Obra con mucha heterogeneidad, categorizada por su autor por su propósito de enseñar cómo es el amor bueno y virtuoso que se debe practicar - pero sin ocultar que para ello puedan enseñarse otros tantos ejemplos de desaconsejado amor loco -, nos propone un viaje nada autobiográfico con muchas paradas y reflexiones en las que el Arcipreste intentará lograr el amor y aprender muchas cosas por el camino.
Ya desde el principio, la literatura medieval no es lo mío y he categorizado a varias obras de este periodo de una forma un tanto insuficiente. También es cierto que requiere un gran grado de peleacon los inicios del idioma castellano, cada cual hará lo que quiera o pueda para salvar este obstáculo. Mucho había oído hablar de esta obra que en todo momento consistía una enorme incógnita para mí y a la que atribuía por falsa intuición una retahíla de consejos de base cristiana. Nada más lejos de la realidad. Baste ya la intención de partida de querer ilustrar el verdadero amor contando todas las formas retorcidas de cómo no practicarlo.
Lo que me he encontrado ha sido un texto que me ha ganado, literalmente, desde sus inicios con su extremada dosis de ingenio (por favor, lean tan solo el breve fragmento de "Disputa de los griegos y romanos" que pueden encontrar en cualquier parte de Internet y que puede que les suene, ¿sabían que venía de aquí?).
He leído un libro que en ningún momento, ni siquiera ahora que lo he terminado, he sabido lo que era realmente. Algo así como una colección de cuentos (buenísimas fábulas, lo mejor del volumen sin duda), hilvanados con reflexiones sobre el amor o la muerte, alguna que otra alegoría (la batalla que se narra en"don Carnal y doña Cuaresma" es impagable) tras un argumento que domina gran parte del libro como son los empeños del protagonista por lograr ¿el amor?. Respecto a esto último, se suceden varios encuentros del protagonista (a la postre llamado don Melón de la Huerta) con mujeres de diversa condición con las que quiere emparentarse - o más bien aparearse, o no se sabe bien -, siguiendo los consejos de don Amor y de una alcahueta Trotaconventos que bien puede ser la futura Celestina.
Este libro, inclasificable, es un viaje por el mero placer de fijarse en el camino. De encontrar algunas piezas de sabiduría, de reírse muchísimo en un libro que tiene unos toques de humor considerables por el primer cómico conocido de la lengua castellana, de pararse a intentar entender qué es el amor y de aprender algunos cuentos muy curiosos. Y sobre todo, un juego mental constante por intentar descifrar quién es este Arcipreste de Hita que escribió todo esto, tan en broma como en serio. Quizás esto nunca lleguemos a saberlo de forma segura. Pero gracias, Juan Ruiz, por escribir algo tan brutalmente genial.