Excelente libro, no tengo queja alguna.
La era de la información en la que vivimos está poniendo seriamente a prueba nuestras costumbres, comportamientos y cultura con la que fuimos educados. La vida de nuestros antepasados fue activa, y estar en casa casi siempre les produjo una gran incomodidad emocional. Eran personas que anhelaban visitar a sus amigos, querían moverse, viajar, explorar... realmente no les gustaba permanecer en un lugar mucho tiempo. ¿Por qué? Porque la monotonía de sus vidas los hacía sentir que todo lo nuevo, lo diferente, lo divertido y lo emocionante estaba fuera de sus hogares, y que para disfrutar de todas estas actividades necesitaban salir de allí obligatoriamente. No obstante, los años han pasado y debido a nuestro progreso tecnológico, vivimos en una época donde internet nos suministra infinidad de entretenimiento e información a cada instante, para distraer nuestro cerebro. Como nuestro cerebro ya no siente esa necesidad de «conocer algo nuevo» entonces poco a poco vamos eliminando el deseo de estar fuera de nuestra casa. Nuestro hogar es sinónimo de comodidad, bienestar, e incluso de seguridad, por lo que si todo lo tenemos en nuestra casa, ¿para qué salir a la calle y exponernos a que nos roben, a gastar energía, y a perdernos de nuestros programas favoritos que podemos observar cómodamente desde casa? Como pueden notar, son dos modos de vida completamente opuestos pero que son válidos dependiendo del tipo de personas; por lo tanto, si intentáramos elegir cuál es la mejor opción, probablemente no llegaríamos a una respuesta definitiva porque dependiendo de nuestros gustos, edad y estado emocional en el que vivimos, la respuesta cambiaría. Quizás el problema son los excesos, quizás no es bueno ni permanecer fuera de nuestro hogar todo el tiempo, ni tampoco encerrados los siete días a la semana sin salir siquiera a tomar aire. Comienzo esta reseña con estas palabras, ya que justamente Ready Player One nos presenta una crítica muy fuerte hacia la virtualidad, pero a la vez nos deja en nuestra mente la semilla de la duda: Si el mundo estuviera completamente en ruinas, contaminado, y no tuviera nada interesante que observar, ¿la vida virtual sería una salvación, o sería una condena?
La historia presentada por Ernest Cline, nos lleva al año 2044, en el que la civilización ha entrado en un estado deplorable donde los recursos principales, especialmente el petróleo, han escaseado de una forma tan drástica que la ruina y la miseria son partícipes permanentes de la sociedad en todos los sitios del mundo. Sin embargo, James Halliday, creador de videojuegos, «salvó» el mundo con la creación de una plataforma llamada Oasis —simulación virtual—, que requiere únicamente de Internet. Todas las personas pueden acceder a Oasis, y desde allí estudiar, trabajar, comunicarse entre sí, viajar a otros mundos, vender, comprar, crear negocios, etc., por lo que su creación ha ayudado muchísimo a aliviar los problemas del petróleo y demás recursos que estaban destruyendo el planeta. Es decir, Oasis se convirtió en algo indispensable para todos los habitantes de la Tierra. Pero tras la muerte de James Halliday —no estoy haciendo spoilers, así comienza la historia—, el futuro de Oasis quedará en riesgo, ya que dependiendo de la persona que quede a cargo de esta plataforma, podría cambiar el modus operandi afectando la vida de millones de personas. No obstante, Halliday sospechaba que después de su muerte se crearía el caos por obtener sus bienes, por lo que previniendo esta situación, decidió crear la búsqueda del Huevo de Pascua. Una búsqueda que comienza justo después de su muerte, y que consiste en superar las pruebas que se ocultan detrás de tres puertas; puertas que pueden estar en cualquier sitio del universo de Oasis, y que requieren de tres llaves que también están ocultas en alguna parte de ese mundo virtual. Quien quiera ser el dueño de Oasis, deberá encontrar las llaves, las puertas, superar los retos y encontrar el Huevo de Pascua.
