Decepción absoluta, pero no por eso dejaré de leer la saga.
¿Recuerdan esas películas donde recrean la clásica escena de un avión cayendo precipitadamente y sin control? Seguro las recuerdan. En aquellas películas, normalmente, si los protagonistas están en peligro, ellos son los que logran recuperar el control justo cuando se va a estrellar el avión. Sí, a veces para que la escena sea más vistosa el avión se despedaza explotando en el suelo, y entonces los sobrevivientes descienden lentamente en su paracaídas. Pues bien, si este libro fuera un avión, estoy seguro que hubiera tenido una terrible falla mecánica, aunque no estoy seguro si el destino final sería el aterrizaje o la colisión.
Una tremenda decepción ha sido el quinto volumen de esta saga. Sí, tenía expectativas, pero este libro fue adaptado muy bien en la serie de Netflix, estaba esperando por tanto un buen volumen, no podía esperar otra cosa. Esperaba un buen desarrollo de Carmelita Polainas, personaje antagonista muy importante, pero aquí tuvo un rol muy discreto: solo la nombraron brevemente; esperaba que la presentación de los trillizos Quagmire fuera quizás más dramática, todo el tiempo parecieron tranquilos a pesar de su pasado reciente; esperaba escenas graciosas con relación a Sunny Baudelaire, la bebé, pero nada sobre ella esta vez tuvo gracia, fue todo muy simple. Podría resumirse este libro, estás 224 páginas, como una forma larga de presentar a los trillizos Quagmire, porque sí, también son importantes en la saga, pero siento que todo lo demás es completamente irrelevante. ¿De qué sirvió todo el esfuerzo de los Baudelaire? ¿De qué sirvió todo lo que tuvieron que vivir? Para nada, al final todo lo que hicieron allí no sirvió para nada. De momento, es el tomo que menos me ha gustado.
La prosa continúa siendo increíble, eso sí debo reconocerlo, aunque esta vez se redujeron las metáforas, las explicaciones divertidas de frases y palabras, y también las conversaciones satíricas. Mi única queja que tengo con la prosa, es que como la estructura de esta saga busca siempre expresar los sentimientos y pensamientos de los huérfanos Baudelaire —todo de forma consecutiva, pero separando la información por párrafos— esta vez ese detalle se convirtió en un aspecto tedioso de la lectura, ya que también se vieron sumados los de los Quagmire, por lo que repetidamente aparecían secciones como «Violet pensó..., Klaus pensó..., Sunny pensó..., Isadora pensó..., Duncan pensó...». Eso me ha parecido excesivo y molesto para ser honesto. No obstante, respecto a la prosa no tengo más quejas, el autor sabe escribir muy bien, y no por nada estoy a punto de comenzar el sexto volumen de la saga.
La lógica de la historia fue similar a la del segundo volumen, La habitación de los reptiles. Fue una lógica que deja mucho que pensar por la candidez e ingenuidad con la que se resuelven algunas situaciones. Sí, obvio, es una saga orientada a jóvenes, adolescentes y niños, pero si el cuarto volumen fue tan bueno en un aspecto tan importante como este, ¿por qué no pudo haber continuado la lógica de igual manera? Es algo que no entiendo. Es como si en una carrera de automovilismo un piloto estuviera a punto de ser el vencedor del campeonato, y repentinamente en la última vuelta decidiera bajarse del auto para tomarse una selfie, y luego volviera a pilotar y terminara en último lugar: No tiene sentido, no lo tiene.
Pero, incuestionablemente, el disgusto más grande que tengo con este libro es por culpa de los trillizos Quagmire. Fueron tan cordiales y amistosos con los Baudelaire, que llega un punto en que tanta camaradería se vuelve cursi. Tanta amabilidad y simpatía me resultó hartando. No es que no me gusten las amistades y demás, pero en este libro lo que uno busca es reírse de las desgracias que les suceden a los Baudelaire, y justamente por culpa de los Quagmire ese factor tan especial se reduce drásticamente en esta oportunidad. Pienso que por culpa de ellos este volumen no fue tan divertido. En los anteriores volúmenes ellos tenían la esperanza de que algo iba a salir bien, y entonces los aplastaba la realidad y el destino, e irónicamente eso hacia graciosa la historia; pero aquí, los Quagmire siempre los escuchan, son buenos amigos con ellos, los ayudan, etc., y todo eso transforma la historia negativamente volviéndola un poco majadera.
No obstante, a pesar de la tremenda decepción, y de mis múltiples disgustos, estoy seguro que en el siguiente volumen todo mejorará, y más teniendo en cuenta la joyita de personaje que está por aparecer: Obviamente, deduzco esto basándome en lo que observé de la serie de Netflix. Sexto libro, allá voy.
Próximo destino, El ascensor artificioso.