A ver, está claro que no tienes por qué perder a tu marido y quedarte para vestir santos, mucho más si tienes un hijo pequeño y estás sola. Pero de ahí, a que haga 5 años que se fue tu marido y te dijeron unos meses después que había muerto, y haga cuatro años que te casaste con el otro. ¿Qué estuviste de viuda, unos meses? ¿Así es como pasaste el duelo del que era tu marido y el padre de tu hijo? Si ese matrimonio hubiera sido obligado y no lo quisieras, casi que lo entendería, pero con un hombre al que querías… es algo que no concibo. No tiene sentido.
“— ¡Me marché por ti, para poder traerte...!
— ¡Te supliqué que no te fueras! ¡Yo no quería tu... tu apestoso aceite de ballena! ¡Yo quería a mi esposo!
— ¡Bueno, aquí estoy! —le replicó, sarcástico.
—Oh... —Apretó los puños, gimiendo de irritación—. Crees que es muy sencillo, ¿verdad, Rye? Juguetear debajo de la mesa con el pie, como si la decisión más importante que yo tuviese que tomar fuera si quitarme o no el zapato. Bueno, ya ves en qué estado me has dejado.
—¿Y qué me dices del estado en que yo estoy?
Desdeñosa, le dio la espalda.”
Me suelen molestar bastante los libros que no son cronológicos. En los lugares en que es normal, que se necesita el flashback vale, pero aquí no lo veo necesario. Te ponen la llegada de él, el problema, y luego un montonazo de hojas explicando cómo se conocieron, enamoraron, y sobre todo como empezaron sus días de amantes como críos. Es gracioso ver como dos personas inexpertas e ignorantes van tocándose y conociéndose, y como la religión y el miedo al infierno interviene activamente en todo eso. Parece mentira.
Mira sinceramente, si te ves en la encrucijada de tener que elegir entre tu primer marido, que creías muerto y al que habías querido toda la vida, y tu segundo marido, tu mejor amigo, que te cuidó y apoyó, y que has querido con el tiempo, lo entiendo. Ahora bien, para que sea real y justo, tienes que apartarte de ambos, e ir hablando y conociendo a los dos, sopesando, y sin dejar que ninguno de los dos te toque. Si paras a Rye, porque no es justo para Dan, pero luego te acuestas con éste porque legalmente es tu marido… lo estás haciendo condenadamente mal. Porque sinceramente, puestos a ser desleal, te estás acostando con el que es tu marido legal, por costumbre y por no hacerle daño, en lugar de acostarte con quien deseas, que es el otro.
No me gusta Dan. Es un obseso. Siempre la había querido y aprovechó la oportunidad para conseguirla, siendo el “marido perfecto” y tranquilo. Y ahora que ha llegado él, se comporta como un déspota y un borde, y luego como un gilipollas inseguro apelando a su ternura y a la pena. Así no, eso no es un hombre. Rye en cambio es lo que es, lucha por ella, la hace reír, intenta seducirla, recordarle lo que tenían… y pese a todo, la respeta y la trata mucho mejor que el “supuesto marido perfecto”.
“—Laura, ¿te hace el amor con frecuencia?
No se volvió para mirarlo.
—No.
— ¿Y desde que yo regresé?
—Pocas veces.
Rye exhaló un suspiro tembloroso y se pasó una mano por el cabello.
—Perdón, no debería haberte preguntado —reconoció a regañadientes.
Con voz trémula, pero con la espalda aún hacia él, dijo:
—Rye, con él jamás ha sido como contigo... —Entonces sí giró para mirarlo—. ¡Jamás! —Tragó con dificultad—. Supongo que será porque... lo amo por gratitud, no por pasión, y existe un mundo de diferencia entre los dos.
— ¿Lo que quieres decir es que te quedarás con él por gratitud?
Ya las lágrimas pendían de las pestañas de Laura.
—Yo... yo...
Entonces, Rye Dalton pronunció las palabras más duras que había dicho jamás:
—No pienso soportar esto eternamente: tendrás que elegir. Y pronto, porque de lo contrario, me iré de la isla para siempre.”
El final es bonito, acorde con el resto del libro, pero la historia en sí me ha sacado un poco de quicio. Ella nunca ha querido a Dan, nunca ha sido un verdadero matrimonio, así que esa reticencia que tiene en divorciarse y volver con él, realmente no la entiendo. Cuando amas a alguien lo normal no es casarse con el amigo pagafantas un par de meses después de conocer su muerte, y mucho menos, seguir acostándote con él una vez ha vuelto el amor de tu vida por “obligación y pena” y luego montarle un cirio de celos al otro porque filtrea con una vecina. ¡Viva la hipocresía! Sinceramente, el libro está muy bien escrito, pero no me gustan estas historias porque las medio aceptamos porque es ella la viuda sola, embarazada y tal; si fuera un hombre diríamos que es un borde y un idiota, y además un lascivo. Incoherente.