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Kallocain

This is a novel of the future, profoundly sinister in its vision of a drab terror. Ironic and detached, the author shows us the totalitarian World-state through the eyes of a product of that state, scientist Leo Kall. Kall has invented a drug, kallocain, which denies the privacy of thought and is the final step towards the transmutation of the individual human being into a "happy, healthy cell in the state organism." For, says Leo, "from thoughts and feelings, words and actions are born. How then could these thoughts and feelings belong to the individual? Doesn't the whole fellow-soldier belong to the state? To whom should his thoughts and feelings belong then, if not to the state?"
As the first-person record of Leo Kall, scientist, fellow-soldier too late disillusioned to undo his previous actions, Kallocain achieves a chilling power and veracity that place it among the finest novels to emerge from the strife-torn Europe of the twentieth century.

193 pages, Paperback

First published January 1, 1940

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About the author

Karin Boye

99 books274 followers
Karin Boye was a Swedish poet and novelist.

She is perhaps most famous for her poems, of which the most well-known ought to be "Yes, of course it hurts" (Swedish: "Ja visst gör det ont") and "In motion" (Swedish: "I rörelse"). She also wrote a few novels including "Kallocain". Inspired by the rise of National Socialism in Germany, it was a portrayal of a dystopian society in the vein of Orwell's Nineteen Eighty-Four and Huxley's Brave New World (though written almost a decade before Nineteen Eighty-Four). In the novel, an idealistic scientist named Leo Kall invents Kallocain, a kind of truth serum.

Boye died in an apparent suicide when swallowing sleeping-pills after leaving home on April 23, 1941.

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Community Reviews

5 stars
3,750 (19%)
4 stars
8,298 (43%)
3 stars
5,393 (28%)
2 stars
1,347 (7%)
1 star
302 (1%)
Displaying 1 - 30 of 63 reviews
Profile Image for Javi.
179 reviews61 followers
July 31, 2017
¿Qué hace diferente a esta distopía de las demás? En primer lugar: que es poco conocida; en segundo: que fue escrita en 1940 por una mujer, motivo por el cual puede que se dé el punto anterior. Leyendo este libro, si no sabes la fecha de publicación ni lees el prólogo (en el que se comenta este punto) puedes pensar fácilmente: ¡la leche, otra burda copia de 1984! Pero nada más lejos… Muchas escenas que se cuentan aquí, en cierta manera, también se cuentan en 1984, pero lamentablemente el padre de las distopías es de sobra conocido por todo el mundo y, en cambio, la madre de las distopías pues… eso.

El libro es muy bueno, y le da un aire fresco a las demás distopías en las que siempre hay un individuo en contra del poder y permanecen así durante toda la novela; aquí, en personaje protagonista, empieza siendo una mente adoctrinada completamente sometida al Estado del Mundo, pero que poco a poco va viendo la luz y empieza a cuestionarse sus ideas y las creencias que pensaba correctas hasta entonces.

Si te apetece leer una reseña más extensa sobre este libro puedes echarle un ojo a mi blog Entre píxeles y páginas. ¡Gracias por tu visita!
Profile Image for Laura.
388 reviews109 followers
February 25, 2025
4'5*

Me resulta totalmente incomprensible (la verdad es que no, teniendo en cuenta que fue escrita por una mujer) que esta novela no se meta en esa lista de grandes distopías clásicas. Es buenísima, y si lo vemos con retrospectiva, una propuesta diferente y original por el hecho de que el protagonista esté totalmente alineado con el sistema autoritario (y por ende lo odies muchísimo). Me ha encantado también cómo está escrito, las reflexiones, el diálogo final de la mujer del protagonista, el epílogo... Muy recomendado.
Profile Image for Nicolás.
112 reviews84 followers
May 15, 2025
Distopía previa al 1984 de Orwell, sobre la cual éste sin duda se inspiró.

Pero en este caso la historia es contanda por un ciudadano plenamente servil con el régimen totalitario.

Él complace dichoso en ceder toda su sociabilidad e individualidad para ser una tuerca más de un tanque inmenso que a la vez es Dios y organismo vivo.

Millones de seres humanos concebidos para nada más que ser una célula de un mega-animal.

Por su puesto, la naturaleza humana subsiste en muchos disidentes internos o rebeldes externos que el Estado tratará de aplastar mediante todo clase de medios: cámaras ocultas, programaciones conductuales, censuras artísticas, literarias y políticas.

Medios a los que se sumará precisamente el que da nombre a la novela: una especie de suero de la verdad el que permitirá derribar el último dique de dignidad humana que quedaba: la privacidad de la mente.

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Una idea para meditar luego de leerla: "siempre hay un animal más grande".
Profile Image for Dua.
430 reviews62 followers
November 26, 2025
En esta novela, seguimos a Leo Kall, científico en un mundo distópico controlado por un estado policial totalitario. Crea una especie de suero de la verdad al que denomina Kallocaína, con el cual se podrán perseguir delitos mentales. Con esta sinopsis, pensé que me iba a encantar, pero no fue así.

Es una novela sin capítulos y en la que estamos todo el rato en la mente de nuestro no muy agradable protagonista. El resto de personajes apenas tienen importancia, ni que decir de desarrollo.

