MUY BUENA, aunque hubo algunas partes que se me hicieron un poco tediosas, en especial esas en que hablaba mucho sobre libros, y aunque el humor verde DEFINITIVAMENTE ya no está de moda (si es que alguna vez lo estuvo).
Pero a mí ME ENCANTAN las autobiografías, en especial cuando son como éstas <3
Citas que destaqué:
1. Sobre su mamá.
La labor de mi madre en la vida se puede definir con una sola palabra: "trabajo". En Rusia había sido la mayor de muchos hermanos y tenía que ocuparse de ellos, además de trabajar en la tienda de su madre. En Estados Unidos tuvo que criar a tres hijos y trabajar sin descanso en la tienda de caramelos.
Se daba perfecta cuenta de las limitaciones de su vida, de su falta de libertad. A menudo se hundía en la autocompasión y, aunque no puedo culparla por ello, frecuentemente se desahogaba conmigo. Y puesto que subrayaba que yo era parte de la culpa que tenía que soportar, me hacía sentir profundamente responsable.
Una vida tan dura hizo que tuviera un genio muy vivo y la mayoría de las veces yo pagaba los platos rotos. No niego que le diera motivos, pero me golpeaba con frecuencia y no con suavidad. Esto no quiere decir que no me quisiera con locura, porque me adoraba. Sin embargo, me hubiese gustado que lo demostrara de otra manera.
2. Sobre el semitismo y antisemitismo.
No obstante, me sorprendió que los prejuicios fueran universales, y que todos los grupos que no eran dominantes, que no estaban en lo alto de la escala social, fueran víctimas potenciales. En la Europa de los años treinta fueron los judíos los que se convirtieron en víctimas de manera espectacular, pero en Estados Unidos no eran los judíos los peor tratados. Aquí, como podía ver todo aquel que no cerrara los ojos de forma deliberada, eran los afroamericanos.
Durante dos siglos han sido esclavizados, y a pesar de que esta esclavitud se terminó formalmente, los afroamericanos han permanecido en una situación de semiesclavitud en la mayoría de los estamentos de la sociedad estadounidense. Se les ha privado de los derechos comunes, se les ha tratado con desprecio, y se les ha mantenido al margen de cualquier posibilidad de participación en lo que se llamó el sueño americano. Yo, aunque judío y además pobre, recibí una educación de primera en una universidad prestigiosa y me preguntaba cuántos norteamericanos habrían tenido una oportunidad.
Me molesta tener que denunciar el antisemitismo, a no ser que se denuncie la crueldad del hombre contra el hombre en general. Tal es la ceguera de mucha gente que he conocido, judíos, que después de condenar al antisemitismo con un tono desmesurado, pasan en un instante a hablar de los afroamericanos y, de repente, empiezan a sonar como un grupo de pequeños Hitler. Y cuando lo hago notar y me opongo con energía, se vuelven en mi contra, furiosos. Sencillamente, no se dan cuenta de lo que están haciendo.
3. Sobre las apuestas.
Desde muy joven, me di cuenta de que a mí eso no se me daba bien. Si perdía mis objetos atesorados con gran mimo, no había manera de reemplazarlos. Mi padre no iba a darme cantidades infinitas de esas chucherías y yo lo sabía bien. Solo jugaba "por diversión", o sea, juegos en los que la gloria de ganar lo era todo, pero en los que cada uno se quedaba con sus cosas. Para la mayoría de la gente, jugar por diversión no es nada divertido, así que tenía pocas oportunidades de hacerlo a mi manera.
Al recordar esto, parece bastante mezquino por mi parte que nunca quisiera apostar ninguna de mis chucherías a ninguna habilidad, pero también eso me resultó ´til. Me libró toda mi vida de la tentación de aventurarme en el juego.
Solo una vez quebranté este rígido estado de pureza. A los veintitantos años sucumbí a la tentación de "ser uno de ellos" y participé en una partida de póquier porque me aseguraron que las apuestas serían muy bajas. Más tarde, abrumado por la culpa, se lo confesé a mi padre, y le dije que había jugado al póquer por dinero.
- ¿Qué tal te fue? - me preguntó mi padre, muy tranquilo.
- Perdí quince centavos - respondí.
- Gracias a Dios - dijo -. Imagínate si los hubieses ganado.
Sabía del poder de adicción de ese vicio.
4. Jajaja.
Existe un "modelo" de carta que considero un disparate. Es el que empieza: "Sou fulano de tal de 7mo grado de la escuela tal, y mi profesor me ha pedido que escriba a un autor y le haga algunas preguntas sobre su trabajo". A continuación siguen las preguntas más triviales que pueda imaginar, siempre las mismas. ¿Cuándo empecé a escribir? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Dónde consigo mis ideas? ¿Voy a escribir una nueva obra?
