"Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo"
La historia la escriben los vencedores, frase que en ocasiones he visto atribuida desde George Orwell hasta Winston Churchill, pero quién la dijo no es lo importante, lo que vale es lo verídico de la frase, y por más trillada que esté, no deja de ser una verdad absoluta… pero siempre hay otras historias detrás, tantas como personas involucradas, que tienen su propia percepción de lo ocurrido: los que pierden, y los que observan callados. ¿Y la verdad? Se encuentra en algún lugar entre una cosa y la otra, imposible de definir.
Mi asignatura favorita en la escuela siempre fue Historia de Cuba, desde pequeña era lo que más se asemejaba a mi pasión por el chisme los cuentos. Lo que más estimulaba mi creatividad e imaginación era reproducir estas historias en mi mente, admiraba a esos hombres que eran capaces de arriesgar sus vidas por algo mayor que ellos, un ideal: Antonio Maceo, el Titán de Bronce, hombre intransigente, o Julio Antonio Mella, líder estudiantil capaz de enfrentarse de tú a tú a un dictador, y por supuesto, el Líder Histórico Fidel Castro, capaz de liderar una Revolución, envidiada y admirada en el mundo entero.
Cuando uno va creciendo entiende que las cosas no siempre suceden como te las cuentan, y que los hechos, tanto como las personas no se miden en blancos y negros, sino que están llenos de matices. Crecer y darse cuenta que has vivido en una mentira, no es fácil, pero a mi me gustaba más mis fantasías infantiles de David venciendo a Goliath. Mi pequeña islita solidaria y socialista resistiendo los embates de un país agresivo y capitalista.
No nos vamos a engañar, Cuba es una réplica mal hecha de la Unión Soviética, tal pareciera que George Orwell estuviera referenciando proféticamente la Revolución Cubana en 1984 (el libro fue escrito en 1945 y la Revolución triunfó en 1959) o que los libros que he leído sobre la época más convulsa de la URSS, ante el inminente derrumbe del campo socialista estuvieran escritos por un cubano de estos tiempos. Y si es una copia, una burda copia , entonces ¿por qué se cayó el campo socialista soviético y la Revolución Cubana sigue en pie? Pues muy fácil, por ÉL, que aún a casi 10 años de su muerte, sigue siendo venerado y querido por millones de personas en el mundo.
Que figura tan extraordinaria es Fidel, logró mantener un país entero bajo su manto con su labia infinita y poder de convencimiento superior. Incluso sus más acérrimos detractores tienen que reconocer la grandeza de su persona, es imposible negarlo. Supo convertir la isla en un paraíso perfecto, donde el control y las limitaciones del pueblo eran inversamente proporcionales a su estilo de vida. Poco se sabía de su vida privada, la cual sabía muy bien llevar en el máximo secreto, aunque este libro arroja un poco de luz a sus costumbres y manías.
Contrariamente a lo que siempre ha dicho, Fidel no ha renunciado en modo alguno al confort capitalista ni ha optado por vivir en la austeridad. Al revés, su modo de vida se asemeja al de un capitalista sin limitaciones de ninguna clase. Jamás ha considerado que sus discursos sobre el modo de vida austero propio de todo buen revolucionario fueran vinculantes en lo tocante a su persona.
Escrito por Juan Reinaldo Sánchez, persona increíblemente cercana al Comandante, y guardaespaldas suyo por muchísimos años, el autor nos adentra un poco en la vida de Fidel, el hombre, para que podamos entender un poquito más lo que existía detrás de la fachada de deidad intocable y correcta que ocultaba un hombre prepotente e inseguro: resulta absolutamente imposible contradecirlo en lo que sea. Tratar de convencerlo de que se equivoca, de que yerra el camino o de que cabría modificar, siquiera ligeramente, alguno de sus proyectos aportando una mejora constituye un error fatal para el que lo comete. A partir de ese momento, Fidel deja de ver en su interlocutor a una persona inteligente. Lo mejor para vivir a su lado es aceptar todo lo que dice y emprende.
Cabe destacar que el autor no es escritor, en cuanto a prosa, se torna por momentos repetitivos, y hay ideas que se quedan a medias sin concretar el punto, tampoco cuenta demasiadas cosas escandalosas, que no fuera uno capaz de imaginar, pero fue una lectura interesante, que lejos de otra cosa, lo que consiguió fue dejarme con deseos de saber más del Comandante.