This book is a facsimile of the first american comics ever, "The Adventures of Mr. Obadiah Oldbuck," published in Manhattan, New York City, in 1842. Finding a copy of this comic book whose pages would be as clean as in this reprinting is impossible. After we digitalized several original copies, we selected the best pictures and restored them one by one, sketches, typography and frames separately. However, we abstained from going as far as recomposing the lines of the texts, and drawing some missing parts of the sketches owing to the poor printing quality common to all original copies. Therefore, it is impossible to find an original printing of a better quality than this one.
Rodolphe Töpffer was the son of painter Wolfgang Adam Töpffer, a German emigrant who had settled in Geneva, Switzerland. Unfortunately, due to an eye defect, Rodolphe was initially unable to pursue a career in visual arts like his father. Instead, he devoted himself to literature, writing short texts such as 'La Bibliothèque de Mon Oncle' (1832), 'Nouvelles Genevoises' (1841) and especially, 'Voyages en zig-zag' (1843), accounts of his hiking trips in Switzerland. Töpffer studied in Paris and became a teacher, working in several schools in Geneva, and becoming titular professor of rhetoric at the Geneva Academy of Belles-Lettres. In 1825, he founded a boarding school for boys.
Töpffer has earned most fame for his "histoires en images", picture stories which are considered predecessors to modern comic strips. He created seven titles, 'Histoire de M. Jabot' (created in 1831, first published in 1833), 'Monsieur Crépin' (1837), 'Les Amours de M. Vieuxbois' (created in 1827, published in 1837), 'Monsieur Pencil' (created 1831, first published 1840), 'Le Docteur Festus' (created 1831, first published 1846), 'Histoire d'Albert' (1845) and 'Histoire de Monsieur Cryptogame' (1845). After Töpffer's death in 1846, were posthumously anthologized in the series of volumes titled 'Histoires en Estampes'. A story left unfinished by Töpffer was 'Brutus Calicot', the manuscript of which is kept at the University Library in Geneva. Another publication by Töpffer is 'Essais d'autographie' (1842).
All of his picture stories feature eccentric men caught up in humorous situations. The text is written underneath the images, making these some of the earliest examples of text comics. Distinctively different from a novel, even an illustrated one, historians have crowned Töpffer with the honorable title of being the first genuine comics artist in history. His work is also officially the first European comic strip. Originally, Töpffer drew these comics for the amusement of himself and his friends. One of his comrades, poet Johann Wolfgang von Goethe, liked them so much (especially the 'Faust' parody 'Dr. Festus') that he encouraged him to publish his "littérature en estampes" ("graphic literature"). Unfortunately, the legendary German poet never saw this happen, as he passed away in 1832.
In 1842, 'M. Vieuxbois', translated as 'Obadiah Oldbuck', was the first comic book that was ever published in the USA. It appeared as a supplement to the New York-based newspaper Brother Jonathan by John Neal. 'Monsieur Cryptogramme', that was first published in the French satirical weekly L'Illustration in 1845, caused some locally produced spin-offs. In Germany, Julius Kell made a new text in rhyme to accompany the original drawings by Töpffer, called 'Fahrten Abenteuer Des Herrn Steckelbein' (1865). It was this edition that formed the basis for the Dutch translation, called 'Reizen en Avonturen van Mijnheer Prikkebeen', by J.J.A. Goeverneur in 1866. The version of Goeverneur was also made into a reworked edition of the book with new illustrations by Ben Mohr in 1943. Also, Dutch comics pioneer Daan Hoeksema created a story based on the nephew of M. Cryptogramme, called 'De Neef van Prikkebeen', in 1909. The book publication of this story has been reprinted in Holland well into the 1950s.
As an artist, Töpffer was inspired by William Hogarth, and Töpffer's picture stories have been an influence on many of the early "comic" artists that followed in his footsteps, such as Gustave Doré, Christophe, Wilhelm Busch and Cham.
Considerado el primer cómic, esta obra de 1837, logra hacer muy entretenidos una serie de catastróficos desprecios a nuestro protagonista, donde cada negativa de su enamorada trae situaciones más absurdas que la anterior. Presenciamos el declive de este amor en situaciones rocambolescas, que Topffer logra sin perder el ritmo, de manera pionera para la época y con un diseño secuencial que incluye un texto resumen abajo del dibujo, que se continúa realizando hasta hoy.
Las aventuras de Monsieur Vieux Bois de Rodolphe Töpffer. Pionero del noveno arte.
