Este libro llega un año tarde a mi vida pero también se ha adelantado todos los que me quedan por delante. Pese a no comulgar ni compartir la escuela psicológica de la que parte la autora, el análisis de conducta te permite traducirlo al idioma de los procesos psicológicos básicos y entender cómo se da la dinámica del efecto luz de gas: una interacción en la que una persona necesita imponer una idea -la suya; tener la razón- e induce a la otra parte a dudar de sus propias percepciones porque no encajan con esa idea, mientras que esta misma busca (a veces, desesperadamente) que el primero -el maltratador- la apruebe. Según en qué punto del proceso se encuentre se puede dar porque la que experimenta la luz de gas ya ha renunciado a ser ella quien establece qué es válido y qué no lo es y todo lo legítimo es aquello que pasa por las gafas del perpetrador.
Lejos de culpabilizar a la persona que "se queda ahí" me ha gustado que se haga referencia a que el tango de luz de gas (esa discusión infinita por convencer a la otra persona, la que está haciendo luz de gas, de que no está diciendo la verdad) es una cosa de la que dependen dos personas porque al ser esta cuestión así la otra persona puede hacer algo para romper con esa dinámica (como con cualquier otro fenómeno psicológico, ¡imaginaos que no se pudiera hacer nada para solucionarlo! aunque no lo parezca, esto es un alivio). La solución, para sorpresa de nadie que nos dediquemos al comportamiento humano, pasa por la asertividad y el marcar los límites, que lejos de ser una tarea fácil genera mucho malestar para las personas que han de ponerlo en marcha para poder salir de donde están. Aquí es importante recordar que los límites no se los ponemos a los demás, que nos los ponemos nosotros ante actividades de los demás que nos parezcan intolerables (y que lo difícil es ser coherentes con eso). También me ha gustado porque pone muchos ejemplos de maltrato cotidiano y creo que ayuda eso a desmitificar un poco la figura del maltratador, que normalmente nos imaginamos como un señor ciertamente asemejado a un monstruo cuando, en realidad, puede ser tu jefe, tu amigo, tu mejor amiga o tú misma en algunas situaciones.
Me parece que es un libro que sirve para legitimar muchas experiencias que generalmente experimentan las mujeres en relaciones con hombres -por muy deconstruidos, camaradas, comunistas, incluso, que sean (o que digan ser)-. Tendría cuidado con algunas partes de cierta perspectiva psicoanalítica cuando habla del pasado y del reñido amor de la familia en la infancia porque eso lo único que hace es añadir narratividad a la cuestión, cuando lo que nos interesa es lo que está pasando en ese momento y por qué una persona decide quedarse en esas dinámicas. Algunos ejercicios que se plantean son interesantes porque, sobre todo, invitan a preguntarse a una misma qué es lo que quiere, que ya sabemos que para una parte importante de la población esa pregunta queda subordinada a los intereses de los otros.
Mil gracias Carol por la recomendación <3