Tokyo, 1912. The closed world of the ancient aristocracy is being breached for the first time by outsiders - rich provincial familes, a new and powerful political and social elite. Kiyoaki has been raised among the elegant Ayakura family - members of the waning aristocracy - but he is not one of them. Coming of age, he is caught up in the tensions between old and new, and his feelings for the exquisite, spirited Satoko, observed from the sidelines by his devoted friend Honda. When Satoko is engaged to a royal prince, Kiyoaki realises the magnitude of his passion.
Yukio Mishima (三島 由紀夫) was born in Tokyo in 1925. He graduated from Tokyo Imperial University’s School of Jurisprudence in 1947. His first published book, The Forest in Full Bloom, appeared in 1944 and he established himself as a major author with Confessions of a Mask (1949). From then until his death he continued to publish novels, short stories, and plays each year. His crowning achievement, the Sea of Fertility tetralogy—which contains the novels Spring Snow (1969), Runaway Horses (1969), The Temple of Dawn (1970), and The Decay of the Angel (1971)—is considered one of the definitive works of twentieth-century Japanese fiction. In 1970, at the age of forty-five and the day after completing the last novel in the Fertility series, Mishima committed seppuku (ritual suicide)—a spectacular death that attracted worldwide attention.
Parece que para el amor existe un idioma universal, no menos de eso puedo llegar a creer después de terminar esta obra de Mishima.
Cuando se busca autores de otras latitudes, especialmente orientales, uno espera encontrar otros sonidos, aromas, lógicas y ritmos. Con Mishima sucede esto, esas narraciones sobre la historia y tradiciones de Japón, esas pausas, para describir quizás cuestiones no trascendentes con la trama, pero que otorgan una belleza, simbolismo y singularidad propia a esta obra. La historia de amor en sí se ve atravesada por todo el contexto de su tiempo. Los personaje secundarios, e historias paralelas le dan un mayor realismo. Quitan ese sentimiento, tan fuerte y atractivo, pero irreal, de las historias de amor apasionadas que hacen parecer que no sucede nada más.
"La pérdida es la fuente necesaria de una nueva manifestación".
Más que la historia de un amor prohibido, es la historia de personajes que solo se encuentran felices en la dificultad y por tanto la provocan para recrearse en esa especie de penitencia. Las descripciones son bellísimas y construyen un ambiente opresivo de pasión creciente.
Al principio Nieve de primavera no me enganchó del todo. Me mantenía ahí, eso sí, porque la prosa de Mishima es hermosa, casi poética. Tiene una manera de describir sentimientos, lugares y momentos con tanta delicadeza que terminas atrapado por pura belleza.
Hubo un punto en la historia en que todo hizo clic, y desde ahí no pude soltar el libro. Dejé de leer otras cosas solo para saber cómo terminaba. Entendí perfectamente el sentimiento de Mishima: ese orgullo de ser japonés, la idea del honor, las buenas costumbres, y la sensación de pérdida ante la occidentalización. Lo refleja con fuerza —esa melancolía de un país que ya no se reconoce a sí mismo.
La historia de amor entre Kiyoaki y Satoko me pareció trágica, al estilo de Romeo y Julieta, pero con una profundidad distinta. Mishima muestra cómo en su cultura el amor no puede vivirse libremente; el deber y la forma siempre pesan más. Para un occidental sería fácil decir “amo a esta persona y voy a estar con ella, y ya está”, pero en este contexto no es posible. Me fascinó cómo logró transmitir ese modo de sentir japonés, tan contenido, tan diferente al nuestro.
Los giros de la trama me sorprendieron y el final me pareció seco, directo y perfecto en su crudeza. Me dejó con una sensación de vacío, pero también con curiosidad por lo que sigue. Quiero saber qué más me espera en los siguientes libros de la tetralogía.
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**SPOILERS** At first, Spring Snow didn't completely grab me. It kept me there, though, because Mishima’s prose is beautiful, almost poetic. He has a way of describing feelings, places, and moments with such delicacy that you end up trapped by pure beauty. There was a point in the story where everything clicked, and from then on, I couldn't put the book down. I stopped reading other things just to find out how it ended. I perfectly understood Mishima's sentiment: that pride in being Japanese, the idea of honor, good manners, and the sense of loss in the face of Westernization. He reflects this powerfully—that melancholy of a country that no longer recognizes itself. The love story between Kiyoaki and Satoko seemed tragic to me, in the style of Romeo and Juliet, but with a different kind of depth. Mishima shows how, in their culture, love cannot be lived freely; duty and form always weigh more heavily. For a Westerner, it would be easy to say, "I love this person and I'm going to be with them, and that's that," but in this context, it's not possible. I was fascinated by how he managed to convey that Japanese way of feeling, so contained, so different from ours. The plot twists surprised me, and the ending felt dry, direct, and perfect in its rawness. It left me with a feeling of emptiness, but also with curiosity about what comes next. I want to know what else awaits me in the remaining books of the tetralogy.