Creo que lo que más me ha fallado ha sido que el mundo no está bien desarrollado, al contrario que novelas como 1984 donde conocemos las jerarquías, a que se dedica cada persona y como funciona en sí todo el sistema totalitario, además de como se lo cuestiona el protagonista. En este libro, no es así, no sabemos nada, se centra en la creación del suero y en como lo prueban con personas. Eso es todo. Me ha dejado muy insatisfecha.
Profile Image for Eva.
9 reviews8 followers
February 23, 2018
Muy, muy a tope con esto.
Profile Image for Daniela.
146 reviews78 followers
May 17, 2026
Kallocaína, escrita por la autora sueca Karin Boye, forma parte de esas primeras novelas de ciencia ficción distópica del siglo XX. Publicada en 1940, se ubica en diálogo con We, Un mundo feliz, 1984 y Fahrenheit 451, compartiendo con ellas la idea del Estado policial y la vigilancia permanente, aunque con un enfoque propio.

En Kallocaína, Leo Kall, un científico y técnico insignificante pero absolutamente fiel al sistema, crea una droga de la verdad que permite al Estado saber hasta el último resquicio del ser humano: no solo sus actos, sino también lo que piensa y siente. Una vez que la droga entra en manos del Estado Mundial, ya nada escapa a su poder; cualquier pensamiento íntimo puede delatarte y condenarte.

La historia está escrita como el diario personal de Kall, redactado desde prisión. Desde el comienzo se presenta como un personaje neurótico, paranoico, cobarde y profundamente alienado: un científico del sistema y para el sistema, sin demasiada empatía por los demás. Su ambición y su lealtad al Estado lo vuelven especialmente inquietante, porque no actúa por convicción ética sino por deseo de ascender y de ser reconocido.

Uno de los aspectos más interesantes es su relación con Rissen, su superior. Kall siente hacia él una mezcla de aversión, celos y obsesión que por momentos roza lo homoerótico. Rissen, en contraste, aparece como un personaje mucho más lúcido: incluso filtrado por la mirada deformada de Kall, deja entrever cuestionamientos al sistema y, sobre todo, a la existencia misma de la kallocaína y sus consecuencias para la sociedad. No es hasta el tramo final que personajes, que habían permanecido en silencio o en aparente autocontrol, empiezan a hablar y a resquebrajar el discurso oficial:

“¿No es extraño que todo, incluso la verdad, pierda su valor en cuanto deja de ser un regalo? No, claro, ustedes no han reparado en eso, porque entonces tomarían conciencia de que se han quedado sin recursos, de que están despojados hasta el esqueleto mismo, y ¿quien es capaz de soportar verse así?”

Y también deja una reflexión inquietante sobre el lugar de las mujeres en un Estado totalitario, reducidas casi a máquinas de reproducción:

“Puede que llegue el día, me decía yo, en que quede claro que las mujeres somos superfluas, el día en que sea posible conservar los óvulos y arrojar el resto. Entonces podrán llenar el Estado de hombres y no será preciso correr con los gastos de alimentación y formación de las muchachas. Cierto es que a veces puede producir una sensación de extraño vacío saber que uno no es más que un almacén, necesario hasta nueva orden, pero demasiado costoso…”

Ese fragmento muestra algo muy interesante: cómo incluso en una distopía centrada en el control político, Boye alcanza a cuestionar el lugar instrumental que se le asigna a las mujeres dentro del sistema.

Me gustó y tiene ideas muy valiosas, aunque no está entre mis favoritas del género. En parte porque sus personajes son difíciles de querer: la mayoría son antipáticos y profundamente moldeados por el Estado, y el proceso por el cual su fidelidad comienza a resquebrajarse es deliberadamente lento. Aun así, es una novela muy recomendable, especialmente en un momento en que resurgen discursos autoritarios y fascistas, formas de vigilancia masiva y nuevas tecnologías de control ligadas a la big data y sistemas de IA. Su vigencia da bastante escalofrío.
Profile Image for La gata lectora.
484 reviews361 followers
May 14, 2024
Hacía mucho que no leía una distopía que no cojease o bien por la historia o bien por no ahondar mucho en lo político y social.

Pero esta… ¡tremenda! Me ha enganchado de principio a fin con ese ambiente de tensión que va creciendo, la evolución del personaje principal y las reflexiones que van surgiendo en relación con otros personajes.

Un estado totalitario. Conmílites que trabajan por y para el estado. Lo individual es delito. Un científico en la Ciudad de la química que descubre un suero de la verdad. Se abren las puertas a que los pensamientos y las emociones sean también delito. ¿Hay alguien libre de pecado? ¿Qué supone reflexionar sobre esto? ¿Y qué supone escuchar la verdad de los interrogados?

Me ha parecido una novela tremenda. No entiendo que no tenga tanta fama como Un mundo feliz o 1984, que es incluso posterior. ¿Tal vez porque está escrito por una mujer?

(5/5) ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ ¡si te gustan las distopias no te la puedes perder!
4 reviews
July 6, 2013
Sin duda una de las mejores novelas antiutópicas de su época. Un diario en primera persona que rezuma emociones reprimidas, una mirada al autoritarismo que se centra no en su cara política, sino en la sociocultural.

En los cimientos del aterrador futuro en que sucede esta historia no se encuentran el ansia de poder ni la corrupción política; los opresores son defensores de la moral, protectores de la civilización y la cultura. Los mueven sus ideales.

