Aun considerado un clásico por gran parte del stablishment histórico-artístico universitario, esta obra, pese a que posee un carácter de consulta nada desdeñable, y pese a que propone una tesis interesante (aunque rebatible en parte), ha envejecido regularín regulán... ¿De qué padece? De aroma positivista-historicista un tanto inflexible (aun bien esgrimido en ocasiones), con gusto por la minucia inecesaria y la densitud (los árboles no dejan ver el bosque ni los claros), un estilo discursivo académico-formal (casi rancio) y una defensa autonomista de las artes plásticas (al aislar a artistas plásticos de escritores o músicos, todo queda emborronado). Tampoco ayuda su reducido marco etnocéntrico filo-italiano y renacentista-manierista.
Sin embargo, los Wittkower eran necesarios para replantear el status quod del artista, y ahí reside el valor de este desgarbado opúsculo. Quien sea un apasionado del arte del renacimiento y del barroco encontrará aquí muchas anécdotas (algunas ya bien conocidas, otras no tanto), apuntes biográficos, acceso a artistas secundarios (con valor contrapuntístico)... Lo mejor, pensamos, su capacidad para contextualizar y ambientar los datos dentro de una historia de las mentalidades (la riqueza, el latrocinio, la lujuria, el orgullo....). Hay un esmero por el más mínimo de los detalles, lo que permite acceder a una perspectiva diferente sobre lo ya conocido. En este sentido, este ensayo posee, quizás, más valor histórico-social que artístico, psicológico (paradójicamente....) o antropológico.
Un problema grave, diríamos, tras las lecciones de Heidegger, Foucault, Deleuze, Badiu, Lacan (o de historiadores del arte como Warburg), es el de incurrir en una percepción historicista constrictiva, la cuál se arroga la capacidad para conocer perfectamente el pasado y de exponer el mecanismo oculto y verdadero de éste. El historicismo, como plantearon todos los autores mencionados previamente, no sirve para comprender el arte. Los Wittkower muestran su impotencia a la hora de centrar su crítica en un psicoanálisis freudiano carpetovetónico: tienen razón en que tantos psicoanalistas de tres al cuarto realizaron análisis artísticos que eran mera palabrería. El problema es que basta leer obras como "Las tres estéticas de Lacan" de Massimo Recalcati para observar como el psicoanálisis (post)lacaniano es harina de otro costal. De hecho, la gran revolución en la historia del arte ha venido de autores como Mitchell, Belting, Didi-Huberman, M. Gabriel... todos ellos han sabido absorber la herencia psicoanalítica que los Wittkower no supieron ver en su momento.
En conclusión, "Nacidos bajo el signo de Saturno" puede ser bien valorado como obra enciclopédica, como reflexión sobre los dichos y redichos sobre artistas y como modo de ampliar el conocimiento acerca de los recovecos biográficos. Pero debe ser criticado en la forma y en gran parte de la tesis... y aun así, tomada como interrogación ésta puede ser muy útil. El problema es que los Wittkower no supieron ver que la obra de arte se abre a lecturas psicológicas más allá de las que (con justicia) critican, y también a lecturas antropológicas, filosóficas, místicas... y que, por ser producto de invidivuos, debe admitirse una interpretación dialéctica a mitad entre la época y el enigma de cada individuo. Los datos que puedan recopilar sobre Durero o Leonardo, tan fragmentarios, apenas si nos permiten, realmente, conocer quiénes eran ellos. Abunda el vacío: no podemos reconstruir la obra de arte sólo con datos históricos. Los Wittkower, en realidad, caen en parte en lo que critican. Por otro lado, sólo han tocado una porción (pequeña, en realidad) de lo que es el arte y lo que es la mente de un artista.
A veces, incluso pareciera que los Wittkower quieren dejar zancada toda especulación. Sin embargo, muchas de sus propias conclusiones son especulativas si se leen debidamente. Una cosa es la fantasía (y ahí tienen razón al criticar a tantos "iluminados"), pero la especulación como tal es un ejercicio de tanteo creativo: es interpretación, feedback, dar vida a la creatividad del pasado. Eso es el ingrediente humano del arte, pero los Wittkower son plomo sesudo...
Y, aún así, es un gran trabajo de investigación y documentación.