Una de las mejores cosas que tiene esta colección Marvel/Salvat es la cantidad de series que conocía sólo de nombre y al menos incluyen un tomo que sirve de muestra de las mismas que permite descubrirlas. Hoy es el caso de Thunderbolts, una idea que podría haber sido algo puntual -un grupo de villanos que se hace pasar por héroes en determinadas circunstancias- pero que ha caracoleado a lo largo de los años en diferentes encarnaciones y momentos, al punto de asemejarse -en mi opinión, al menos- al Escuadrón Suicida de la Distinguida Competencia. Aquí, el momento puntual de la colección que se incluye en el libro, es apenas después de la Guerra Civil que enfrentara a los superhéroes y convirtiera a Iron Man en un personaje bastante fulero e inclasificable que, por una serie de circunstancias previas a este libro, se encuentra en el poder de SHIELD y mandando cazar a todos aquellos antiguos camaradas que no firmaron la polémica ley de registro. Y ahí entran estos Thunderbolts en particular, liderados por un “rehabilitado” Duende Verde, Norman Osborn, quien arma un equipo de personajes más o menos ignotos- Venom, Penitencia, Barón Strucker, Piedra Lunar, Bullseye, el Hombre Radiactivo y Songbird- y salen a cazar superhéroes incluso todavía más desconocidos -literalmente no había escuchado nunca jamás de ninguno de ellos- que se atreven (o quedan en orsai sin querer) a desafiar al actual gobierno totalitario. ¿Y qué es lo que hace esta serie de personajes casi todos poco relevantes en aventuras absolutamente puntuales un must read? La labor inmensa del igualmente inmenso Warren Ellis en los controles, logrando -reitero, con el Suicide Squad de Ostrander bien presente- una obra redonda, donde la machaca está a la orden del día, pero también la tramoya política y las traiciones y conspiraciones entre todos estos nefastos protagonistas. Si sumamos el laburo ESPECTACULAR de Mike Deodato para cada batalla, cada cruce, cada entrevero, cada conversación tensa entre gente jodida, tenemos una gratísima sorpresa dentro de la colección (que ha esta altura puedo reconocer que da tantos dolores de cabeza cómo alegrías), en otra gran demostración del talento todoterreno de Ellis, uno que aprendió que este momento tan peculiar del Universo Marvel bien que daba para sacarle mucho jugo.