Mi intención al leer este libro era aprender sobre la historia de Guatemala. Aprendí mucho más que eso. Bitter Fruit no es nada más un libro de divulgación histórica, sino una investigación sobre la democracia en Guatemala que se sostiene fundamentalmente en las comunicaciones internas de la CIA, el State Department de los Estados Unidos y la United Fruit Company, es decir, los directores de orquesta de las dictaduras militares que al momento de publicarse el libro llevaban tres décadas reinando con terror.
El libro también es una historia documentada acerca de cómo la CIA dicen *lo que quiera sobre cualquier cosa*. Es una historia de manipulación masiva, de chantaje, de asesinatos, genocidios, trampas, mentiras, todo en defensa de una clase explotadora y minoritaria. ¡Y todavía hay quienes piensan que hoy son un árbitro de la verdad internacionalmente! Sabemos, por el caso Guatemala y decenas de otros, gracias a documentos oficiales, filtrados y desclasificados, que su trabajo histórico ha sido mentir una y otra vez acerca de los enemigos del imperio para saquear a sus países. El (ultimadamente fallido) golpe de estado en Bolivia, 2019, es uno de los casos más claros para nuestra época. En Venezuela, que apenas sobrevive un estado de sitio internacional desde hace casi una década, la oposición encontró en Juan Guaidó a su propio Gral. Castillo Armas. Se siguen utilizando incluso los mismos órganos denunciantes que en Guatemala hace 70 años. ¿Qué credibilidad se supone que tiene la OEA, incluso ignorando su rol en Guatemala, después de organizar la invasión a la República Dominicana en el '65? Los hemos visto *destruir* democracias una y otra vez, ¿pero ESTA VEZ tenemos que creerles?
La descripción del papel de los medios es donde el libro de Schlesinger y Kinzer de verdad se luce. Guatemala nunca fue infiltrado por comunistas. Arbenz no era ningún cripto-marxista. La Unión Soviética no tuvo *ningún* papel en toda la disputa. No hubo las defecciones en masa contra Arbenz que se reportaban, ni el ejército de Castillo Armas luchó más que un par de batallas ni se acercaba a la capital ni tomó más que un par de pueblos fronterizos, ni eran miles de rebeldes creciendo en masa exponencialmente sino algunos cientos de mercenarios. En el clímax del libro, David Atlee Phillips se sorprende cuando Arbenz anuncia su renuncia en la radio. ¡Estaba seguro de que estaba a punto de anunciar su victoria! ¡La operación había fracasado! Sabemos que la CIA colocó bocinas en la Ciudad de Guatemala para emular el sonido de bombardeos, ¡y funcionó!
Todavía los "politólogos" más patéticos y reaccionarios de nuestra época sostienen este tipo de mitos, pero a falta de una potencia socialista, ahora acusan al "imperialismo cubano" de ser el titiritero de todo el descontento social en nuestro jodido continente. Ténganles miedo. Esa misma mentira fundamental fue la clave del genocidio en Guatemala, en Indonesia, de las dictaduras y matanzas en *todos* los países de América Latina. Cosas malas suceden en todos lados, pero hay una regla muy sencilla que ayuda mucho a discernir la verdad: cuando la única fuente sobre alguna atrocidad en un país enemigo de los Estados Unidos es la CIA, o un órgano de la CIA, la noticia es falsa. En Guatemala se usaron fotos de muertos en Indochina y víctimas del propio Castillo Armas para denunciar a "los crímenes del regimen de Arbenz" al mundo. Hoy en día, cuando Estados Unidos contempla su retirada de Afganistán, fuentes anónimas dentro de la CIA filtran una historia falsa sobre Rusia poniéndole precio a las cabezas de sus soldados, y en seguida se cancelan los planes anteriores. Tiempo después, cuando los reflectores se les quitan de encima, admiten que era una historia sin sustento. Este tipo de cosas no las tenemos que adivinar. Sabemos cómo funcionan, sabemos que no son confiables, sabemos que nos va a llevar la chingada el día que nos pongan el ojo encima.
Léanse el libro, lean las fuentes que cita (muchas veces disponibles en los propios archivos abiertos de la CIA). Sean tantito críticos con los medios que consumen, que no es pedir mucho. Kinzer y Schlesinger son dos liberales de Nueva York con mil conexiones al establishment demócrata, con trabajos cómodos en los periódicos más grandes del mundo... pero el buen periodismo se reconoce por lo que logra, por el trabajo de investigación, no por la mera reputación. El libro da mil ejemplos de Time, Life, el propio New York Times, y los demás gigantes del periodismo mintiendo a favor de una agenda imperialista. Y el que hayan hecho un buen trabajo aquí no los hace infalibles... después de publicar este libro, Kinzer cumplió en Nicaragua el mismo papel que la gente de Bernays tuvo en Guatemala. El gran logro de Bitter Fruit es que ve más allá de los sesgos ideológicos de sus autores para cumplir su labor como reportaje histórico de calidad, comprometido con la verdad.
Y ahora pienses: si Estados Unidos estuvo dispuesto a hacer todo esto por Guatemala, un paisito feudal de mierda que nunca salió de su esfera de influencia, con líderes pequeño-burgueses moldeados por ideales americanos, por unas reformas tibias que no llegaron a dañar a las compañías bananeras tanto como el mismo Departamento de Justicia gringo... ¿qué tanto creen que mienten sobre sus enemigos reales, los que de verdad son o fueron amenazas?