Featuring an introduction by Bruce Sterling, this collection of short fiction by Pat Cadigan won the Locus Award for best collection in 1990. The final story, "The Power and the Passion", was original to this collection. The previously published stories included here
* Eenie, Meenie, Ipsateenie * Vengeance is Yours * The Day the Martels Got the Cable * Roadside Rescue * Rock On * Heal * Another One Hits the Road * My Brother's Keeper * Pretty Boy Crossover * Two * Angel * It Was the Heat * The Power and the Passion
Pat Cadigan is an American-born science fiction author, who broke through as a major writer as part of the cyberpunk movement. Her early novels and stories all shared a common theme, exploring the relationship between the human mind and technology.
Her first novel, Mindplayers, introduced what became a common theme to all her works. Her stories blurred the line between reality and perception by making the human mind a real and explorable place. Her second novel, Synners, expanded upon the same theme, and featured a future where direct access to the mind via technology was in fact possible.
She has won a number of awards, including the prestigious Arthur C. Clarke Award twice,in 1992, and 1995 for her novels Synners and Fools.
She currently lives in London, England with her family.
Como la mayoría de la gente, conocí a Pat Cadigan a través del cuento "Rock On" (traducido como "Seguir rockeando"), que aparece en la antología Mirrorshades, editada por Bruce Sterling. Traducida al español en 1998 por la editorial Siruela, esta antología fue la carta de presentación del cyberpunk, más allá de la obra de William Gibson y el propio Sterling. Cadigan es la única mujer presente en esta antología, y en general, en la primera etapa de esta corriente/movimiento/etiqueta editorial, razón por la que se le llegó a denominar la "reina" del cyberpunk, una idea fuertemente criticada por las lecturas feministas que se han hecho posteriormente de las obras reunidas bajo esta etiqueta a lo largo de los años ochenta.
Como afirma Carlen Lavigne, Hizo falta esperar a la década de los noventa (y luego, a las primeras décadas del siglo XXI), para que autoras como Lisa Mason, Marge Piercy o Melissa Scott, entre otras, se apropiaran los temas y la estética cyberpunk, expandiendo algunos de los aportes de Cadigan e introduciendo nuevas particularidades a una corriente que al principio parecía tan conservadora en cuanto a la representación de las voces femeninas como la tradición de la ciencia ficción frente a la cual pretendía posicionarse como una renovación.
No obstante, la obra de Pat Cadigan continuó desarrollándose bajo la sombra de este movimiento, y sus primeras novelas nos confrontan con sociedades hipertecnológicas donde las mentes se conectan a través de redes e interfaces, en una suerte de telepatía digital que marca la novelística de esta autora. Una de esas novelas, Synners, es un desarrollo del cuento incluido en Mirrorshades, en donde se introduce a estos individuos que, como Gina, la protagonista de "Seguir Rockeando", tienen la capacidad de "sintetizar" con su mente la música y el espectáculo de una banda de rock, conectando a los espectadores con un flujo de imágenes y sonidos producidos y emitidos directamente por su consciencia.
Paralelamente, la obra cuentística de Cadigan siguió desarrollándose también de manera prolífica, y en su narrativa breve es donde encontramos mayor libertad y diversidad temática. Desafortunadamente, Cadigan ha sido poco traducida, y lo poco que se conseguía en español (hasta donde he podido averiguar), durante mucho tiempo, además de Rock On, era el cuento "Ángel", incluido en la compilación de los premios Nébula de 1987; y el relato "Fue el calor", en la antología de terror "Escalofríos en el trópico". Por eso la traducción al español de la compilación de relatos Patterns, propuesta por la editorial argentina Cántaro bajo el título MATRICES, vino a llenar un vacío y a abrir una puerta a los lectores hispanohablantes a la obra de esta escritora norteamericana, en la que podemos empezar a internarnos con una curiosidad que será recompensada.
Para empezar, hay que decir que los cuentos antes mencionados están incluidos en este volumen, en la nueva traducción de Elvio Gandolfo, que contribuye a redescubrir estos tres relatos, pero también a cotejar las traducciones existentes e identificar sus ventajas y sus limitaciones. Pero hablemos del conjunto de relatos de esta antología.
