Mientras las princesas duermen de Elizabeth Blackwell hace referencia al cuento de hadas de La Bella Durmiente desde el punto de vista pragmático de Elise, primera acompañante de la reina Leonor, madre de Rose, también conocida como Aurora o la Bella Durmiente. La voz narrativa de Elise es hasta cierto punto competente, sin embargo, hubo momentos en los que creía leer desde la perspectiva de una adolescente. Por desgracia, a pesar de que el tecnicismo en la prosa está bien empleado, la autora economiza en las emociones, incluso cuando el personaje principal se enamora, por lo que contamina la historia con demasiada eficiencia, dejando al lector anhelando la magia de la historia que desde niños todos hemos adorado en La Bella Durmiente. Aunque el final se desvanece en una especie algo precaria de un "felices para siempre", la sensación general de satisfacción que un lector debe cosechar al dedicar tiempo a una novela de este calibre, se pierde en los sentimientos adustos que equivalen a nada más que el deseo de llegar a la última página y llegar a una mejor lectura en la forma de otro libro.
Supongo que un análisis del cuento de hadas real con todas sus implicaciones sexuales y psicológicas retiradas podría dar lugar a la existencia histórica de un reino medieval, como la representada en esta novela, bajo la amenaza constante de asedio y con los peligros añadidos de la enfermedad (como la peste bubónica). Y como es de esperar, para una niña como Elise con escasos recursos y una familia diezmada por la peste, termine buscando empleo en el Palacio Real donde deberá encontrar una manera de sobrevivir con los valores intactos de un país, pero tal vez, transformado por la ambición que descubre como una parte muy importante de su naturaleza. El personaje resultante se eleva a una posición de influencia que recuerda a las protagonistas típicas de Victoria Holt.
El resto de los personajes de Blackwell son demasiado evidentes en sus personalidades. Quizás el más decepcionante de todos sea el de la malvada Millicent, la bruja Maléfica. Blackwell retrata a esta bruja como una inconforme feminista enojada porque no heredó el trono de su padre y por lo tanto está desesperada por influenciar en su sobrino, el rey. Su ira estalla junto con la pérdida del favor y como en la historia original, todo termina en maldiciones y destierros que se arremolinan alrededor de adivinanzas sobre ruecas y pinchazos de agujas. Debo decir que no fue un personaje creíble y le hizo flaco favor a la historia.
Tengo que confesar además, que me tomó mucho esfuerzo en terminar este libro. Realmente aunque la escritura era eficiente no me enganchó en ningún momento. Tenía que obligarme a retomar la lectura una y otra vez, y eso no es un síntoma de satisfacción.
El mayor problema de esta novela es el ritmo. Lento y confuso dejando la sensación de que había constantemente piezas de la historia que se arrastraban con peso de plomo. Otro punto negativo fue el recurrente tema del presagio. Parecía que casi cada página tenía una línea como la siguiente: "Si tan sólo lo supiéramos…” o “entonces lo que esto realmente significa es…”. Así todo el tiempo, cayendo en una redundancia que no ayudó en nada en el disfrute de la lectura. Hubo muy poco desarrollo en el personaje de Rose. Esta no fue su historia hasta casi el final, en la que apenas se le reconocía. La catalogaría como una fuerza impulsora detrás de otros hilos de la trama, por lo que esta novela fue realmente la historia de Elise. Y por último el final fue demasiado apresurado, después de tanto sondeo y redondeo de las cuestiones que edificaron la trama no quedó bien desarrollado.
Sin más, una novela histórica de ficción que aunque bien escrita, he de ser sincera y confesar que no me ha gustado. El concepto es genuino y tenía mucho potencial, pero al final lo acabé porque quería terminarlo de una vez, no porque lo disfrutara