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Una historia de amor llena de melancolía. Mishima destaca en su perspicacia psicológica y la elegancia de su prosa. Nos mete en la mente y el corazón de sus protagonistas, sobre todo en la vida interior del joven Kiyoaki, cuyas peripecias emocionales forman la base de la novela. Las observaciones detalladas tanto de la naturaleza como de los estados cambiantes de Kiyoaki descubren una sensibilidad exquisita que hace que nunca te canses de la voz narrativa. La imaginería poética a veces te deja sin resuello por su belleza
Qué tiempos cuando estar aterrorizado por el declive de tu sociedad te llevaba a escribir esta preciosidad, intentar dar un golpe de Estado de forma cutre y hacerte el harakiri, en vez de hacerte un podcast en el que ser un incel llorón.
La edad de las guerras gloriosas terminó con la era Meiji. Hoy todas las historias de las guerras pasadas han sido reducidas al nivel de los relatos que oímos a los suboficiales de mediana edad en el colegio militar, y las exageradas narraciones bélicas de los granjeros alrededor de la lumbre. Ahora no hay muchas oportunidades de morir en el campo de batalla. Pero ahora que las antiguas guerras han acabado, ha dado comienzo una nueva era: la de las emociones. Una clase de guerra que no se puede ver, sólo sentir. Una guerra, por tanto, que los estúpidos y los insensibles no advertirán. Pero ha empezado en serio. Los jóvenes elegidos para hacer esa guerra han empezado ya la pelea. Y tú eres uno de ellos. De eso no hay la menor duda. Y lo mismo que en las guerras antiguas, habrá también bajas en esta guerra de emociones, creo yo. Es el sino de nuestra edad, y tú eres uno de nuestros representantes. ¿Qué dices a todo esto? Tú estás resuelto a morir en esta nueva guerra, ¿no?
Se puede decir que la caída de nieve durante la primavera es un fenómeno natural tardío; es un momento en el que los factores involucrados no se sincronizan a su debido tiempo. Para quienes no lo sepan, Japón no se abrió al mundo moderno –y occidental– hasta la Era Meiji (1868-1912); mientras tanto, el país había permanecido hermético por casi 300 años. Japón, al igual que la nieve de primavera, entró al mundo moderno muy tarde, pero hasta el día de hoy sigue siendo una de las naciones que arrasan en cuestiones tecnológicas y económicas, sin perder de vista sus tradiciones, costumbres y su pasado glorioso. Yukio Mishima vio en esta entrada a Occidente un declive moral para la sociedad japonesa, una corrupción espiritual y mental. Es por ello que en Nieve de primavera se presenta este contraste tan fascinante como el que sucede cuando cae la nieve al inicio de primavera.
La trama –que igual comienza a atrapar al lector en un momento tardío de la novela–, se asemeja a aquellas historias románticas Europeas –no pude evitar compararla a momentos con Anna Karenina o La edad de la inocencia: un amor prohibido entre un joven indiferente y una doncella que es prometida a un Principe Imperial. Pero lo que destaca sobre aquella historia banal y mil veces narrada son las descripciones de Mishima, las cuales no serían nada novedosas si es que el lector no supiera que está leyendo una obra ambientada en el Japón del siglo XX. Así, entre juegos de tés y salones occidentales, hacen su aparición indiscretas geishas y abadesas budistas; Mishima dibuja con todo cuidado aquella occidentalización a la que se vio inmerso el País del Sol Naciente en un momento cumbre no solo para Oriente, sino también para Occidente. Se cuestiona también el papel del samurai en el mundo moderno, la maldad vista a través de las personas que se fascinan por ella, el conflicto ideológico que también surge entre las diversas culturas que componen el Lejano Oriente y sobre todo la responsabilidad y deber que guarda uno hacia sus raíces ancestrales.
Al igual que las otras obras que he leído sobre él, esta colisión de cuerpos -Oriente y Occidente, pasado y progreso, invierno y primavera– sirve para mostrar la dualidad que existe en el alma humana, y que también se manifiesta en el mundo que nos rodea. Aunque la historia principal es aquella de Kiyoaki y Satoko, la relación que romperá las barreras del tiempo, la vida y la muerte, no es otra más que la de Kiyoaki y Honda Shigekuni: la razón y la emoción. Mishima es un maestro en aquel juego de opuestos y reflejos, dibujando un juego sutil, hermoso, pasional y a la vez trágico; parece ser que da a entender que el pasado glorioso de Japón se irá borrando de la memoria "copo a copo, nieve de primavera bajo el sol".
"A graceful death—as a richly patterned kimono, thrown carelessly across a polished table, slides unobtrusively down into the darkness of the floor beneath. A death marked by elegance."
Mishima en una oración:
"Una muerte graciosa, como un kimono rico que arrojado sobre una mesa pulida se desliza sin encontrar ningún obstáculo hasta la obscuridad del suelo. Una muerte marcada por la elegancia."
