Ser uno de los pocos premios Nobel de todo un subcontinente no es un hecho fortuito, ni, en muchos casos, el producto de un amañamiento político, sino el merecido espaldarazo a la obra de toda una vida. Siendo la Biografía uno de los subgéneros literarios más ricos, nada mejor que una sobre este grande de las letras que vivió tan intensamente. Pero aún mejor tratándose de una autobiografía, en la que, de su puño y letra, Pablo Neruda empieza con el día de su nacimiento y termina –inopinado oráculo– con la dramática muerte del presidente Salvador Allende, acaecida pocas semanas antes de la suya propia. Con su larga historia como intelectual activo y diplomático de su país y sus principios, nos lleva de la mano por los más importantes escenarios de medio mundo, y nos hace codearnos con las más relevantes figuras, artísticas y políticas, de aquel convulsionante mundo. Hace la crónica de su vida y su tiempo, poniendo en el relato de su vida el mismo corazón e intelecto conque forjara sus poemarios, para hacer de estas memorias la auténtica joya prosística que él convierte en la novela de su vida, la única que escribiría.
CONFIESO QUE HE VIVIDO no tiene una sola página aburrida: tal fue el bagaje de sus vivencias y su agudeza a la hora de rememorarlas. Lo mismo en sus consideraciones filosóficas, históricas o estéticas, que en los abundantísimos pasajes anecdóticos, asume un lenguaje directo, enriquecido por su magistral síntesis poética y su gran magnetismo vital. Mal relatada, esta autobiografía habría tenido el doble de páginas: relatada por Neruda, tiene las que tenía que tener. Así de simple.
Contada desde la sinceridad, aunque sin poder evitar la subjetividad, Neruda ensalza o repudia a éste o aquél personaje sin cortarse un pelo, y sin mediación de compromisos, salvo consigo mismo. El gran ego que lo poseyó, propio de los grandes creadores, no fue óbice para, poniendo en un segundo plano su producción poética, considerar la mayor obra de su vida su labor de rescate de miles de refugiados españoles, perdedores y víctimas de la Guerra Civil Española.
Hombre de mundo y humanista comprometido con su tiempo, fue capaz de ver en éste, pero tan sólo a medias, la era de las utopías. El verdadero genio visionario, en perenne búsqueda de la justicia social, habría terminado devolviendo el Premio Stalin de la Paz, que una vez se le otorgara: algo más que considerar su tiempo como “una época diabólicamente confusa, en donde todas las conclusiones se hacen posibles” (sus palabras). Así de simple.
CONFIESO QUE HE VIVIDO es la vida de Neruda, un grande con más aciertos que yerros, una suerte de testamento literario, un segundo CANTO GENERAL que el poeta nos legó, muy pocos días antes de dejar para siempre su Residencia en la Tierra.