Samanta Schweblin probablemente sea la escritora argentina del momento. Antes de este, había leído Distancia de rescate, novela corta que me sirvió para descubrir qué clase de autora estaba leyendo. Como aquel me gustó mucho, no podía postergar más la lectura de sus cuentos, de los cuales había leído numerosas críticas favorables rondando por todos lados. Ahora, con el libro ya acabado, puedo decir que Schweblin no solo es una escritora ambiciosa e imaginativa, sino que es un experta en el manejo de la psicología humana. Estos relatos, la gran mayoría breves, me dejaron perplejo. Hacía mucho tiempo que no me topaba con una antología tan bien elaborada, mostrando en cada oración una calidad que casi no varía. Es muy difícil decir cuáles de sus cuentos no me gustaron, puesto que todos tuvieron algo especial para darme, con una manipulación del absurdo y el humor que, como diría Wallace, «me erizaron el vello de partes del cuerpo que no tienen vello».
A pesar de que todos me encantaron, puedo hacer un injusto filtro y mencionar mis favoritos:
«Perdiendo velocidad»: El más corto de la antología pero no por eso menos valioso. Con una utilización notable de la fantasía y el realismo, su poca extensión la considero clave para lograr el efecto apropiado.
«Cabezas contra el asfalto»: Mi favorito. Pocas veces me reí tanto leyendo un cuento. Además, considero que es el que está mejor escrito de este libro. Extraordinario de principio a fin. Solo léanlo para saber a qué me refiero.
«Hacia la alegre civilización»: Al principio no lo venía entendiendo; no sabía a qué iba y me resultaba un tanto aburrido. No obstante, a partir de la segunda mitad Schweblin empezó a darme respuestas y hacia el final ya lo estaba disfrutando al máximo. Su inicio lento valió muchísimo la pena.
«La pesada valija de Benavídes»: Absurdo a más no poder. Este, en mi opinión, trata un tema tan delicado como el límite del arte, así como también qué tan por encima este se encuentra de la moral, la ética y la ley. Divertido y perturbador.
«Mi hermano Walter»: Otro relato muy corto. Este, al igual que otros, me gustó mucho debido a que se centra en la incertidumbre, en la falta de respuestas, lo que lleva al lector a aceptar las cosas como son y disfrutar del sinsentido. Como todos, también tiene su punta de humor.
«Papá Noel duerme en casa»: Diría que es mi segundo favorito. Deprimente, gracioso e innovador. Este cuento es una joya desde su inicio hasta su conclusión, con un uso muy maduro de los tiempos y una exposición grandiosa de tragicomedia. Brillante e inolvidable.
Sin embargo, como ya dije, todos los relatos de Pájaros en la boca son muy buenos. Quizá el que menos me gustó fue «Matar a un perro», pero hasta ese tiene algo interesante que lo hace también imperdible. Así que, si están buscando una buena antología, sin lugar a dudas esta es la que andan necesitando. Volveré pronto a Schweblin. Esto lo quiero volver a sentir.