Cuando empezaron a llegar las contestaba brevemente, pero cuando ya eran montones, mi enfado fue en aumento. Por todo el país hay profesores estúpidos que piden a sus alumnos que asalten a escritores ocupados y les pidan lo que, sin duda, es un trabajo escolar. ¿Qué derecho tienen? Para trabajar, solo cuento con el tiempo, es mi materia prima, y cada día que pasa mi suministro de tiempo disminuye en veinticuatro horas. ¿Debo malgastarlo contestando preguntas estúpidas de niños a los que jamás se les habría ocurrido molestarme si no hubieran sido incitados por profesores obtusos que no alcanzan a pensar mejores tareas par sus alumnos? Además, otros escritores tienen secretarias que responden a sus cartas, pero yo no.
5.
Desde muy joven, me di cuenta de que los conservadores, que están más o menos satisfechos con las cosas tal y como son, e incluso como eran hace cincuenta años, son "amantes de sí mismos". Es decir, tienen la tendencia de que les guste la gente que se parece a ellos, y recelan de los demás.
6. MI FAV.
Con frecuencia, cuando surge el tema de mis viajes, me preguntan si he visitado Israel alguna vez. No, no lo he hecho. Llegar a Israel sin subir a un avión es un asunto demasiado complicado. Tendría que ir en barco y en tren, y estoy seguro de que me llevaría más tiempo del que dispongo y sería mucho más complicado de lo que podría soportar. Por tanto, suponen que, si no voy o no puedo ir, como soy judío, debo tener el corazón destrozado, pues tengo que visitar Israel.
Pues no. En realidad no soy sionista. No creo que los judíos tengan el derecho ancestral de ocupar una tierra solo porque sus antepasados vivieron allí hace mil novecientos años. (Este tipo de razonamiento nos obligaría a entregar América del Norte y del Sur a los indios, y Australia y Nueva Zelanda a los aborígenes y maoríes). Tampoco considero válidas legalmente las promesas bíblicas hechas por Dios de que la tierra de Canaán pertenecería para siempre a los hijos de Israel (Sobre todo, porque la Biblia fue escrita por los hijos de Israel).
Cuando se fundó el Estado de Israel, en 1948, todos mis amigos judíos estaban felices; yo fui el aguafiestas. Les advertí: Estamos construyendo un gueto nosotros mismos. Estaremos rodeados por decenas de millones de musulmanes que nunca perdonarán, nunca olvidarán y nunca desaparecerán. Estaba en lo cierto, sobre todo cuando resultó que los árabes estaban asentados en la mayor parte de los abastecimientos petrolíferos del mundo. Así que las naciones del mundo, que necesitaban el petróleo, pensaron que era diplomático ser pro-árabe. (Si el tema de las reservas petrolíferas se hubiese conocido antes, estoy convencido de que Israel no se habría creado).
Pero, ¿no merecemos los judíos una patria? En realidad, creo que a ningún grupo humano le conviene pertenecer a una "patria" en el sentido habitual de la palabra. La Tierra no debería estar dividida en cientos de secciones diferentes, cada una habitada por un solo segmento autodefinido de la humanidad que considera que su propio bienestar, y su propia "seguridad nacional" están por encima de cualquier otra consideración.
Soy partidario de la diversidad cultural y me gustaría que cada grupo identificable valorara su patrimonio cultural. Por ejemplo, soy un patriota de Nueva York y si viviera en Los Ángeles, me encantaría reunirme con otros neoyorquinos expatriados y cantar Give My Regards to Broadway. No obstante, este tipo de sentimientos deben ser culturales y benignos. Estoy en contra de ello si cada grupo desprecia a los demás y aspira a destruirlos. Estoy en contra de dar armas a cada pequeño grupo autodefinido por las que reforzar su propio orgullo y prejuicios.
La Tierra se enfrenta en la actualidad a problemas medioambientales que amenazan con la inminente destrucción de la civilización y con el final del planeta como un lugar habitable. La humanidad no se puede permitir desperdiciar sus recursos financieros y emocionales en peleas interminables y sin sentido entre diversos grupos. Debe haber un sentido de lo global en el que todo el mundo se una para resolver los problemas reales a los que nos enfrentamos todos. ¿Se puede hacer esto? La pregunta equivale a: ¿puede sobrevivir la humanidad?
Por tanto, no soy sionista porque no creo en las naciones, y porque los sionistas lo único que hacen es crear una nación más para dar lugar a más conflictos. Crean su nación para tener "derechos", "exigencias" y "seguridad nacional" y para sentir que deben protegerla de sus vecinos. ¡No hay naciones! Solo existe la humanidad. Y si no llegamos a entender esto pronto, las naciones desaparecerán, porque no existirá la humanidad.