Kallocaína es una apología del individualismo. En una sociedad tan aferrada a su identidad grupal y valores culturales no hay espacio para la personalidad o los deseos personales. No puede haber amistad sin individuos; sin egoísmo, incluso. Y en Kallocaína encontramos a personajes atormentados, a veces enloquecidos por el anhelo de intimidad, de confianza.

Pero a pesar de la tendencia de la sociedad a oprimir lo diferente, Kallocaína está cargado, entre líneas, de una posible intención redentora: cuando se trata de represión social, todo opresor es, al mismo tiempo, oprimido.
Profile Image for David Hefesto.
Author 8 books57 followers
October 11, 2014
Otra gran olvidada.
Tal vez se podría definir la Kallocaína como el suero de la liberación, aquel que te hace expresar lo que se esconde en lo más recóndito de tu alma. No necesariamente maldades, tal vez miedos o inquietudes.
Esta novela destaca sobre otras anti-utópicas en que el protagonista, en vez de ser consciente de lo cruel e inhumano del sistema en el que vive, esta totalmente adiestrado y fanatizado para creer con el mayor fervor, odiar a los que presume diferentes y reprimir sus propios sentimientos hasta el punto de ignorarlos totalmente.
Una sociedad totalitaria, en la que prima el control por parte del estado que monopoliza el tiempo, las relaciones y cualquier ápice de privacidad de sus ciudadanos y en la que cualquier atisbo de individualidad debe ser castigado con la muerte.
Leo Kall, a través de su propio suero logra encontrarse a si mismo.
Una novela que los admiradores de Orwell, Huxley, Zamiatin, etc no deben perderse.
Profile Image for Edwin Piston.
117 reviews7 followers
February 14, 2020
Una distopía excelente, la verdad que me sorprende personalmente que se hable tanto de 1984 de Orwell, Fahrenheit y un mundo feliz pero no de esta distopía que toca un tema super interesante y forma parte de la misma época (incluso es anterior a 1984 de Orwell).

¿que pasaría si en un Estado mundial se descubriera una droga que te obliga a decir todo lo que piensas?

Los pensamientos mismos como parte de ese Estado totalitario, cito:

"De los pensamientos y los sentimientos nacen las palabras y las acciones. ¿Y cómo iban a ser entonces los pensamientos y los sentimientos asunto de cada cual? ¿No es el conmílite propiedad absoluta del Estado? ¿A quién habrían de pertenecer, pues, pensamientos y sentimientos, si no al Estado también? Hasta ahora no había sido posible controlarlos, eso es todo. Sin embargo, ya se ha descubierto el medio."

Este libro toca varios temas y me parecio excelente como los plantea, por un lado el colectivismo enemigo del individuo y la libertad:

" Del individualismo al colectivismo, de la soledad a la comunidad: ese había sido el camino del gigantesco organismo sagrado en el que el individuo no era más que una célula carente de otro significado que el de servir a la totalidad del sistema."

Del sacrificio que es inherente al Estado totalitario, porque en un mundo colectivista cualquier sacrificio es necesario en pos del colectivo. Mientras que un mundo individualista cualquier sacrificio es inaceptable, cito:

" —Y sepan, conmílites, que no resulta menor su hazaña porque a veces tenga el dolor como consecuencia. Dolor causan al guerrero las heridas, dolor siente bajo el velo la viuda del soldado caído, por más que el gozo de servir al Estado compense mil veces ese dolor. Y dolor deben poder sentir aquellos a quienes la vida laboral distancia para siempre en la mayoría de los casos. Y si merece nuestra alabanza que las madres se separen de las hijas y los camaradas se alejen de los camaradas con la felicidad en la mirada y con vítores en los labios, no es menos digno de admiración si, tras la alegría y los vítores late la pena, una pena contenida, negada; quizá incluso merezca más admiración aún, porque es un sacrificio mayor en aras del Estado."

En las últimas partes del libro la autora habla de unos temas que me gustaron mucho, en referencia a como un Estado totalitario arrebata el derecho de Madre a una mujer y la convierte en un" mal necesario ".

Por último dejo una frace que particularmente me gustó mucho, porque tiene varios sentidos lo que quiere decir:

" Cuando uno dice: «no tengo fuerzas para vivir», no quiere decir: «no tengo fuerzas para morir», porque para eso sí quedan fuerzas, para morir siempre tenemos fuerzas, porque entonces puedes ser como quieres ser…"

En definitiva me parece una distopía super recomendada y forma parte de las distopías fundacionales.
Profile Image for Luna Miguel.
Author 22 books5,028 followers
January 31, 2012
Libracos de esos que molan a saco y que además una tiene el placer de prologar. Graciasmil a Gallo Nero por la oportunidad.

A To Pe.
Profile Image for Germán.
308 reviews2 followers
December 10, 2023
Mi problema con este libro ha sido que no trago al protagonista. Me cuesta mucho leer libros en los que tengo que seguir continuamente a un tipo que me cae mal. Estoy convencido de que esa era la intención de la autora, así que como tampoco era largo decidí acabarlo.

He leído el libro con una sensación de déjà vu constante, y no es de extrañar. Desde luego estaba pensando en 1984, la novela de Orwell, porque aunque la forma sea distinta en el fondo son la misma novela, o al menos yo las entiendo igual. Pero no es que Kallocaína se parezca a 1984, es que 1984 se parece a Kallocaína, !porque fue publicada casi 10 años antes! 1984 ya estaba escrita antes de que Orwell la escribiera, pero la escribió una mujer sueca lesbiana a la que suicidaron y nadie le hizo ni caso.

