Quieran vuestras mercedes conocer por esta esforzada recensión de la importancia del Amadís de Gaula para la literatura. Para la industriosa industria de la edición. Para la cultura del pueblo. Para la literatura de fantasía.
Desde que leyera la magnífica introducción al Amadís hecha por el bachiller Arturo Souto el joven quedé enamorado con la idea de este libro. Pero yo medroso de carecer de entendederas para una obra de cinco siglos no llegaba al atrevimiento de leerla. Hasta que hallé una edición con el castellano actualizado que esclareció para mí lo que antes eran temores. Huelga decir, mercedes, que mi idilio con esta obra se mantiene lozano y puro.
Ésta es la historia del mejor caballero del mundo. La historia de un fermoso doncel, nacido prodigiosamente, señalado por el sino para triunfar en los hechos de armas que a él le acaeciesen y siempre fiel al amor cortesano a su dama, la sin par Oriana. Amadís es un héroe perfecto, modelado de la forma que Maese Campbell señalara que son todos los héroes del mundo. Amadís sueña con fe lo imposible. Amadís vence al invicto rival. Amadís sufre el dolor insufrible. Amadís tiene ideales por los que moriría. Amadís ama con pureza y bondad. Amadís sería capaz de defender la virtud aunque debiera el infierno pisar.
La novela de caballerías resulta una iteración clave en la transmutación de las grandes épicas hacia la literatura popular. Por el contexto en el que fue escrita, también es un abandono a las formas del héroe medieval, el trágico y taciturno guerrero para sustituirlo por un dechado de hermosura que llora y se desvanece tanto como pelea y mata. También, es menester mencionar que el que el autor-refundidor de la obra, Garci Rodríguez de Montalvo, cambió por completo el final de la obra: de una tragedia a tono con la normalidad de la épica, fincó ésta es una conclusión más acorde a la sociedad de finales del S. XV que daba paso a la Edad Moderna.
Sepan vuestras reales mercedes que disfrutar de la experiencia de lectura de este clásico tiene sus más y tiene sus menos. Más allá del estilo digresivo (del que nos puede salvar una edición “afeitada” de los episodios que nada hacen por la trama) y de las expresiones en el castellano que escapa a nuestros siglos (que también puede ser salvo con una edición actualizada), algo que dificulta un poco la lectura es la repetición de episodios semejantes y la sarta de personajes nuevos carentes de personalidad (Souto llamase a sus nobles “Reyes de Baraja”). Esto es especialmente vero en las primeras aventuras de Amadís, llamado por entonces el Doncel del Mar. Es mi parecer que el libro no resulta disfrutable hasta la aparición del nefando enemigo de nuestro héroe, el oscuro hechicero Arcalaús. Y de ahí la novela se desliza con frenesí y pasión por episodios verdaderamente descollantes.
Para animar al lector diré que las escenas de batalla son tan vívidas y tan claras que la emoción con la que son contadas nos recuerda mucho a los descollantes combates que nos narra el caballero Brandón, el mormón originario de Yuta; pero hallo más parecido a la viveza y al llamado a la acción clara, pincelada y violenta de las historias del caballero de Tejas con su barbarísimo Conán. Ahora, que si buscamos en la ficción fantástica de nuestros días algo que nos recuerde de forma estilística el arte caballeresco debemos ir a la ficción de Don Martín, el avejentado y magnífico caballero nacido en la Nueva Bayona y avecindado en la misión de Santa Fe. La ficción de Don Martín cuenta desde una perspectiva realista un mundo parecido al ambiente en el que se escribiese el Amadís, pero no un mundo idealizado como el que éste retrata. Puesto que, el Amadís se escribió en un mundo en el que las caballerías iban muriendo ante la consolidación de los Estados Nacionales y el surgimiento de la burguesía y es una especie de -er- throwback a una edad de oro de la caballería que nunca existió. Don Martín nos cuenta en su Canción del Hielo y del Fuego un mundo en el que este ideal viene en picada sepultado ante los conflictos intestinos de un Reino, y en sus novelas de Dunk y Egg se retrata más o menos cómo habría sido el arte caballeresco en su edad de oro pero de una forma realista, aplicando la subversión que le caracteriza.
Sea cual fuere la conclusión, a este escribiente le parece que es más importante divertirse descubriendo las añejas raíces de esta obra y seguir con sus tallos y sus fojas a través de los siglos para traernos a la ficción de fantasía que conocemos el día de hoy. Antes quería creer que podía establecerse una relación clara entre las novelas de caballería y los portentos de la fantasía épica que comenzara en Oxenaforda, pero estaba errando el camino. La novela de caballerías llegó a nuestros días por otro camino. En concreto, es más fácil hallar su heredad en las historias llamadas de Espada y Hechicería.
La influencia comercial e histórica del Amadís es incalculable. Reyes y Emperadores trocaron fascinados con su lectura. Torvos inquisidores nunca la prohibieron por no considerar hereje el escapismo. Una caterva de imitadores creó todo un género a sus espaldas. En la secuela Montalvo se inventó el nombre de California. Extremeños conquistadores vinieron a la América enfebrecidos con su lectura y creyéndose Amadíses. Y un caballero de Alcalá, un veterano de guerra con la mano entelerida por luchar contra los infieles creó la que quizá sea la novela más acabada de todos los tiempos esencialmente como una parodia de este libro. Por si no lo sabéis, la sátira trata de un hombre apellidado Quijada o Quesada que vivía en un lugar de cuyo nombre el autor no quiso acordarse.
Por estas razones y por otras más que han sido escurecidas a mi memoria, debe ponerse al Amadís en alto escalafón para considerarse una de las novelas más importantes jamás escritas.
Gaudete.