Este volumen recoge unas historias mucho más bizarras que el anterior. Neciamente pensé que lo mejor de Gorey estaba en Amphigorey, pero lo que hay aquí es...Jesus, mam'.
El humor de Gorey es más ácido y bizarro en esta antología, lo que convierte en este libro ilustrado en un producto mucho más underground o marginal que la anterior antología de relatos. Aunque en Amphigorey tenemos un abecedario de niños suicidas, en Amphigorey Too la muerte se vuelve un recurso más habitual. Pero no solo es su aparición, sino el planteamiento de ésta. La muerte, siempre tabú y envuelta en un intenso dramatismo, aquí resulta un recurso más del absurdo. No nos impresiona que el final sea funesto sino cómo llegamos a él. Tal vez ofenda o provoque risa, según lo enrevesado que sea el sentido del humor del lector. Desde luego no deja indiferente.
Cuando lees a Gorey has de tener clara una cosa: No pretende agradar al lector y tú tampoco le gustas a él. Es una relación tensa, tormentosa como el romance de Heathcliff y Catherine Earnshaw. Para mí leer las historias de Gorey es como pasear desnuda por mi casa y que de la cafetera italiana salga una persona preguntándome si me parece correcto comer queso manchego con palillos chinos. Sin duda, una aparición tan desagradable como la de un fantasma para una heroína gótica decimonónica.
Por otro lado, explicar las historias de Gorey sería despojarlas de uno de los aspectos más trascendentales e importantes de su obra. La relación entre las historias de Gorey y el lector va más allá de relegar al observador a una mera función pasiva o contemplativa. Los finales son abiertos, en ocasiones abruptos. Invita a que sigas, que vuelvas la broma más macabra o que cierres el libro sintiendo que el ano se ha encogido un par de milímetros.
Mis historias favoritas de este volumen son [El libro sin título], El murciélago dorado, Los primos dementes, El niño Pío, Las conjuraciones irrespetuosas e Historia para Sara, pero realmente todas las historias son recomendables. Todas las historias están dibujadas con mucho cariño y cuidando hasta el más mínimo detalle. Nada es prescindible, ninguna historia la percibes innecesaria o fuera de lugar, aunque sean muy distintas entre sí. Por ejemplo, El libro sin título es la aparición de unas criaturas extrañas, sacadas del nivel más profundo del subconsciente; El murciélago dorado es la carrera artística de una bailarina de balet; Los primos dementes es una narración sobre desgraciados y miserables que comparten un vinculo sanguíneo y la Historia de Sara, cuya autor es Alphonse Allais no E. Gorey, tiene tintes de cuento infantil victoriano por su aparente intención moral (esta es planteada de forma satírica. Ahí está la gracia).
La verdad es que este autor me está enseñando bastante a nivel compositivo y narrativo. Podría pasarme horas mirando sus dibujos, extrayendo nuevas formas de disponer los elementos y plantear historias. Por otro lado, observo que desarrolla en sus historias temas de tal forma que me recuerdan a otros que yo he planteado en mis propias pajas mentales. Cuanto más me conozco a mi misma, mejor comprendo que vivo en un mundo extraño, plagado de interrogantes y monstruos con cabezas de calabacín, almeja, seta y boniato que cantan canciones navideñas a una tumba anónima. Creo que vivo por y para crear cosas que sean una combinación entre el absurdo, el bizarro o extraño con personajillos inocuos como Hello Kitty o los Telettubbies, pasado todo por la freidora de la cultura rusa. Gorey me está ayudando mucho a sacar eso de dentro.
Hace un año quería cortarme las venas porque no entendía a los vivos y las relaciones humanas preestablecidas. Casi caigo de en la misma dinámica este año. Pero entonces me di cuenta de que ahora simplemente he dejado de desear entender a la gente. Porque me aburre.