Kallocaína trata sobre la fiscalización y penalización del mundo de las ideas, sumergiendo al lector en una distopía futurista para su tiempo y retrofuturista para el nuestro, en la que El Estado del Mundo debe ser religión para los conmílites que forman parte de él. En la novela seguimos a Leo Kal, inventor de una sustancia llamada Kallocaína, que no es más que una especie de suero de la verdad. La trama gira entorno a los experimentos con esta sustancia y a los descubrimientos en los que desembocan: el pensamiento libre de los aparentemente fieles conmílites del Estado del Mundo. Claro está que dicho Estado no desaprovecha su oportunidad de sacar partido al invento e incorporarlo a toda velocidad al sistema judicial, viéndose así en potestad de juzgar a la gente por sus ideas y no solo por sus actos.

En general me ha gustado, pero la combinación de protagonista aborrecible y prosa excesivamente recargada han hecho que la lectura sea algo complicada. La de vocabulario que he aprendido yo con este libro no es normal. No me extraña que Carmen Montes (la traductora) se llevase el premio nacional de traducción en 2013 precisamente por esta traducción. Ya no son solo los neologismos, es que trasladar el estilo de Karin Boye al castellano es toda una hazaña.

Profile Image for Jfmarhuenda.
133 reviews46 followers
June 14, 2016
Kallocaína es un pasatiempo entretenido que, como buena parte de las distopías, ayuda a reflexionar sobre la sociedad actual y sus perversiones. La prosa de Karin Boye es fluída y sencilla y, aunque pierde esa fluidez en algunos momentos, resulta una lectura agradable y nada exigente.


Leo Kall es un químico en una sociedad, el Estado Mundo, que vive controlada y vigilada en aras de la colectividad y de la supervivencia del propio Estado. Los ciudadanos viven bajo tierra y en escasas ocasiones tienen oportunidad de salir a la superficie. A dichos ciudadanos (conmílites) se les somete a un control social férreo: escuchas, vídeos, vigilancia en el hogar, instrucción militar, discursos, reproducción, intervenciones públicas, trabajo, etc.


En ese contexto, Leo Kall inventa un producto químico, que denomina Kallocaína, que va a funcionar a modo de suero de la verdad. Una vez suministrado a cualquier sujeto, el mismo tendrá un efecto inmediato cuyas consecuencias serán la promulgación de las verdades más ocultas del ciudadano, aquellas que no pueden ser dichas porque implican la sanción del Estado.


La aplicación de la Kallocaína en sujetos pone en marcha la acción de la novela que se desarrolla siguiendo los pasos típicos de las utopías negativas. El protagonista, devoto del sistema, se ve enfrenntado a sus creencias más profundas cuando un hecho genera dudas en sus convicciones previas. El resto nos lo podemos imaginar, ... o podemos leer la novela.


Yo creo que vale más la pena lo segundo. La novela da pie a reflexiones muy interesantes sobre la sociedad que imagina la autora, y nos permite compararla con la nuestra en temas como la vigilancia del Estado sobre el ciudadano.


La sociedad del Estado Mundo es una sociedad volcada en el control del individuo. Los ciudadanos responden de sus acciones y omisiones, y sobre ellos hay todo un sistema técnico que facilita dicho control. No pueden ser explícitos en sus comunicaciones porque temen ser delatados o denunciados, y se crea todo un mundo de miradas, gestos y señales que, en algunos casos, permiten conocer al que piensa como uno. En nuestras sociedades en cambio, sabemos que los ciudadanos somos libres, tanto de acción como de pensamiento, las comunicaciones son libres y no están controladas por el Estado, que actúa simplemente como un ente neutral que facilita la aplicación de una ley acordada por todos. Podemos decir aquello que pensamos sin riesgo a ser excluidos de ningún foro público, ya que nuestras libertades son constitucionales, y están por encima del poder del Estado que, en todo caso, reside en el pueblo.


La sociedad del Estado Mundo se resquebraja en el momento en que determinados ciudadanos toman conciencia de su situación. En nuestras sociedades, en cambio, los ciudadanos somos conscientes de nuestra situación y es tan confortable para nosotros dicho conocimiento, que no genera en nosotros ningún tipo de necesidad de actuar en ningún sentido. Que agencias como la NSA norteamericana ejerzan actividades que, aparentemente, podrían estar fuera de sus atribuciones, no implica una respuesta negativa, ya que nosotros confiamos en que el Estado realiza sus acciones en aras de nuestra seguridad. Si se puede rastrear nuestra vida en la web, no nos importa. En realidad, ayudamos, como estoy haciendo yo ahora mismo, a que quede evidencia de nuestras ideas y pensamientos. Y ello porque confiamos ciegamente en que la información que el Estado puede obtener será utilizada únicamente para atrapar a sujetos que ponen en riesgo nuestra seguridad: refugiados de países en guerra con aviesas intenciones, inmigrantes ilegales que intentan acceder a nuestro confort para hacerlo disminuir o desempleados que lo son porque no quieren trabajar.


