Usualmente me identifico con algunos personajes, sus historias y aquello que les ocurre. Creo que esta es la primera vez que un autor resultó ser tan similar a mí. Ned Vizzini, una persona, que aunque nunca conocí físicamente —pero sí que lo hice por medio de sus palabras—, fue un joven, como tú, como yo, con sueños, deseos, y opiniones, tales como las tuyas, o las mías. Es una pena que la tristeza se lo llevara consigo. Una tremenda pena; pero la vida continua, y su legado prevalece, pues, ya saben lo que dicen de los escritores, que alcanzan la inmortalidad en sus palabras. Y este es el claro ejemplo, junto con sus otras pocas historias que llegó a escribir.
No es la primera vez que leo algo de Ned, pues, francamente, lo conocí en el verano del 2013, pocos meses antes de que atentara contra su vida y dejara atrás este mundo. Por aquél entonces yo me encontraba en una posición muy complicada de mi vida, una situación como la que muchas personas pasan, sobre todo a nuestra edad. Esa etapa en la que todos los días resultan una lucha constante y que parece nunca terminar. Esa batalla que tiene por nombre: Depresión. Y no se cansa de atentar contra nuestra generación.
Mi historia no es privada, pues muchos la conocen, pero este no es el momento, ni el lugar para hablar de ella. Tan solo pretendía que entendieran lo mucho que significan sus palabras para mí, y el porqué. Como ya se imaginaran, Ned ha tenido un impacto muy fuerte en mi vida, y me ha servido como una guía, sobre todo por el tiempo que viví antes de comenzar mis estudios preparatorianos, y durante ellos. Incluso ahora.
Ned, espero que estés en un lugar mejor.