El libro es una recopilación de conferencias brindadas por el historiador Eric Hobsbawm a inicios del siglo XX, entre 2002 y 2005/6. En el contexto de la "guerra contra el Terror" decretada por Estados Unidos, Hobsbawm reflexiona acerca de diversas cuestiones que, según él, marcarían el derrotero de los próximos años: el impacto de la globalización, la nueva situación de Estados Unidos como única potencia imperial en el mundo, los problemas del nacionalismo y la seguridad nacional e internacional.
En general, los textos permiten comprender, desde una mirada histórica, cómo se han ido desarrollando las discusiones alrededor de estos puntos principalmente desde el siglo XX. Para Hobsbawm, las dinámicas provocadas por las dos guerras mundiales, pero principalmente por los procesos acontecidos durante la Guerra Fría (el escalamiento de la violencia intraestatal, el cambio en el modo de enfrentar las disidencias separatistas, el auge de nacionalismos radicales, el cambio en la composición de los soldados y la seguridad, las consecuencias de la globalización, etc) son las causas que explican las diferencias entre el modo de ejercer una influencia imperial entre Gran Bretaña (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX).
Hobsbawm critica la soberbia de este último imperio con respecto a la pretención de querer dominar el mundo entero tras la caída de la Unión Soviética. El problema estaría en que, tras el discurso de "defensa de los derechos humanos", se escondería un objetivo político específico -esparcir "la democracia"- como proyecto civilizador que no toma en cuenta la complejidad de cada sociedad. Por otro lado, se señala que la globalización ha generado un desarraigo de los vínculos de los ciudadanos para con su Estado-nación, lo cual genera cada vez más la "privatización" de los conflictos mediante agencias militares privadas que buscan más el rédito económico que la mejora -mediante la instalación de "la democracia" a la que se aludió anteriormente- de las sociedades en donde ejercen un poder controlador. Este intento de dominio imperial del mundo, sin embargo, tiene, según Hobsbawm, en la globalización a su mayor aliado y peor enemigo: aliado porque permite facilitar el comercio e interacciones a mayor escala; enemigo porque se difuminan las responsabilidades que competen a los gobiernos locales y que terminan por generar mayores vacíos en cuanto a la vigilancia de las problemáticas políticas, sociales, económicas y de seguridad internas.
Lo anterior ocurre, según el autor, debido a que los lazos que el nacionalismo había creado para sostener a los antiguos Estados-nación territoriales comienzan a debilitarse producto de una globalización que atenta por reemplazar esa vinculación con lo local (lo próximo) con el mundo, evitando así poder reconocer al otro como un cercano real, físico, sino pensar en abstracto en esas nuevas "comunidades internacionales" a las que realmente no conocemos. De este modo, hay una crítica a ese modelo de "exportación de la democracia" que, más bien, pareciera incitar el desarrollo de conflictos intraestatales que motivan una intervención y ocupación cada vez más permanente. En ese sentido, hay un cambio en las dinámicas de seguridad internacional: ya no son los conflictos interestatales los que atemorizan, sino aquellos intraestatales -organizaciones separatistas que cometen actos terroristas- o células dispersas al interior de diferentes estados que -gracias a la globalización- terminan por minar la confianza dentro de cada una de las sociedades "globalizadas". Todo ello desencadena, según, Hobsbawm, un mayor ejercicio de la violencia interna por parte de las autoridades de seguridad oficiales (policía y, en casos extremos, el ejército), pero también a partir de los no-oficiales (paramilitares, guerrilleros, seguridad privada, personas armadas).
A pesar de que varias ideas se repiten, resulta interesante observar de qué manera el análisis histórico de estas problemáticas -principalmente la cuestión de la seguridad internacional- permite una visión amplia acerca de los marcos de acción posibles y las diferencias frente a las experiencias anterior. Ello no implica, para Hobsbawm, que se puedan hacer ejercicios de "futurología", sino que, a partir del pensamiento histórico, es posible comprender el carácter de los discursos y los objetivos políticos perseguidos por los diversos actores analizados en el tiempo presente. Así, se les llega a entender no solo como mera continuidad sino más bien como producto de una serie de cambios históricos a gran escala que, para la época en que se presentaron dichos textos y conferencias, estaban reconfigurando las dinámicas internacionales. Ello explica, finalmente, el tono escéptico de estos escritos frente a otros posteriores -como en el caso de "Algo va mal", de Tony Judt, que he reseñado anteriormente- que trasmiten cierto optimismo a partir del hito que fue la Crisis económica de 2008 y posteriormente la "Primavera árabe", que abrió un nuevo panorama marcado por otros componentes que definirían la década de 2010 en adelante.