En la sociedad del Estado Mundo, incluso, se controla la natalidad. Los individuos se unen para procrear y los hijos son apartados de su familia a temprana edad y educados por el Estado. En nuestras sociedades, en cambio, tenemos la suerte de poder escoger el número de hijos que queremos tener, aunque sabemos que lo ideal es la parejita (si puede ser niño y niña). No tenemos necesidad de dejar a nuestros hijos al Estado para que los adoctrine como en el Estado Mundo, puesto que nuestros trabajos nos dejan tiempo suficiente para criar, educar y ver crecer a nuestros hijos. Y en los casos excepcionales en que nuestros hijos quedan a disposición del Estado para su formación, tenemos la convicción de que se les transmiten los elementos esenciales que harán de ellos buenos ciudadanos y mejores personas.
Profile Image for Cristina.
231 reviews11 followers
March 11, 2026
Kallocaína es una novela que debería mencionarse cada vez que se habla de distopías, y sin embargo casi nunca aparece en las listas habituales. Y no es porque sea menos potente o menos clara que las demás, creo que tiene más que ver con su autora, Karin Boye, y con cómo su vida quedó un poco fuera del foco. Boye, poeta y novelista sueca, publicó esta historia en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la vigilancia y el miedo eran parte del día a día. Un año después se suicidó, y su obra no tuvo la difusión internacional que sí tuvieron Orwell o Huxley. Pero si miras el género con un poco de perspectiva, Kallocaína ya estaba ahí antes que muchas de las grandes, planteando los temas que luego definirían la distopía moderna.

En el centro del libro está ese choque entre el individuo y un Estado que lo controla todo. La vigilancia es constante, no deja huecos, y cuando aparece el suero de la verdad, capaz de sacar a la luz lo que una persona piensa de verdad, el sistema entero se tambalea. La intimidad, lo único que parecía quedar a salvo, desaparece, y con ella la posibilidad de seguir siendo uno mismo dentro de un régimen que lo quiere transparente hasta el pensamiento.

Si te gustó 1984, Kallocaína te va a interesar porque aquí el control no se queda en lo externo, entra directamente en la mente. Si te funcionó Un mundo feliz, en Boye encontrarás otra forma de mostrar cómo un Estado puede moldear a las personas hasta borrar lo que las hace únicas. Y si Nosotros te dejó esa sensación de vivir en un sistema que exige transparencia total, Kallocaína va por la misma línea.

Ojalá se leyera más esta obra. Ojalá estuviera en las mismas conversaciones que 1984 o Un mundo feliz. Porque lo merece de verdad.
Profile Image for Julio Bernad.
553 reviews231 followers
October 26, 2021
Por la época en que se escribió y por la historia que nos cuenta, es difícil no buscar paralelismos entre Kallocaina y 1984, la celebérrima obra de Orwell que le valió un adjetivo terrorífico. Si bien pueden encontrarse numerosas semejanzas, no creo que ambas novelas sean idénticas ni en las sociedades que presentan ni en el mensaje que buscan transmitir: el mensaje político de Orwell, así como su denuncia, queda patente y se presenta sin ningún atisbo de sutileza; Boye opta por la poesía para confeccionar una reflexión más profunda y personal. Además, no se si Orwell leyó esta novela, desconozco que fama tenía esta autora en vida ni que repercusión tuvo su suicidio en su obra -es una tristeza que tan trágico modo de abandonar este mundo revalorice tanto el trabajo de uno-; de lo que si estoy seguro es de que ambos tuvieron que leer a Zamiatin, porque sus muchas similitudes pueden rastrearse y encontrarse en la seminal novela del ruso. Pero me limitare, mejor, a hablar de lo que sí he leído antes de seguir perorando de lo que no he leído.

Karin Boye nos presenta una sociedad distópica que se autodenomina la colectividad, o el Estado del Mundo, una sociedad que castiga cualquier muestra de individualismo y obliga a todo ciudadano a venerar al Estado por encima de todo; una sociedad que elimina la intimidad por subversiva, en la que la policía tiene ojos y oídos electrónicos en cada vivienda y la delación está tan a la orden del día que toda conversación se mantiene ante testigos. En una sociedad así de autoritaria y estricta un químico idealista, Leo Kall, se las ingenia para confeccionar una droga capaz de destruir la última trinchera del ciudadano desleal: su pensamiento.

La idea de la que parte Boye es muy interesante porque es la vuelta de tuerca más hija de puta que he visto en el género de las distopias. Normalmente estas historias están protagonizadas por individuos, como mínimo, escépticos de los regímenes bajo los que viven. Ese escepticismo, por diferentes circunstancias, se troca en resistencia y, finalmente, en perdición. Aquí no es así, aquí seguimos a un patriota tan paranoico y celoso que crea, literalmente, un método para hacer su sociedad aun más restrictiva y autoritaria. La Kallocaína no es un suero de la verdad, es muchísimo peor: es una droga que obliga a quien la toma a contar cualquier pensamiento que tenga, por muy hondo que lo haya enterrado y por más murallas que haya construido para encerrarlo: nada escapa de esta bola de demolición química. Si toda la novela se hubiera centrado en este suero diabólico y sus implicaciones, hubiera sido incluso superior a su contraparte orwelliana. Desafortunadamente, Boye se dispersa a la mitad de la novela cuando su personaje inicia un personal descenso a los infiernos tan poético como deslavazado. Entiendo perfectamente porqué lo hace, pero no me ha seducido en absoluto cómo lo hace. Quizá no sienta debilidad por los descensos a los infiernos, no lo se.