Un argumento especialmente interesante que te atrapa desde la primera página y que te mantiene con mucha curiosidad y expectativa por lo que pueda acontecer, y más, por la gran ambientación que nos ofrece el autor. Por una parte, Ernest nos presenta un mundo virtual muy atractivo: En pocas palabras es el sueño ideal de cualquier amante de la tecnología o de los videojuegos. Un mundo que para entrar solo requiere de un visor, unos guantes, permanecer cómodo, y en el que se puede hacer lo que sea dependiendo obviamente de los créditos de los que se disponga —dinero—. Desde visitar cientos de mundos para ganar puntos de experiencia al asesinar a otros avatars, hasta tener acceso al catálogo completo de películas, canciones, videojuegos, libros, noticias, etc., que han existido a lo largo de toda la historia. Sinceramente, el mundo virtual que presenta Ernest es tan genial, que si existiera algo así en nuestra vida real, me encantaría sumirme en él y pasar cientos de horas explorando sus mundos y contenidos. Por ello, no puedo culpar a los personajes de este libro que se la pasan tanto tiempo en Oasis, porque posiblemente con mi curiosidad y mi tendencia a la adicción a los juegos, también resultaría completamente sometido ante una creación así. Por otra parte, se nos presenta el mundo real que es horrible, sin naturaleza, con muchas especies de animales extintas, con hambrunas, pobreza, etc., por lo que naturalmente el autor hace una crítica directa a la contaminación de nuestro planeta. Claro, es una distopía y podría tomarse como «normal» crear una atmósfera lúgubre y sin esperanzas, pero no hay que intentar ocultar el sol con un dedo, es una crítica directa, fuerte y sin contemplaciones de lo que ocurrirá en el futuro si seguimos por el mismo camino de la autodestrucción. Son dos polos opuestos tan bien creados, que en un hipotético futuro tan desalentador, la decisión más normal sería huir al mundo virtual, tal y como lo hacen todos los seres de este libro. Ellos no tienen la culpa del mundo que les fue entregado, ya no tienen opciones de repararlo, ¿por qué no vivir felices en su mundo virtual?
Una de las razones por las que tardé tanto en crear esta reseña, es por el tema de los personajes. Hay momentos donde debemos enfrentar nuestros demonios internos, y reconocer nuestros errores, y aunque me sienta incómodo y con vergüenza de lo que voy a declarar, me es imposible realizar esta reseña sin reconocer que, desafortunadamente, muchos defectos que presenta el personaje principal, me hicieron recordar a mí mismo cuando tenía la edad de 18 a 23 años; esto, porque sus pensamientos y comportamientos se parecen muchísimo a la persona que fui en aquel entonces. No debería sentir vergüenza de lo que fui, pero a veces hay historias que nos gustaría dejar ocultas en el pasado y en el olvido. El personaje principal es un chico llamado Wade, que pasa demasiado tiempo en Oasis, que dedica su vida a la búsqueda del Huevo de Pascua, y que está tan, pero tan aislado del mundo, que prefiere vivir la vida virtual a la vida real. Cuando él se encuentra en la virtualidad, es como una clase de «Dios» todopoderoso y muchas personas lo admiran, pero cuando está en la vida real siente muchas inseguridades consigo mismo, le duele su soledad, se tiene poca confianza y busca refugiarse permanentemente en Oasis. Es un chico adicto a la información, que le encanta adentrarse en temas nuevos y que tiene grandes habilidades para aprender, pero que se descuida a sí mismo de una manera impresionante por lo que vive con desórdenes, inmadurez y caos en todas las áreas de su vida. El libro, Ernest lo cuenta desde las dos facetas de Wade, por lo que en algunos capítulos empatizamos completamente con él por sus estrategias y genialidades de resolver acertijos en el mundo virtual, pero cuando se habla de su vida real es inevitable no sentir pena por él. Es un personaje que odia el mundo en el que vive, es incomprendido, y que tiene la ambición de lograr los objetivos más difíciles y poco prácticos de alcanzar. Me duele escribir esto, pero sentí como si el autor se hubiera basado en mí personalidad e historia, para la creación de este personaje tan urgido de amor, compañía, o un psicólogo. Cada detalle describía más y más mi comportamiento en Internet, mi suciedad, mi degradación, mi dejadez, cada detalle era un puñal para mi alma: Mi conciencia y mente me castigaron todo el tiempo. Creo que si hubiera leído esta obra en la época en la que se publicó, mis emociones y mi autoestima habrían resultado seriamente afectadas por el impacto de conocer una historia que me describía a la perfección, pero leerlo después de vivir tantos problemas emocionales me ayuda a sentirme orgulloso de lo que superé, y es por ello que he decidido exponer esta faceta que he intentado sepultar, no puedo ocultarlo por siempre, debo ser valiente. Quizás por ello, en el fondo, intento dejar un mensaje positivo en mis reseñas, ya que algunas veces una palabra, o una voz de aliento, puede ayudarnos a salir del infierno que creamos en nuestra mente. Estoy seguro de que en este momento hay infinidad de Wade’s por el mundo, atrapados en el abismo de la confusión, la depresión y la soledad. Ellos solo necesitan un poco de ayuda, en el fondo son buenas personas.
