No hay nada adicional que pueda decir además de lo dicho en el tomo 1 de este pequeño monumento. Me limito a copiar la misma reseña:
No es fácil decir cuándo empezó la Ciencia Ficción. Me adscribo a la opinión del Buen Doctor (Asimov) que define a Frankenstein (Mary Shelley) como la primera novela de CF. Una novela que extrapola un tema científico y desarrolla el efecto del mismo en la historia y en sus personajes. Pues coincide bastante bien con la definición del género para mi. Y pronto siguieron muchos. Verne por ahí cerquita, Wells que le dio un gran empujón. Burroughs, que la impregnó de aventura.
Hasta que empezaron las publicaciones exclusivas de CF, sobre todo en el mundo anglosajón, en los años 30 y que desencadenaron la Edad de Oro, hasta los años 50 y 60. Con el poderoso eje de Campbell y los nombres que conocemos todos (Asimov, Bradbury, Clarke, Dick, Heinlein, Simak, Sturgeon) y que aún son leídos. Es la época de la inocencia, en que la historia es lo que vale, los personajes se van construyendo y el estilo está puliéndose recién. Pero que hipnotiza y encanta, por la increíble profusión de ideas nuevas, frescas, sorprendentes.
Pero el género evoluciona. Personajes complejos, historias atípicas que se adentran en temas inexplorados e íntimos, estilo sofisticados que podrían provenir de cualquier rama de la literatura, empezarán pronto a asomar la nariz. Y algunos, como Harlan Ellison, tienen el suficiente genio para sentir que las cosas están cambiando. Así que, a fines de los 60, tiene la idea de crear una antología de cuentos nuevos, nunca publicados, que rompan esquemas, inesperados, que toquen temas que antes la CF no abordaba (como el sexo o la religión). Que provoquen.
El resultado es una pequeña revolución. Leyéndolos ahora, no suenan tan provocadores. Tienen aún el fuerte aroma de la Edad de Oro. Pero sí hay un cambio. Hay provocación, aunque se le vea la intención tan claramente ahora. Como la incorporación del sexo, que se ve tan ruidosamente provocador, como del adolescente que busca imponerse, pero que no termina de perder la inocencia. Y la experimentación de estilos, que ya no son planos y puramente instrumentales a la poderosa historia, pero no tienen la sutileza que tendrán después.
Es una exploración disparada en 100 direcciones diferentes. Con nombres antiguos, como no, pues el talento existía y puede adaptarse. Asimov escribió la introducción y caballerosamente se puso a un lado. Para dejar paso a otros, a todos esos nombres nuevos que dominarían el campo los siguientes años (Niven, Ballard, Delany, Leiber, Silverberg, Farmer, Pohl), junto con algunos de los antiguos. Es casi una una segunda Edad de Oro. Un segundo tomo seguiría unos pocos años después. Ya en plena Nueva Ola, como se llamaría el periodo, durante los 70.
Así, Ellison y sus visiones enlazan dos de mis épocas favoritas. Los gigantes, eternos e indestructibles de la edad de oro, y los más sofisticados y profundos de la nueva ola. En todo caso, el resultado es que la CF ya nunca fue la misma.
En mi caso, ya no pude seguirla tanto luego de eso. Me estanqué en los 80. Leí Gibson, claro, aunque me perdí lo grueso del movimiento ciberpunk. Y algunos como Philip K. Dick seguían produciendo cosas excelentes. Pero no mucho más.
Qué vendrá luego? Paradójicamente, y de la mano de Gardner Dozois, pasé directamente a los 2000, con poca transición. La CF actual (por lo menos los cuentos que elige Dozois en su monstruosa selección anual -- lo que es un cierto peligro al no permitirme otras visiones, pero poco margen de exploración tengo ahora!) es sofisticada, estilizada y densa. Conocí nuevos nombres, algunos notables, como Vernon Vinge, Greg Egan o las excelentes Nancy Kress o Catherynne Valente. Disfruto muchos sus nuevas obras, son buena literatura, con buenas ideas. Pero ya no siento que son de la familia.
Seguiré leyendo esos textos pulidos, con personajes densos, en historias nuevas. Y lo haré con placer. Pero recordaré con nostalgia la sencilla pero profunda alegría de descubrir una historia nueva como una moneda, brillante como el sol, y sencilla como la vida, del Buen Doctor y del resto de la familia. Esas historias que se reflejan y se transforman al mismo tiempo en estas Visiones Peligrosas.