De lo que si soy muy entusiasta es de ciertas ideas inquietantes que Boye nos transmite y que convierten está lectura en obligatoria para cualquier aficionado a las distopias, aunque mis tres estrellas no lo reflejen -que Goodreads nos deje poner medias estrellas de una vez, copón-. Por muy pesadas que sean las cadenas del Estado, por muy draconiano que sea su sistema de leyes o por muy refinado que sea su adoctrinamiento, hay ciertos comportamientos humanos que no se pueden doblegar. El ser humano es, ante todo, un animal gregario, tribal, mejor dicho. Así mismo, al ser humano le gusta poseer cosas, pues muchas tienen un valor superior al material. Intentar suprimir su gregarismo a base de paranoia y desconfianza del prójimo e impedir cualquier sentimiento de propiedad, a nivel inconsciente siempre va a crear una resistencia, precisamente por tratarse de algo más biológico que cultural. No en balde, los homínidos en general y el homo sapiens en particular llevan en este mundo lo que un parpadeo en tiempo geológico. No quiero que esto se convierta en un alegato a favor de la sociobiología -en la que no creo-, pero si veo, y comparto, lo que critica Boye, y es que hay cosas que nos hacen humanos y ningún estado, por muy férreo que sea su talón, va a poder cambiarlo, y si lo intenta sólo alentará su propia destrucción.

Otra idea muy interesante que plantea Boye es el efecto que la desconfianza patológica tiene en el individuo, y que en ultima instancia se refleja en un rechazo total al contacto físico que ha hecho que la natalidad descienda hasta limites preocupantes. Encuentro esta crítica interesante por actual, y es que no me ha sido raro encontrar gente que se ha alegrado por las medidas tomadas debido a la pandemia, que aplaudía que gracias a la distancia de seguridad no tendrían que estrechar manos y/o recibir o dar abrazos y besos. Encuentro fascinante como muchas de esas personas, tan empáticas como suelen autodenominarse, que guardan tanto amor y cariño que pueden permitirse compartirlo con todos los bichitos del campo, sientan tal aversión a ser tocados por sus semejantes y desconfíen tanto de los mismos; cómo los que más dicen preocuparse por los problemas de la humanidad sean tan, en el fondo, misántropos y vean sospechoso un gesto cariñoso. Y más fascinante me resulta encontrar dicha crítica en una novela de hace 80 años, cuando a día de hoy las tasas natalidad en los países desarrollados son igual de preocupantes, achacables sin duda a la precariedad de los trabajos, aunque no siempre. Ya lo decía Arsuaga en su libro, este descenso puede achacarse a la precariedad en España pero no en Finlandia, luego en determinados escenarios la precariedad es una correlación pero no una causa. Puede que aquí este abriendo un melón que me pueda traer problemas, así que detendré mis divagaciones. Este es el problema de mi modo de enfrentarme a una reseña: hay más coherencia en la escritura automática de un médium que en la mía, que se cómo empiezo pero nunca cómo acabo.

Volviendo a Kallocaína, que es de lo que trata esta reseña, no creo que nadie se sientan realmente decepcionado por esta lectura. Las novelas distópicas no son interesantes por la historia que se nos cuenta ni por la sociedad que nos presenta, sino por lo que dicha historia y dichas sociedades nos dicen de la sociedad en la que vivimos. Las buenas novelas distópicas, entiéndaseme, los parques de atracciones Disney como Los juegos del hambre o Divergente no estan interesadas en plantear problemáticas reales, solo de escenarios atractivos y chorras en las que ambientar sus dramas adolescentes. Karin Boye plantea ideas muy interesantes en su novela, puede que conmigo no haya congeniado como debería pero no por eso éstas son menos interesante. Estoy seguro de que muchos disfrutaran de la poesía de esta escritora y que os hará reflexionar, que es lo importante.
Profile Image for Laura Gaelx.
661 reviews114 followers
August 1, 2020
Interesantísima novela distópica totalmente en la línea de 'Un mundo feliz' o '1984' pero mucho menos conocida (al menos, fuera de Suecia).



La novela me ha transmitido de forma muy física la angustia con la que se vivió el ascenso de los totalitarismos de principios del siglo XX y me ha hecho reflexionar sobre nuestro presente.

