comprometida con proteger a Arturo con magia poderosa pero indetectable. Pero llega un punto en el libro, en el que nos descubren otro secreto, y ella pierde por completo su rumbo. Se vuelve una mujer que no tiene propósito y que, durante un gran trecho, se deja sencillamente llevar por la corriente.
¿Y qué les digo de Arturo? Ay… es un personaje que tampoco me fascinó porque era demasiado bueno. ¡Y ya sé que él es la encarnación de la bondad y la justicia! Pero creo que precisamente eso lo volvía un poco predecible y soso. Sí, es genial que adore tantísimo a su reino y que siempre valore todo desde la balanza de la justicia y la equidad. Pero cuando esa bondad absoluta y esa lealtad sin límites a tu pueblo hace que escojas ese bien mayor por encima del de una persona que, supuestamente, te importa y quieres… joder, macho.
Debo decir que, para mí, lo que salvó completamente el libro de ser aún más lento fue Mordred, uno de los caballeros de Arturo. Mordred es ese tipo de hombre que se escabulle sin que lo escuches, que está ahí observándolo todo, pero pasando desapercibido al mismo tiempo. Es absolutamente fascinante. A Mordred lo envuelve un aura de misterio, coquetería y peligro tan impresionante que era imposible no querer que tuviera más protagonismo. Adoré todas sus interacciones con Guinevere-no-Guinevere. Mordred es la tentación y la certeza de que ella, por más que esté cumpliendo una misión, quiere una vida propia, quiere ser libre y disfrutar de sus sentimientos, no estar confinada por una promesa.
Otra de las cosas que me hacen tener un poco de fe y no descartar leer la segunda parte de esta trilogía es, precisamente, el final. Después de muchos capítulos que se sienten lentos y una trama que no avanza y se siente bastante introductoria, llega el final. ¡Y por fin hay acción! ¡Y revelaciones! Claro, no tan impresionantes como la que hubiera sido revelar sobre el final que la mujer que se casó con Arturo no es Guinevere, pero de todas maneras logra captar la atención de los lectores. Creo que es un buen puente para un segundo libro que, ojalá, tenga muchísimo más fuego y acción.