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552 pages, Paperback
First published January 1, 2000
“…al décimo cigarrillo sin hablar de Leiria o de la edad o de enfermedades, sin ningún beso ni brazo cogido del mío puesto que todos los desconocidos me parecían vecinos que también se entretenían con silencio y mariscos… al décimo cigarrillo en el que se apagaron noviazgos con el tacón volvimos a Alcoitao cada cual es su asiento de autobús, él todo agobios junto al conductor, yo más atrás pensando en mi abuela y Leiria imposibles, la cama con dorados, tal vez un perro, por qué no un perrito que alegre la casa, muebles elegidos por mí, una alianza con el nombre y la fecha y me dieron ganas de llorar, los agobios junto al conductor y Leiria de nuevo, muebles lacados, un pequeño patio, el perro… los agobios bajaron antes que yo cuando las farolas de la calle crearon la noche y balcones encendidos, la puerta chirrió al cerrarse llevando consigo la alianza y el perro…”Palabras al revés o cortadas, palabras que se omiten en medio de una frase, letras que no aparecen en medio de una palabra, frases que se repiten dos párrafos después, frases que niegan otras frases, puro Lobo, que van recogiendo recuerdos, fantasías, sueños, mentiras, miedos, peligros, advertencias, catástrofes, penurias que convergen en la invención o en la imagen de la ceniza de un puro o en una cucharada de sopa. Figuras que quedan atrás o en los lados, el presidente Krüger, yugoslavos, negros, árabes, el psicólogo, el médico cerca de las rodillas de la hermana, la enfermera cerca de su padre, el abogado, el judío, el chofer, el jardinero, las criadas acechando tras las cortinas, limpiando lo ya limpio, ordenando lo ya ordenado…
“… la gratitud, Dios mío, el teatro de los pobres… esa forma que ellos tienen de retorcerse entre cólicos de disculpa… no se preocupan los unos por los otros, en eso son diferentes de nosotros…ni una lágrima, ni una queja, pobres, no se dan cuenta, no sufren como nosotros, no sienten a veces…me pregunto si tendrán alma… nuestra burrada es que las tratamos como personas y no son personas, como nuestras iguales y no son iguales, casi criaturas de Dios, casi parientes, casi amigas y no son criaturas de Dios ni parientes ni amigas, faltas de educación, decepciones, disgustos, no reconocen lo que les damos, la generosidad, la paciencia y ellas para colmo hablan mal de nosotros después de robarnos, se ríen sin causa y lloran sin motivo…infelices a quién mi abuelo no miraría un segundo…”Y, por supuesto, María Clara, Clara, Clariña, el hombre de la casa, hija, nieta, hermana, esposa, quién sabe qué más, inventando tantas cosas en el diván del psicólogo, “mi madre tal vez, mi padre sin duda”, escribiendo en su diario antes de que llegue su marido, el hijo acostado, lo que ocurrió segundo a segundo en los últimos diez años, fabricando pasados en los que sentada en la mecedora del desván, hurgando en baúles, en el bolso sobre el arcón, empezando a saber, detestando las camas sin hacer, las cremas sin tapa, maleducada, caprichosa, “al fin y al cabo no somos pobres, no debemos en la carnicería, no nos han cortado la luz y nos respetan”, modales de criada, “¿Te has dado cuenta de lo fea que eres?”, su hermana es otra cosa. Mintiendo.
“… mi madre y mi padre me duelen por dentro, mi hermana me duele por dentro, yo me duelo por dentro y por dolerme por dentro invento sin parar esperando que imagine que invento y en cuanto imagine que invento y no crea en mí me vuelvo capaz de ser sincera con usted…”Todo emerge como de un sueño, de un delirio, con la sorpresa de que nada pasó como creían, una pesadilla de dibujos en 3D llenos de puntitos aparentemente sin sentido que de pronto, en un segundo, algo hace click en la cabeza y todo se reordena para mostrarnos lo que no ocurrió, lo que nunca debió ocurrir, lo que, a pesar de todo, ocurrió y no ha terminado.