La vida de la autora es interesantísima. Me quedo con ganas de leerla más.
Profile Image for Mónica Sánchez.
9 reviews13 followers
December 21, 2018
Una muy grata sorpresa, creo que no tiene nada que envidiar a las distopías que se escribieron más tarde y que ahora son tan conocidas. Un tratado sobre la psicología de personas alienadas en una sociedad donde no se permite a nadie ser individuo, sino solo un engranaje más de un ente superior, el Estado. Tiene un final contenido pero épico que, para mi gusto, aporta un gran valor a una novela de este tipo. Da mucho en que pensar, muy recomendable.
Profile Image for Juan José.
128 reviews8 followers
July 6, 2015
Distopía a la sueca. La autora se adelantó a Orwell, Huxley y a Bradbury. Lo que sucede cuando el Estado se inmiscuye en las vidas de las personas y éstas lo permiten. La libertad personal, el individualismo etc., son valores que deben protegerse y NUNCA permitir mordazas. Gran escritora. Una lástima su suicidio.
Profile Image for Maite Mateos.
Author 9 books42 followers
Read
March 28, 2023
Comúnmente catalogada dentro de la alta literatura como una obra menor, Kallocaína es en realidad una novela sumamente interesante, de compleja lectura, que plantea muchos interrogantes.
De hecho, es una de las grandes distopías pioneras, escrita en 1940 por la autora sueca Karin Boye, que había comenzado su andadura literaria en el mundo de la poesía, pero que progresivamente fue volcando en la prosa su inquietud ante el auge de las dictaduras, de las ideologías totalitarias de las primeras décadas del siglo XX, sobre todo tras visitar la Unión Sobiética de Stalin en 1928 y la Alemania nazi de Hitler en 1932 y 1938.
Kallocaína se publicó ocho años después de la aparición de “Un mundo feliz” de Huxley y nueve años antes de la publicación de 1984 de Orwell.
Narrada en primera persona a modo de confesión o de memorias, Kallocaína es una historia donde la trama se desarrolla básicamente en la mente de su protagonista, Leo Kall, el científico creador de un suero de la verdad que bautiza con su propio nombre, nombre que da título a la novela. Porque en Kallocaína se describe cómo, un estado policial, aspira al máximo control y manipulación de la sociedad que lo compone a través de ese suero de la verdad, que una vez inyectado, obliga a poner de manifiesto los pensamientos y emociones más ocultas.
Absolutamente todo, el trabajo, las actividades sociales y culturales, incluso las familias, están regulados por el Estado. Cualquier manifestación que ponga en duda el buen funcionamiento del mismo, es perseguida, lo que conduce a sus ciudadanos a la autorepresión, a la autocensura y a una hipócrita actitud neurótica de autocontrol de gestos y palabras que pudieran ser malinterpretadas, para adaptarse al discurso dominante y así no ser señalado. Ello hace que el comportamiento de todos los personajes de la novela se nos antoje antinatural, poco humano, casi robotizado, hasta que se les inyecta la Kallocaína y comienzan a aflorar sus verdaderos yoes.
Leo Kall, el protagonista, es un individuo totalmente sometido al sistema, autoconvencido de que las circunstancias que vive son las mejores que podría vivir, de que es mejor sacrificar la libertad para garantizar la supuesta seguridad material y económica de todos, hasta que empieza a dudar. Leo Kall se pasa todo el relato luchando contra el surgimiento gradual de su propia conciencia individual, en contraste con la de todos aquellos a los que inyecta su recién descubierto suero de la verdad.
Hay quien opina que tal vez el auténtico protagonista es Rissen, un personaje más subversivo y alentador.
Sea como sea, el hecho es que Kallocaína es una historia donde los acontecimientos son lo de menos, sin a penas ritmo, con un ambiente asfixiante que intenta reproducir el mundo gris que describe. Muchos son los que opinan que el final de la novela es excesivamente precipitado, que no encaja con el ritmo lento del resto de la narración. Cuando de hecho el final es lo de menos. Lo que importa es que es un libro que explora los conceptos de poder, de libertad y de verdad y que contrapone al Estado, que está muy lejos de ser el Bien Común, con la Conciencia Individual.

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Profile Image for Alejandro González Medina.
145 reviews15 followers
July 13, 2025
"Kallocaína" es una distopía poco convencional. Podría incluso acuñarse un nuevo término para este tipo de libros (si es que hay alguno parecido). ¿Qué tal "distopía intimista"?

La narración sigue el día a día del descubridor de la kallocaína, un infalible suero de la verdad. Tal es su efectividad que los dilemas éticos (sociales y de corte más personal) y la perversión de su uso no tardan en aflorar. Más allá de las implicaciones políticas de este descubrimiento, asistiremos al personal descenso a los infiernos del protagonista, cuya vida familiar comenzará a resquebrajarse a raíz del formidable descubrimiento.

La crítica a las prácticas de los regímenes totalitarios va implícita en la narración. Si bien es un componente de la misma, creo que es algo más periférico. De hecho, muchos de los dilemas sociales antes mencionados podrían ser extrapolables incluso a sociedades altamente tecnificadas o con una fuerte dependencia tecnológica. Algunos de estos dilemas son parecidos a los de la película "GATTACA", sustituyendo el determinismo genético y el acceso a la configuración fisiológica plena del hombre por el acceso pleno a los pensamientos y, por tanto, a la configuración mental.

Sin embargo, Boye no carga mucho las tintas contra esta sociedad distópica, mezcla de los regímenes totalitarios más salvajes con una veta tecnológica , sino que se centra en el drama personal del narrador. Como he dicho, la crítica a estos regímenes existe, pero no se refleja más allá de un debate continuo entre Rissen (un secundario muy interesante) y el protagonista o de las disgresiones de este último. No hay, por tanto, nada más allá de la reflexión. Un contexto muy interesante, pero creo que desaprovechado. Es por ello que acaba interesando mucho más el drama personal que las consecuencias sociales del invento.

