Esta novela gráfica me sorprendió y me divirtió un montón. Aquí nos encontramos con un grupo de adolescentes y niños que viven encerrados en una “Zona de Juegos”, aunque en realidad los tienen recluidos en el Área 51 porque los están estudiando. Estos chicos no son humanos normales, sino una niña de las profundidades, un hada de Irlanda, un Yeti, un chico que se puede convertir en oso, una chica que se puede convertir en foca, un alien reptiliano, etc. La cosa es que, eventualmente, les empiezan a pasar cosas extrañas dentro de su “Zona de Juegos”. Sienten que alguien los está espiando, que quiere llevárselos o hacerles daño.
Por eso mismo deciden trasladarlos, pero en ese traslado se revelan unas traiciones y resulta que estos niños iban a terminar en manos de un tipo terrible que se llama el Coleccionista, que, valga la redundancia, colecciona a niños peculiares… El problema es que nadie sabe qué hace con ellos. Entonces los niños se escapan a tiempo y así empiezan a vivir un montón de aventuras a lo largo y ancho de Estados Unidos mientras buscan un refugio o santuario.
Es una novela gráfica que me fascinó y, además, me gustó mucho el estilo de ilustración, cosa que no pasa a menudo. Lo mejor es que mientras los personajes van viviendo sus aventuras, nos van contando sobre sus backgrounds y hubo historias muy tristes que hablan del rechazo, el aislamiento, el sentirse diferente, el no encontrar aceptación ni en sus propios padres… Así que me pareció una novela gráfica hermosa y valiosa.
Lo único que me dio un poco de grima fue el reptiliano. Y esto ya es algo personal porque le tengo una fobia absurda e inexplicable a las lagartijas… y su diseño de personaje era parecido a una, así que lo pasaba muy mal cada que aparecía. Pero, por lo demás, todo cool, jajaja.