Indudablemente, me gusta que me sorprendan; pero para que la sorpresa sea agradable se debe conocer a esa persona, saber lo que le puede gustar y cumplirlo; algunas editoriales como Ginger Ape Books & Films parecen entrar en ese círculo de personas ofreciendo un catálogo heterogéneo y ecléctico, además de sorprendente. Su última publicación redunda en estas virtudes, Las aventuras de Monsieur Vieux Bois del ginebrino Rodolphe Töpffer acaba de ser publicado en su colección Ópera Pantagruélica y se puede adquirir en versión papel a un módico precio o bien directamente en versión digital gratuitamente. El prólogo del traductor Rubén L. Conde pone en contexto al autor suizo desde sus orígenes e influencias: “Hijo del pintor y caricaturista Wolfgang-Adam Töpffer, Rodolphe nació en la próspera y cosmopolita Ginebra a comienzos del año 1799. Disfrutó de una infancia sana y feliz, siguiendo la afectuosa guía de su padre, que le inclinó hacia el estudio de las artes. Durante su adolescencia, llegó a conocer y apasionarse por la obra de William Hogarth, que le causó una honda impresión («las expresiones de crimen y virtud que este moralista pintor grababa enérgicamente en los rostros de sus personajes suscitaron en mí esa atracción mezcla de turbación que un niño prefiere a cualquier otra cosa») y le inició, a su propio decir, en el placer de la observación de los hombres, todo lo cual resultaría determinante en su carrera como historietista.” Entrando de lleno en la técnica que utilizó en su momento en la creación de historias, de cómics al fin y al cabo, de lo que llamó histoires en estampes, la autografía le ayudó a este propósito: “Sea como fuere, a su efectiva publicación también coadyuvó una innovación técnica : la autografía, un novedoso procedimiento litográfico (que Töpffer encomió con su habitual sarcasmo –uno de esos descubrimientos que han cambiado la faz del universo y el devenir de la humanidad–, y sobre el que incluso llegó a teorizar) , que le permitía volcar directamente sus dibujos del papel a la piedra, todo a bajo coste, sin participación de terceros (caso del artesano al que se confiaba el proceso y que reinterpretaba las imágenes del autor), sin inversión especular (como ocurría con la litografía) y sin menoscabo alguno de la vibrante riqueza de su trazo (pudiendo conservar los textos manuscritos y evitando de este modo el recurso a los tipos de imprenta).” Hay una referencia igualmente a la labor excelente de la editorial para adaptar las viñetas y, de esta manera, ofrecer al lector una experiencia de lectura muy grata: “[…] ha optado, como ya ocurriera con la primera versión de la casa Aubert, por recajear las viñetas y separarlas con un espacio en blanco variable, eliminando por todo lo demás los cartuchos de texto (que han sido sustituidos por líneas de texto desprendidas y tipografiadas). Los editores justifican esta decisión en el deseo de ofrecer al público español una experiencia lectora renovada (toda vez que la obra de Töpffer no requiere de una puesta en valor demostrativa, a la que ya han procedido otros y mejores),[…]” Lo que es indudable es que recuperaciones como estas ayudan a dar la importancia que merece uno de los pioneros del noveno arte que, hasta ahora, estaba bastante olvidado: “Pero al margen de estas referencias y su recepción desprejuiciada entre artistas e intelectuales de la primera mitad del siglo XX (a los posteriores nos referiremos en las líneas que cierran este libro), lo cierto es que hoy, y pese al proceso de revalorización que experimenta el cómic, pocos son los que conocen la figura de Rodolphe Töpffer, y menos, los que han accedido –o podido acceder– a su obra. Sirva pues la presente para ayudar a reparar el error y rellenar esta inadmisible laguna.” Pero esto son solo letras, es imposible hacerse una idea sin echar un vistazo a la historia que nos ofrece Töpffer, para ello os pongo las dos siguientes páginas: Monje
Monje_Continuación Como bien dice Rubén L. Conde en una especie de postfacio: “En Töpffer, en su obra, encontramos, y advertimos fácilmente, elementos suficientes, y en armónica combinación, del arte que hoy se conoce –al menos, popularmente– como cómic. Y su propio autor, aun cuando utiliza la equívoca fórmula histoires en estampes, aun cuando califica sus propios dibujos de garabatos, sinsentidos gráficos o pequeñas locuras, es consciente de haber creado una nueva forma de narración híbrida, una forma que romperá las fronteras del tiempo y del espacio, y que llegará a obtener, y por derecho propio, la calificación de arte.” Podemos ver la clara secuencia en la acción, cada uno de los textos está unido indisolublemente a la viñeta que describen y, sorprendentemente, los dibujos, esos “garabatos” que buscan más la parodia que la belleza, están cargados de dinamismo, se puede percibir la sucesión de acontecimientos, ese proto-arte secuencial ya desarrollándose desde el siglo XIX, lógico que se fijara en él Chris Ware como también se comenta en dicho postfacio: “Está claro que Töpffer no solo inventó el cómic, sino también al moderno historietista». Quien así se expresa no es un animoso editor, ni un sesudo investigador, ni tan siquiera un deslumbrado aficionado. Es el genial artista Chris Ware , creador de la premiadísima serie The Acme Novelty Library” Es importante subrayar el carácter lúdico de la historia, se relatan las vicisitudes de un amante en el intento de unirse con su amada y lo realiza con un más que inspirado buen humor, un humor que utiliza ya los recursos de la repetición a lo largo del tiempo como podemos ver en las tres siguientes secuencias: Suicidio4