Lectura muy interesante. Recomendable 100%.
18 reviews
Read
July 23, 2025
pensé varias cosas cuando este libro se empezó a poner INTERESANTE ahya
1. He notado que las distopías que más me han gustado y que han dejado una enseñanza más allá de “ooo mira hay que rebelarse contra el sistema” son esas que justamente no tienen una trama de rebelión, sino que presentan personajes que —viviendo en una sociedad en la que creen y confían— viven algo que los hace cambiar de opinión y los obliga a vivir de forma distinta, errónea, peligrosa.
2. Segunda vez que Karin Boye me pone a alguien que se da cuenta que nada importa y que nada tiene significado y se quiere matar PERO encuentra algo a lo que aferrarse para mantenerse cuerdo, en los dos libros esa cosa ha sido el amor. Me da pena pensar en que se suicidó después de años de su relación con Margot Hanel, quién murió de la misma forma poco tiempo después.
3. Siempre he pensado que conceptos como “capital humano” son deshumanizantes pero siempre que intentaba decir por qué me contestaban que así se llamaba la wea y que poco importaba el nombre. Los últimos capítulos creo que encapsulan perfectamente mis miedos frente a esos términos, sean en el sistema de gobierno que sea.

eso chao voy a leer lobo estepario yo creo que lo voy a terminar en diciembre
Profile Image for vea.
172 reviews6 followers
November 19, 2024
me parece una distopía brillante por muchos motivos pero sobre todo porque, aunque, se desarrolla en un futuro distópico, lo principal no es la construcción de esa sociedad -aunque, obviamente, es importante-.
la crítica social se realiza a través de la psicología de los personajes -que se van mostrando tal como son a medida que pasa la novela-, la intimidad, y la dicotomía orgánico/forzado en las relaciones humanas.
en cuanto a lo formal me quedo con el narrador, una primera persona que se esta engañando a sí misma casi hasta el final. con lo cual, el lector no accede a una verdad objetiva a través de él en ningún momento, por eso a ratos se hace lenta.
el monólogo de Linda hace que leer las 220 páginas en 2 días valga la pena, con eso basta.
Profile Image for Laura Ruá.
123 reviews4 followers
March 27, 2025
Me ha gustado mucho. Cuando me lo regalaron, me dijeron que se parecía sospechosamente a 1984, aunque es anterior a esa novela, así que Orwell tendría que dar algunas explicaciones.
Es novela distópica de manual, muy interesante. Control absoluto del estado, pérdida de la individualidad y cuestionamiento del poder establecido.
Final poco esperanzador, pero crítica política relevante.
El estilo no me ha disgustado. El único problema (pero es cuestión de gustos) es que no está dividido en capítulos, y eso ha hecho que se me hiciera un pelín más pesado.
Para ser una novela de 1940, no ha estado mal (a veces, se nota un poco el estilo antiguo, que se hace un poco más aparatoso).
Profile Image for Mariona V.
42 reviews2 followers
March 4, 2026
Si el estado te arrebata tu intimidad, no te está arrebatando, al fin y al cabo, tu humanidad? Boye crea el retrato de un protagonista que esconde su humanidad detrás de su lealtad por el estado, pero su propia invención está a punto de romper su máscara del todo. Adictivo, de la misma forma morbosa en que cuesta apartar los ojos de un accidente terrible.
Profile Image for Alex Cassiopeia.
492 reviews20 followers
June 9, 2024
Sigo masticando varios puntos de la novela.
Sé que habría amado leerla en la preparatoria, cuando comencé todas las otras distopías clásicas.

Gracias Karin, me encanta mucho de lo que has reflexionado aquí
Profile Image for Joel Saa'C.
686 reviews8 followers
January 21, 2024
La verdad es que sí se parece mucho a 1984, solo que este libro se publicó antes.
Hay muchas cosas que están presentes en la novela de Orwell. Creo que ésta fue un poco menos entretenida.

3⭐
9 reviews5 followers
March 25, 2018
Maravillosa. La novela, la autora y la traductora.

Creo que la esperanza de algún día ser capaz de leer el original va a ser motivación suficiente para seguir aprendiendo sueco.
Profile Image for Rutisreading.
85 reviews4 followers
May 11, 2025
Hay distopías que resuenan en el imaginario colectivo, como 1984 o Un mundo feliz, y luego están aquellas que, sin tanto escaparate, fueron pioneras silenciosas. Kallocaína es una de ellas. Escrito por Karin Boye en 1940, este libro se adelanta con una lucidez inquietante a muchas de las ideas que Orwell desarrollaría después. Y lo hace desde una sensibilidad distinta, quizás más íntima, pero no menos implacable.

La premisa es simple pero potente: en una sociedad absolutamente controlada por el Estado, un científico inventa un suero de la verdad —la Kallocaína— que permite revelar los pensamientos más profundos. A partir de ahí, lo que se despliega no es solo una crítica al totalitarismo, sino una reflexión existencial sobre el miedo, la libertad y la necesidad humana de conexión.

Uno de los aspectos que más me ha impactado es la voz narrativa: no es una denuncia abierta, sino una confesión contenida, casi resignada, de alguien que ha vivido dentro del engranaje y empieza a sospechar que algo no encaja. Ese tono, tan humano y dolido, le da al libro una profundidad emocional que muchas distopías más “famosas” no alcanzan.

Y no se puede dejar de lado el hecho de que esta joya fue escrita por una mujer en plena Europa de entreguerras, en un momento histórico dominado por voces masculinas. Boye no solo anticipa temas clave del siglo XX, sino que lo hace desde una mirada que mezcla filosofía, política y una extraña ternura desesperada.

Una lectura imprescindible para quienes quieren entender no solo hacia dónde puede llevarnos el poder absoluto, sino también de dónde vienen muchas de las ficciones distópicas que hoy damos por sentadas.
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