"Morir es un trámite, señores"
A sus ilustrísimas mercedes si tienen a bien dedicarme un momento de su valioso tiempo vengo a traer la reseña de otra maravillosa parte de Alatriste. Voto a Dios que además de mi fanatismo Revertiano, noto que cada libro mejora, en cada libro sabemos y conocemos algo más de nuestros personajes. Aquí volvemos a las calles, a las conspiraciones, a esos duelos con los aceros que terminarán empapados en sangre, a una España llena de miseria. Todo, como no, con la habitual destreza, tesón y el lujo de detalles que su autor, el señor Arturo Pérez-Reverte nos muestra algo más del Capitán Alatriste y a un casi adulto Iñigo Balboa, venido de un Flandes que curtió su espíritu.
Sevilla, 1626. A su regreso de Flandes, donde han participado en el asedio y rendición de Breda, el capitán Alatriste y el joven mochilero Íñigo Balboa reciben el encargo de reclutar a un pintoresco grupo de bravos espadachines para una peligrosa misión, relacionada con el contrabando del oro que los galeones españoles traen de las Indias. Los bajos fondos de la turbulenta ciudad andaluza, el corral de los Naranjos, la cárcel real, las tabernas de Triana, los arenales del Guadalquivir, son los escenarios de esta nueva aventura, donde los protagonistas reencontrarán traiciones, lances y estocadas, en compañía de viejos amigos y de viejos enemigos.
Después de un primer libro que formó una más que perfecta introducción, después abordar la Inquisición y la limpieza de sangre, después de viajar a Flandes, de ponernos en la piel, sudores y sangre de los implacables e imbatibles putos Tercios españoles. En las demasiadas y crueles guerras, necesarias para mantener "vivo" el ya casi decadente imperio español. El maestro Arturo Pérez-Reverte cambia en esta cuarta entrega, cambia de tema y escenario, vuelve a España, a las calles. Para situar la acción de la novela en Sevilla, moviendo una trama en torno al oro y otras riquezas llegadas de las Indias en los barcos. Una trama que va girando hacia una misión de aceros y vizcaínas, con el manto de la noche como capa, con el objetivo de recuperar una partida desviada entre conspiraciones del oro y la plata del Nuevo Mundo.
Rescate organizado y ejecutado por el capitán Alatriste, quien en este libro me ha dejado muy claro que es uno de los mejores personajes que he leído, un hombre al que jamás me atrevería a enfrentarme. Los que os hayáis leído el libro recordaréis una brutal escena en la que tiene que sacarle información a alguien. En pos de conseguir tal objetivo, coge una vela, se quema el brazo, y con su fría y dura mirada cubierta por las sombras, su nariz aguileña, su mostacho, sombrero, capa y aceros, mira fijamente a su presa y le dice:
"—Si esto me lo hago yo, imagina que soy capaz de hacerte a ti."
Brutal, brutal, brutal. El resultado es un charco amarillento y cantar como un pajarito.
Siguiendo un aumento de la emoción que va a más con cada capítulo que pasamos, se narran los preparativos, la elección de compañeros de andanzas, el acecho, la espera, el abordaje y la lucha con todo lujo de detalles, con los aceros brillando, chocando y gritando en sus ansias y hambre de sangre, desembocando en algunos pasajes truculentos. El maestro Reverte usa esta nueva aventura del capitán para ahondar en diferentes aspectos atrayentes para sus lectores, bien lo hace desde un punto de vista crítico, formando un dibujo social de la época como siempre cargado de verdad y realismo. Pero ademas trasladándonos a esa epoca con tal maestría que impresiona, o bien, desde el de la trama, la intriga, la acción y personajes en sí del libro, vamos que engancha sí o sí. Y así una entrega más que alcanza ese nivel sublime, es un libro sOVERbio.
"Si hacemos cuenta que del hombre el primer padre fue un ladrón, la primera madre mentirosa y el primer hijo asesino, ¿Qué hay ahora que no hubo antes?"
