Extraordinariamente delicada es la tarea del critico de una antología de cuentos y en este caso de leyendas, pues la tarea de codificación de algunos relatos tiende a dar a la repetición de la trama por el hecho de los elementos que la adornan, no cabe duda que la complejidad de una critica en conjunto dificulta decir que en un buffet todo lo que esta servido te guste. Quizás dos cuentos o dos leyendas suenen parecido textualmente, pero en la profundidad su eco lo distancia. Mientras que, evaluar una novela o criticarla en su conjunto es ir transitando con el narrador lo que nos quiere dejar dicho, como lo dice y si en medio de ese decir no surge baches que estropeen el texto, en cambio tomarse en conjunto el texto con historia diversas, ya tienes que tomar una pinza e ir extrayendo aquellos textos aceptables, lo cual el criterio en conjunto quedara a medio camino, y es mejor irse por aquellos textos que uno dice tener más afinidad. Lo anterior dicho se da con Las leyendas de Gustavo Adolfo Becquer.
Siendo «Las leyendas» de Gustavo Adolfo Becquer un conjunto de narraciones publicadas a mediado del siglo XIX por entrega en varios periódicos madrileños, donde los hechos naturales y sobrenaturales, el misterio, el amor, la fuerzas diabólicas o fantasmas plagan cada unos de los relatos, dichos relatos se fueron desarrollando con materiales de la tradición oral o escrita, muchas de ellas inspirada en las tierras del páramo y Somontano soriano o las del monasterio de Veruela, entre Castilla y Aragón.
Estos relatos cortos con ambientes oscuros y tenebrosos, natural de la época del autor ha coleccionado en publicación entre 18 a 22 leyendas. La suerte que experimenté con estos textos, es de decir que no todos me gustaron, podría decir que estos fueron los que mas tuve más proximidad: Las hojas secas, Miserere, El monte de las Animas, La cruz del diablo, El beso, La promesa, Los ojos verdes y Maese Pérez el organista.