Zweig me ha vuelto a tocar el corazón, me ha vuelto a enamorar con la misma intensidad que el Sr. Mendel ama los libros, la lectura y el conocimiento.
Esta es la trágica historia de Jakob Mendel, Mendel el de los libros, un librero extraño y genial, que se sentó en el café Gluck durante treinta años y asombró con sus habilidades a cuantos estudiosos requirieron sus servicios.
La historia está contada en retrospectiva, surge de la memoria de un narrador que lo conoció años antes, al entrar a un café vienés un día de lluvia. Allí, inspirado por el mobiliario del local, desgrana los recuerdos que se habían escondido en algún rincón remoto de su memoria. Mendel el de los libros, aquel portento conocido por todos:
"Él lo sabe todo y lo consigue todo. Él te trae el libro más singular del más olvidado de los anticuarios alemanes. Es el hombre más capaz en toda Viena y además auténtico, un ejemplar de una raza en extinción, un saurio antediluviano de los libros".
En su memoria estaban todos los libros, sus títulos, su precio, dónde conseguirlos. Podía enlazar un tema con otro y con otro y rastrear mentalmente su ubicación. El secreto, tal vez, era la fuerza de su concentración:
"Aquella memoria sólo había podido ejercitarse y formarse de aquella manera diabólicamente infalible por medio del eterno secreto de cualquier perfección: la concentración".
Se le tenía en gran consideración, no le interesaba el dinero, gozaba de modestos privilegios en el café, sus habilidades eran requeridas por miembros eminentes de la cultura. Pero la guerra lo estropea todo. La estupidez, el miedo, la irracionalidad de los hombres en guerra acaban por arruinar tan bella criatura.
En este relato corto puede parecer que no hay más trama que el desarrollo negro sobre blanco de un personaje, que no da tiempo a más en apenas unas decenas de páginas, pero quien haya leído alguna vez a Zweig sabe la capacidad que tenía para desarrollar personajes, ambientación y contexto histórico con unas pinceladas de genio y una maestría insólita en el recurso narrativo. Y así, en estas sesenta páginas contadas, Zweig aprovecha para mostrarnos la caída del personaje de Mendel en paralelo con la caída de Europa tal y como se conocía hasta aquel momento. O dicho de otra manera, Europa se quebró ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, y Mendel hizo lo propio como ser humano.
Lo más triste de esta historia es, para mí, la idea de la crueldad de un mundo que ha cambiado, un mundo que se rinde a las apariencias y se arrodilla ante lo material. Hecho que se trata en el relato a través de la figura del nuevo dueño del Café, el cual busca cualquier mínima excusa, aún sabiendo toda su historia, para sacar a patadas a un Mendel retornado en condiciones pésimas de un campo de concentración que, pese a la admiración y el reconocimiento que tenía por todo el mundo antes, ahora se ha convertido simplemente en un viejo estorbo condenado al olvido.
"Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido"
Mendel el de los Libros es un bellísimo retrato de un personaje delicioso, no importa si real o ficticio, que Stefan Zweig hace inolvidable usando como es habitual en él sólo unas pocas páginas.
Mendel es, quizás de una manera muy personal, uno de los personajes más cautivadores que me he encontrado nunca en literatura, y es que en cierta parte empatizo con él ya que es víctima de su propia abstracción, esa misma abstracción en la que por momentos me reconozco.