Sobre los demás personajes debo declarar que tenían similitudes con Wade en sus comportamientos, pero el autor ha logrado diferenciarlos perfectamente por sus diálogos e ideales. Son personajes que intentan sobrevivir en aquel mundo, con fuertes lazos de amistad, buen sentido del humor y un objetivo muy claro en sus vidas. Me hubiera gustado que existieran más variedad de personajes, pero es correcto el número de personajes usados en esta historia.
Personalmente, pienso que este libro es para todo público. Lo es, porque Ready Player One presenta una combinación muy interesante entre videojuego y thriller. Si has jugado alguna vez un videojuego, y es altamente probable que lo sea, cuando leas esta obra sentirás como si estuvieras jugando un videojuego. Sí, estarás leyendo, pero a la vez tu mente se interesará por resolver los acertijos, e imaginarás que tú eres quien está reclamando los equipamientos, ítems, pruebas, etc. Normalmente tomamos un videojuego, lo jugamos, lo rescatamos y lo olvidamos, pero Ready Player One nos ayuda a ser conscientes del esfuerzo y dedicación de las personas que están detrás de la creación de nuestros videojuegos favoritos: No es tan fácil programar un buen juego y que a la vez guste. Naturalmente Ernest Cline, con este libro le agradece a los creadores de sus juegos favoritos tantas horas de entretenimiento en su infancia, y por ello usa muchísimas referencias de juegos, películas, música, etc., de la época de los 80. Y aunque inicialmente asumamos que reconocer todas esas referencias es importante, con el transcurso de la lectura descubriremos que no es así, y que de hecho la historia es bastante sencilla de entender. En mi caso, entendí muchas referencias porque me gustan los juegos retro (antiguos), ya que pienso que aquellos eran más difíciles de rescatar. También Ready Player One nos invita a explorar los videojuegos antiguos, y rescatarlos sin buscar ayudas, trucos, glitches, o tutoriales por internet: Un videojuego con tutorial, simplemente no tiene sentido jugarlo. Después de finalizar esta lectura es inevitable no sentir deseos de ir a jugar en nuestras consolas favoritas.
La prosa también es para elogiar. No creo que sea fácil escribir tantas referencias de los 80, sin llegar a irritar al lector, ni tampoco creo que sea fácil presentar una crítica hacia la virtualidad, pero a la vez deleitarnos tanto con el mundo virtual que presenta. Fue una narración estupenda que altera los estados de ánimo del lector dependiendo de la circunstancia presentada: Si el libro se centra en la cacería del Huevo de Pascua, se siente adrenalina; si se centra en los lazos afectivos de los personajes, se siente amor y simpatía; si se centra en la vida real del protagonista, se siente asco por sus hábitos. Sinceramente, no esperaba que el libro estuviera tan bien narrado, pero fue una grata sorpresa que descubrí desde las primeras páginas. Muy bien trabajado.
En resumen, Ready Player One se convierte en una de mis mejores lecturas del año, y se va directo hacia mis favoritos. Es un libro muy bien trabajado en todos sus aspectos, y el cual recomiendo sin duda alguna a cualquier lector. La calificación de cinco estrellas denota mi satisfacción, las horas de entretenimiento que viví con esta historia, y todos los sentimientos que me generó. Próximo destino, Ready Player Two.