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Was it the fortune hunter, the gambler, the servant, or the rogue? All of London is abuzz with speculation, but it is clear that one of four couples is connected to the crime.
Lady Whistledown's Society Papers, May 1816
Julia Quinn enchants: A dashing fortune hunter is captivated by the Season's most desired debutante...and must prove he is out to steal the lady's heart, not her dowry.
Suzanne Enoch tantalizes: An innocent miss who has spent her life scrupulously avoiding scandal is suddenly—and secretly—courted by London's most notorious rogue.
Karen Hawkins seduces: A roving viscount comes home to rekindle the passionate fires of his marriage... only to discover that his beautiful, headstrong bride will not be so easily won.
Mia Ryan delights: A lovely, free-spirited servant is dazzled by the romantic attentions of a charming earl... sparking a scandalous affair that could ruin them both.
You'll hear it first from Lady Whistledown
480 pages, Mass Market Paperback
First published January 1, 2004







«Y comprendió —en ese momento por fin, porque dos días antes era un suposición— que estaba enamorada de él. Era una sensación maravillosa y sorprendente, y se había convertido, de forma espectacular, en parte de ella. Quienquiera que hubiera sido antes, en ese momento era otra persona distinta. No existía por él y tampoco existía porque él lo hacía, pero de alguna manera Peter se había convertido en un trocito de su alma, y sabía que nunca volvería a ser la misma.»
«Lo peor de todo era que la persona con la que no podía relacionarse de ninguna de las maneras era Tillie. Se la conocía como la heredera más rica de la temporada social, y su belleza y su chispeante personalidad la convertían en objeto de deseo. Era difícil que alguien la cortejase sin que lo tacharan de cazafortunas, y si lo veían con ella, jamás se libraría de esa mancha en su honor.»
«Aunque tenía una imaginación portentosa, sabía, por supuesto, que su príncipe azul no aparecería de repente a lo largo de las dos próximas semanas. Al fin y al cabo, había tenido treinta años para encontrarla y no lo había hecho.
Claro que a lo mejor podría encontrar a alguien que, por lo menos, la besara.»
«¡Qué bonito! Un beso lo había cambiado para siempre y a la mujer que había inspirado dicho cambio le había importado un bledo.»
«El conde era guapísimo, y lo más que podría acercarse a él era si lo miraba embobada por la ventana y sé cruzaba con él de camino a un mesa de refrigerios en una fiesta. Los héroes de guerra solteros y guapos no tenían cabida en el hogar de los Birling. ¡No quisiera Dios que alguno le guiñara un ojo y provocara un escándalo!»
«¡Qué barbaridad, si hasta pensaban igual! Mientras luchaba contra la oleada de pánico, Charlotte se obligo a sonreír y se apresuró a entrar por la puerta de la tienda más cercana. Era tan aburrida como lord Herbert. ¿Sus amigas, que siempre tenían historias emocionantes que contar aunque ya no acaba de creérselas, la creían tan insípida como ella veía su pretendiente?»
«Eso era, se dio cuenta de repente mientras el asombro lo inundaba. Eso era lo que lo había atraído de Sophia desde la primera vez que se vieron: su pasión. Y no solo por él, sino por todo lo que ella consideraba que era lo correcto, por todo lo que valoraba. Su alma tenía color; un color y unas texturas que hacían que su corazón vibrara en respuesta. Lo más irónico de todo era que lo que lo había atraído de Sophía, lo que lo había hechizado por completo, fue precisamente lo que acabo conduciendo a su separación. Su apasionada lealtad la llevo apoyara su hermana Richard a expensas de su propio marido»
«No sabía porque era tan importante demostrar su certeza; tal vez fuera para pagar una deuda que había vencido hacía mucho. Sí, de eso se trataba: un intento de compensar a Max por la indecisión que demostró tantos años antes. Y estaba decidida a tener éxito»
«Deseaba amarlo tal y como lo amó otro tiempo: abiertamente, sin medida, sin que las dudas y el temor estuvieran al acecho. Pero ¿cómo hacerlo? Con independencia de lo que sintiera por Max, esos sentimientos eran peligrosos para su paz mental. Estar con él la desnudaba, la hacía vulnerable de un modo que nos había permitido desde que... En fin, desde que lo amo la primera vez»
«Sophia cerro los ojos. ¿Arreglar su matrimonio? ¿Como si fuera la red de un rota de un carruaje? ¿El volante roto de uno de sus vestidos? No, no lo creía posible. Podrían mitigar su rabia y amargura hablando, y tal vez aprender a aceptar los defectos del otro. Pero ¿arreglar su corazón? Mucho se temía que jamás podría recuperarse. Incluso allí, en ese preciso instante, el sabor de la tristeza hacía que se contuviera; la mantenía separada de él.»