VillanoMojado
MonjesEnterrados
En la primera de ellas vemos el cuarto intento frustrado de suicidio por no poder conseguir a su amada, es una escena que, además, vuelve a mostrar la forma en que se viste, recurso repetido, en varias ocasiones igualmente. Lo mismo podemos decir de las dos siguientes escenas, en una alterna al villano atrapado en un molino de agua mientras está sucediendo una escena bucólica y pastoril entre los dos amantes,; lo bueno es que, hasta que se libera, este paralelismo irá sucediendo llevándolo al límite en el contraste. Lo mismo sucede con los monjes que él mismo entierra. La lectura de esta manera consigue sacarte sonrisas además de poder admirar la técnica del autor, como bien dice Conde: “Y es así que su grafismo, su ritmo y recursos narrativos, sus planteamientos compositivos, los códigos y estructuras de su lenguaje visual; amén de sus personajes, su (anti)heroicidad, vicisitudes y caprichos; su comicidad argumental y giros satíricos; sin olvidar la especulación que subyace a todo este fabuloso ejercicio, imponen a la obra de Töpffer una legibilidad extemporánea, le otorgan, con admirable anticipación, carta de naturaleza presente” En efecto, estamos hablando de un cómic que anticipa muchos de los recursos y planteamientos de siglos posteriores convirtiéndose por derecho propio en un verdadero hallazgo: una lectura gozosa por la diversión que nos ofrece. Los textos provienen de la edición y traducción/adaptación de Rubén L. Conde de Las aventuras de Monsieur Vieux Bois de Rodolphe Töpffer para Ginger Ape Books & Films
I read this for a bingo square, to read a book that was first published more than 100 years ago. As I'm completing the board with only graphic novels, I wasn't really sure what I was about to get myself into. Aside from the gratuitous use of suicide as a point of humor and the lethargic prop that was his "beloved", this book was surprisingly diverting.
An English translation of this German work is considered be be the first comic book to ever be published in the US. I expected it to be an interesting historical document, so I read it out of a sense of obligation and completionism.
What I did not expect was to wholly enjoy it. The understated, matter-of-fact narration contrasts hilariously with the goofy art and the increasingly bat-shit story. I seriously can't even begin to recount all of the absurd plot points in this thing. Ridiculous in the best way.
Rudolphe Töpffer is 'the father of modern comics'; The Adventures of Mr. Obadiah Oldbuck is arguably the world's first comic book. But, even if one is a proponent of "first is not always the best"-ism, what makes this book special is the story itself!
The humor in it is uniquely medium-specific, and its story illustrates just how many complications (each motif even repeats itself multiple times in hysterical ways) can be fit into a book of some 50-odd illustrated pages. He uses a loose-plot format, full of accidental adventures and unheroic actions, but still manages to maintain continuity from start to finish, so that all the sub-plots and characters are rendered meaningful and relevant, even though the time-scheme itself feels haphazard and ambiguous.
You can read the original 1841 english translation of the publication on the website of Dartmouth College’s Library. http://bit.ly/1C8G9Uk
I didn't expect to find this as amusing as I did. A good example of how humor from before any of our lifetimes can still make you smile despite vast differences in culture. The humor was pretty ridiculous and silly, but that's usually something I go for. Because of the sequential nature of the story, this is the closest we can come to a moving picture from 1842 when carriages not cars were the main transit and the countryside was vast and full of people to poke fun of. Great fun!
I liked this wacky book with its silent-movie logic, the goofy speed of its narrative, and the care taken by the artist to embellish the details (especially the protagonist's dog). This is apparently the first comic book.
It is somehow out-of-date but that is exactly what makes it appealing, I think. It is supposed to be funny but there are enough creepy moments to give you a strange feeling.