Lo primero que hay que decir es que para los lectores de "Seguir rockeando", o para todos aquellos que lleguen a esta antología con las convenciones de lectura del cyberpunk, será una sorpresa desconcertante el encontrarse con que no son muchos los cuentos que pueden satisfacer esa expectativa: el otro cuento abiertamente cyberpunk de MATRICES es, tal vez, "El cruce de chico lindo" (Pretty Boy Crossover), que tiene que ver con la posibilidad de convertir a una persona en una pura presencia virtual en las pantallas de clubes y canales de música, en un homenaje/parodia a la edad de oro de MTV. Por supuesto, muchos otros relatos comparten esa estética callejera y esa sintonía con la cultura popular, esa capacidad para representar la marginalidad, más cercana tal vez al "punk" que al "cyber". De hecho, si hay una presencia tecnológica en MATRICES, es más la de los medios analógicos de la televisión y el vídeo que la de la informática o las redes digitales.
Efectivamente, el cuento que le da título a la antología tiene menos que ver con la "Matrix" de las Wachowski, que con la red inestable de puntos aleatorios de la pantalla analógica de televisión que le sirvió a Gibson para abrir su novela Neuromante, con una de las mejores metáforas tecnológicas de la ciencia ficción de las últimas décadas. Así mismo, el cuento "El día en que los Martel consiguieron el cable" se puede leer como una anticipación feminista de The Cable Guy, la película de Ben Stiller donde Jim Carrey representaba a un psicópata instalador de televisión por suscripción que parece sacado de Brazil, la distopía de Terry Gilliam. Y aunque este es un cuento casi "realista" con visos de terror cotidiano, nuevamente es la televisión el dispositivo tecnológico que se convierte en el foco del extrañamiento. Por eso también es un acierto editorial la imagen de la portada: un televisor retrofuturista, otro fantasma semiótico gibsoniano.
De cualquier modo, leer a Pat Cadigan solo desde las convenciones del cyberpunk es perderse la riqueza que ofrece su escritura. Pues en estos cuentos, la escritora se mueve de manera libre y versátil por temas y atmósferas de todo tipo: desde temas clásicos en la tradición de la fantasía y la ciencia ficción como los extraterrestres en la tierra ("Ángel", "Rescate en la ruta") y la telepatía (sin interfaces: el relato "Dos" y, nuevamente, "Ángel"), hasta el vampirismo (sugerido y probablemente también alienígena del cuento "El guardián de mi hermano" o más literal -y literario- de "El poder y la pasión"). Así mismo, hay cuentos en clave realista donde el extrañamiento (o el horror) provienen de la construcción de una cotidianidad asfixiante, como el ya mencionado "El día en que los Martel consiguieron el cable", y, sobre todo, "Ini mini ipsatini", uno de mis favoritos, y que podría estar incluido en una antología de la mejor narrativa breve contemporánea, a secas.
Pero esta capacidad de escritura también está en sus cuentos fantásticos: "El guardián de mi hermano", además de un relato de vampiros, es casi una etnografía de los yonquis perdidos en los pueblos remotos de la Norteamérica profunda. Así como "Ángel", además de un cuento sobre extraterrestres confinados en la tierra, es un hermoso cuento proto-queer, que cuestiona cualquier forma de binarismo de género.
Y esto me hace pensar que, de hecho, ubicar a Cadigan exclusivamente en el marco de las claves de género (ahora en sentido literario), sean estas asociadas a la ciencia ficción, a la fantasía o al terror, ha ocasionado que un público más amplio se pierda la riqueza de su escritura, tan llena de humor y versatilidad (véase también el cuento "Otro que toma el camino", una especie de distopía deportiva que convierte la cultura del jogging compulsivo en metáfora, aunque todavía no sé si de alienación o de liberación). Por eso es de agradecer esta traducción que nos ofrece Cántaro, ¡y que ya va ha cumplir 15 años!, por permitirnos redescubrir en castellano a esta gran escritora.
La mayoría de mis libros los compre por allá en el 2018 en la feria del libro. Motivado en su totalidad por la curiosidad pura y también movilizado por lo ajustado de mi billetera es que fui a comprar las ofertas y entre tantos libros es que me encontré con "Patterns" (o Matrices, su título en español). Hasta el momento de su lectura, por falta de costumbre, estaba acostumbrado a llamar cuentos a aquellos relatos fantásticos donde reinaban hombres que gozaban de aventuras y proezas que demostraban su valentía. Fue una grata sorpresa acercarme a los cuentos de Pat Cadigan desde una perspectiva un poco más realista o más enfocado a una situación cotidiana. Muchos cuentos me costaron entenderlos y otros los disfruté de una manera indescriptible. Algunos estuvieron al nivel de un capitulo de "Black Mirror" como para que se den una idea. ¿Lo recomiendo? Totalmente.