Cuando conocí la existencia de este libro me llamó la atención. Pero cuando ya me enteré de que era una especie de retelling de uno de mis libros favoritos, el clásico de Frankenstein, os podéis imaginar que casi grito.
Tenía muchas ganas de leer Una creación monstruosa precisamente por eso. Reconozco que no me he encontrado lo que esperaba en este libro, y no quiero decir mucho porque precisamente las mejores sorpresas son las del principio, así que voy a intentar mantener esta reseña corta, straight to the point y dejaros con las ganas de leerlo y descubrir los oh oh que provoca para que los descubráis por vuestra cuenta. ¡Empecemos!
La historia se sitúa a principios del siglo XIX con un capítulo impactante e inquietante que, sin duda, os recordará a Frankenstein si lo habéis leído (recomiendo hacerlo, independientemente de si lo hacéis antes o después de éste). A partir de ahí, cuenta la vida de Alasdair, nuestro joven protagonista, en la cual no parecen suceder grandes cosas… Excepto que tiene un gran secreto guardado: su hermano Oliver. Los dos viven en una Ginebra alternativa, donde los mecánicos, es decir, las personas que tienen partes de su cuerpo mecánicas, son despreciados por el resto de la sociedad. En un momento crítico, Alasdair recibirá la visita de una desconocida y una propuesta que siempre había deseado, y que desencadenará una serie de acontecimientos impredecibles.
Por un lado, me gustaría hablar de los personajes. Por supuesto que mi primera asociación fue la de Alasdair con Víctor, del clásico. Es la más obvia y rápida, aunque sus similitudes acaban pronto. Si Víctor se desentendía de sus obligaciones como creador, Alasdair las abraza y es incapaz de huir de ellas. Oliver, con su carácter explosivo e impredecible es, sin duda, el monstruo. Pero además de ellos, aparecen otros como Geisler, Clémence u otra aparición que, sin duda, ha sido para mí la más interesante (ésta es una de esas cosas que quiero que descubráis vosotros y vosotras). Dicho personaje y sus intervenciones, aunque escasas, son para mí una de las mejores cosas de la novela. Me ha parecido una idea súper original por parte de la autora el mezclar la obra clásica, con la ficción y la realidad detrás del origen de dicho libro. Y es que Mackenzie Lee hace un fantástico trabajo enredando la ficción y la realidad, deformando unos y otros para ajustarlos a su propia obra, sin desmerecerla a ella ni a la obra original. Es muy interesante.
Por otro lado, me ha encantado la ambientación. No sólo Ginebra es una ciudad que me encantaría conocer y, por tanto, me provoca curiosidad, sino que la deforma de nuevo en un lugar desagradable y restrictivo. La ciudad, al igual que el resto del mundo, está envuelta en un halo steampunk súper atrayente e interesante, el cual aporta el toque a la novela juvenil que tenemos entre manos. La idea de personas con articulaciones, brazos, o incluso pulmones creados con metal, engranajes y aceite, me parece entre inquietante, mágica e interesante. Así mismo, son estas personas las que representan, y sobre las que recaen, el miedo, el rechazo y la opresión de una sociedad en general no preparada para los avances científicos. La autora hace así paralelismos entre las inquietudes que se tratan en Frankenstein y la propia novela juvenil, tal y como explica en una nota aclaratoria al final del libro. Francamente, me ha encantado.
Así que, resumiendo, lo que más me ha gustado ha sido la ambientación, los guiños y toques steampunk, y la mezcla tan resultona de la novela clásica, y la realidad y la ficción que trae consigo.
No obstante, y sólo por ponerle un punto negativo, reconozco que la resolución del final, con más acción, no me ha terminado de convencer. Me parece que, en general, el conflicto flojea en algunos puntos, se resuelve demasiado rápido y de forma algo precipitada, como si no terminara de encajar con la tónica del resto del libro.
En general, os recomiendo mucho la lectura, especialmente si ya sois fans locos/as del clásico como yo. Es increíble lo mucho que he fangirleado con esta novela, y creo de verdad que va a mi lista de favoritos del 2020. De hecho, aunque todavía queda, literalmente, toooodo el año, estoy muy feliz de haber arrancado la década con una novela que me ha gustado tanto. ¡Espero que la disfrutéis!