Iñigo Balboa, nuestro querido narrador de cada aventura y cada desventura, ya más mayor, nos va narrando el ambiente de esa Sevilla del siglo XVII, de sus costumbres, penurias y pecados. Un retrato social y demográfico muy instructivo e interesante. Describiéndonos el peligroso viaje del oro, la plata y otras riquezas de América, destinadas a pagar las deudas contraídas y las guerras por mantener pegados los trozos de un imperio español en decadencia. Nos habla de esa España tan corrupta, de que parte de esa riqueza por la corrupción no llega al pueblo.
¿Por qué pelea el capitán Alatriste, por qué bandera lucha? Por la paga, por la reputación y por los camaradas. Lo demás son farfolla de pisaverde bocazas. Es callado, y cerrado. Nos muestra su total indiferencia, pero una lúcida indiferencia de alguien que conoce muy bien la vida y la muerte. Y el escaso trecho que hay entre una y otra. Mata para comer, por dinero. Nada que ver con hacerlo por odio o banderas. No es malvado, pero será tan frío como el hielo con esa mirada que no deja indiferente ni al más valiente, ni tiene un pelo de tonto.
"Diego Alatriste seguía moviéndose a través de aquel páramo personal que era su vida, callado, solitario y egoísta, cerrado a todo lo que no fuese la indiferencia lúcida de quien conoce el escaso trecho que media entre estar vivo y estar muerto. De quien mata por oficio para conservar el resuello, para comer caliente. Para cumplir, resignado, las reglas del extraño juego: el viejo ritual a que hombres como él se veían abocados desde que existía el mundo. Lo demás, el odio, las pasiones, las banderas, nada tenía que ver con aquello. Habría sido más llevadero, sin duda, que en lugar de la amarga lucidez que impregnaba cada uno de sus actos y pensamientos, el capitán Alatriste hubiera gozado de los dones magníficos de la estupidez, el fanatismo o la maldad. Porque sólo los estúpidos, los fanáticos o los canallas viven libres de fantasmas, o de remordimientos"
Don Diego Alatriste y Tenorio es un personaje inigualable.
La trama del libro ya vuelve a su cauce original, delimitando los contornos de los dos bandos que están destinados a encontrarse, el de Alatriste, Quevedo, Íñigo, Guadalmedina e incluso Olivares contra Alquézar y Malatesta, se incluye en este bando a ya una Angélica crecida, como Íñigo, al que le vuelve a dar problemas y mortales. Ella ya confiesa su amor por Íñigo, pero ella nunca abandonará a su bando.
Reverte mantiene su tono mordaz, aquí quizás muestra más crudeza al final, cuando los aceros chocan bajo el manto de la noche, su estilo como siempre es muy ágil, descripciones en no pocas ocasiones detalladas alcanzando la perfección, una espectacular documentación y trabajo que tiene detrás, ya solo con el vocabulario de la época, que lo borda. Es lo mejor que hay, no hay nada ni va a haber nada que pueda equipararse a Alatriste, a la pullas y la ironía del autor que nos muestras esta época. Más y mejor, eso es la saga de Alatriste. Para mi esta saga como todo de este autor ocupa el lugar más especial en mi estantería. Es una saga que lo tiene todo, todo lo que me gusta. Encima la mano que los escribe alcanza algo que no muchos autores y autoras han logrado, la perfección. Me deja con muchas ganas de continuar, por otra parte me fuerzo a racionar.
Una saga de aventuras especial y maravillosa, que en la categoría clásica de capa y espada ocupa el número uno. Una saga histórica con una visión implacable pero tambien impecable de la época, que trata sobre la ambición y sobre la motivación humana, entre lances y versos nos hace pensar mucho sobre todo lo que en ellas se nos plantea.
"Patria común, dehesa franca, globo sin fin, madre de huérfanos y capa de pecadores"