4 Estrellas. Estaba tardando en leer este libro, y es de esos que probablemente lleva años entre mi lista de pendientes. Por fin le he dado la oportunidad, y ha sido un acierto de lectura.
De Anne Stuart puedo decir que tiene libros y libros, algunos son un truñaco, pero cuando sabe hacerlos buenos, son buenos; y ése ha sido el caso de “El vals del Diablo”. No puede decirse que sea una joya, pues si hay que profundizar diría que la historia es bastante normalita, y en cierto modo harlequinera, no en vano vemos qué editorial la ha publicado, pero a eso iré más adelante.
“El vals del Diablo” es una historia algo tópica de la regencia inglesa. La protagonista Annelise Kempton es una dama de buena familia venida a menos, tiene su clase social, su educación, pero nada de dinero; y por si fuera poco, su aspecto físico no ayuda a la hora de elegir marido, así que con casi la treintena está abocada a ser la tía solterona que vive de la generosidad de sus parientes. Pero gracias a su madrina, puede conseguir algo de dinero que la permita independizarse de una manera discreta: hacer de dama de compañía o cicerone, de una jovencita venida del campo, cuyo padre es un rico comerciante, decidido a que su niña se case con un título.
Así es como Annelise acepta el encargo de introducir en sociedad a la mimada y caprichosa Hetty Chipple, cosa que no será nada fácil. Hetty es vanidosa, egocéntrica y no duda en hacérselas pasar mal a su actual chaperona, y por si fuera poco, Hetty tiene las miras puestas en quien menos debería haberse fijado, el canalla Christian Montcalm, un crápula desalmado y sin un céntimo, a pesar de ser heredero de un vizcondado, pero famoso por su libertinaje.
Sí, así es Christian Montcalm, un protagonista masculino que realmente es lo que aparenta su personaje. A mí personalmente los libertinos no me gustan, ni me llaman la atención, pero hay veces que si el personaje está bien creado o estructurado, me los creo o me gustan, y éste ha sido el caso de Christian. Es un libertino y un canalla, lo sabe y alardea de ello, y su fama de peligro atrae a las mujeres como polillas a su cama. Hasta que su tío fallezca, Christian no puede optar a su título, y en éste tiempo no tiene dinero, y lo necesita desesperadamente para seguir llevando a cabo su vida disoluta y sus apuestas. Así es como Christian pone sus miras en la bella y caprichosa Hetty, por supuesto no la quiere ni por su belleza, ni por sus encantos, si no por su dinero.
Annelise sabe que Christian quiere casarse con Hetty por su dinero, y con la fama que éste tiene, pone todo su empeño para desbarajustar los planes del libertino hacia su protegida. Ahora es cuando me llego a lo que más me ha gustado: la guerra dialéctica que se crea entre los personajes. Ha sido una delicia leer los reproches, pullas, e insultos que se lanzan el uno al otro, y a pesar de ello, ver la química que nace donde no debería haberla, pues si te paras a pensarlo, ambos protagonistas no pegan nada, hasta que estalla el debido romance entre ellos, y ves que realmente es juntos como deben estar.
En el fondo el romance no me ha parecido como para tirar cohetes, pues tarda bastante en desarrollarse, y la verdad es que la actitud de Christian no ayuda demasiado; pero repito, lo mejor han sido los diálogos de ellos dos.
Dividiría el libro en dos partes, una primera donde se va desarrollando la relación de tira y afloja de los protagonistas, y una segunda donde se complica la trama y empieza a surgir el romance. Pese a que la segunda parte ha estado muy bien llevada, me ha gustado más la primera, cuando empiezan los insultos entre el canalla y la dragona. Admito que me lo he pasado muy bien leyéndolos.
Así que ha sido una lectura muy atractiva y entretenida, que creo gustará bastante a las fans del romance histórico de Regencia. Como he dicho más arriba, éste sí es uno de esos libros de Anne Stuart que merecen la pena.