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Pero lo más preocupante son las revelaciones de Clarke sobre la falta de interés del Gobierno Bush antes del 11-S. Desde el momento en el que el equipo de Bush entró en la Casa Blanca y decidió mantener a Clarke en su puesto de principal asesor antiterrorista, Richard Clarke intentó convencerles de que debían tomarse a Al Qaeda tan en serio como Bill Clinton. Durante meses le negaron incluso la oportunidad de plantear la cuestión al presidente. Tuvo que vérselas con gente que parecía no haber oído hablar nunca de Al Qaeda, a quienes sólo interesaba Irak, y que defendían desacreditadas teorías de conspiración en relación con una posible implicación de Sadam Husein en ataques anteriores a Estados Unidos.
Clarke gestionó la crisis del 11-S dirigiendo el gabinete de crisis (una escena que se relata aquí por primera vez) y observó consternado lo que ocurrió después. Tras pasar por alto los planes para atacar Al Qaeda que ya existían cuando entró en la Casa Blanca, George Bush tomó una serie de decisiones desastrosas cuando por fin decidió prestar atención a ese tema. Desde la mirada de un hombre conocido por ser de la línea dura contra el terrorismo, Contra todos los enemigos es una fascinante historia de dos décadas de lucha contra el terrorismo, a la vez que una crítica aguda a la administración actual.
Paperback
First published March 22, 2004
September 11 erased memories of the unique process whereby George Bush had been selected as President a few months earlier. Now, as he stood with an arm around a New York fireman promising to get those who had destroyed the World Trade Center, he was every American's President. His polls soared. He had a unique opportunity to unite America, to bring the United States together with allies around the world to fight terrorism and hate, to eliminate al Qaeda, to eliminate our vulnerabilities, to strengthen important nations threatened by radicalism. He did none of those things. He invaded Iraq.
Our nation needed thoughtful leadership to deal with the underlying problems made evident on September 11. Instead, America got unthinking reactions, ham-handed responses, and a rejection of analysis in favor of received wisdom. It has left us less secure. We will pay the price for a long time.