Lo que más me ha gustado del libro es la forma en que se construye el espacio, dándole cierto refinamiento y una delicada belleza, transportando al lector directamente al cuadro que pinta la narración. Sin embargo, la historia principal fue un poco absurda y melodramatica para mi gusto, pero aún así, Honda me ha parecido un personaje entrañable, uno de esos marginados que suelen sentirse fuera de lugar y con los que logro vincularme rápidamente.
Kiyoaki es el hijo de los Matsugae y Satoko la hija de los Ayakura, dos familias amigas de Tokio. Ambos se conocen desde niños y Kiyoaki está acostumbrado a la bella Satoko, que está enamorada de él. Sin embargo, esto parece incluso molestar a Kiyoaki, que prefiere contemplar a otras chicas, estar con su inseparable amigo Honda o hasta pasar tiempo con geishas. No es hasta que uno de los príncipes imperiales del Japón decide prometerse con Satoko cuando Kiyoaki comprende que ama desde siempre a la joven. En ese momento se produce una relación peligrosa entre ambos, evitando ser vistos juntos con la ayuda de sus criadas, que pasan a ser unas perfectas celestinas. El escándalo llega a las familias cuando se descubre que Satoko está embarazada de Kiyoaki poco antes de la boda. Ella se recluye en un templo budista, haciendo un juramento de no ver jamás a Kiyo, mientras que este, en sus intentos de verla por última vez, muere de una neumonía.
Una novela muy amena de leer, que durante la trama mantiene siempre un hilo constante de interés sin altivajos, pero que el final llega como un verdadero mazazo. Esta es la primera entrega de una tetralogía, "El mar de la fertilidad", y uno imagina que será dedicada a los dos jóvenes enamorados y descabellados. Sin embargo, la muerte de Kiyoaki —anunciada en la última frase de la novela— deja la historia de ambos y la reclusión de Satoko en el convento con su promesa como una auténtica novela trágica, fría, real y dura.
Es interesante ver cómo cambia el caprichoso Kiyoaki a lo largo del relato. Sabe que Satoko lo ama, pero al tenerlo asegurado lo desprecia, quiere probar nuevas aventuras y experiencias, como ir con su padre a visitar geishas. Satoko es mucho más madura que él y Kiyo, que también lo sabe, restrega a Satoko sus experiencias con las geishas como un infantil ataque para demostrar su hombría e incluso su "madurez". Cuando se entera del enlace entre ella y el príncipe Imperial todo cambia. Se da cuenta del amor que en el fondo siempre sintió por Satoko y decide recuperarla, de forma egoísta y poniendo en peligro a la joven y a su criada, la vieja y leal Tadeshina.
Por otro lado está la denuncia de Mishima de la decadencia de la sociedad nipona, urgente de occidentalizarse a principios de siglo XX. Son constantes las alusiones al estilo de vida, la vestimenta y la decoración hogareña de las familias protagonistas, cada una con un mayor o menor impulso a imitar lo occidental. Las descripciones y metafóras de la naturaleza tan características en Mishima son permanentes.
Una novela que me gustó durante toda la lectura, pero que el final deja a uno totalmente traspuesto. Tengo curiosidad por ver cómo continúa la tetralogía, porque me ha descolocado por completo. Pero estas historias con giros y finales inesperados, cortantes y helados son las que dejan a uno mella. Cuando uno termina esta novela, y analiza la historia de amor entre ellos en retrospectiva, se da cuenta de lo que ha logrado Mishima con ella. Cuántas historias de amor no contadas —sobre todo en literatura— no habrán sido tan desgraciadas como esta...
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El concepto de la estética en oriente suele diferir del occidental, máxime cuando está trabajado por un autor como Mishima, con una intencionalidad de volver a valores de tiempos pasados. No me considero del todo ajeno a la cultura japonesa, al menos en el ámbito popular de las últimas décadas. Por eso me ha sorprendido tanto al sentirme tan deshubicado con las pretensiones de esta obra.
Es cierto que había escuchado que Mishima tenía un concepto de estética que enarbolaba el sufrimiento y la desesperación como la culminación de la pureza, la belleza en la llama porque consume todo lo que se le acerca y tiene un final abrupto.
En esta obra esto se representa con un protagonista que más que hedonista en occidente parecería frívolo. Alguien que no sabe lo que quiere hasta que se lo quitan, desea porque le prohiben estar con la mujer que lleva detrás de él 15 años, y de todo el proceso no busca aprender, se regodea en su autobuscada miseria, sigue ignorando todo lo que no sea él y para premiarle, Mishima le otorga una muerte por pena, como si fuese un canario.
Leyendo reseñas y discutiendo con chatgpt, parece ser un gusto estético japonés por las cosas rotas y las efímeras. A mi me parece el pensamiento quijotesco de Mishima, que idealiza valores y leyendas de un pasado mítico, de un país que se había visto despojado de su identidad a base de bombas y una buena dosis de occidentalización forzada.
Aún así, la obra está bellamente escrita (incluso para este hater occidental y a pesar de alguna metedura de pata del traductor) y merece ser leída. Seguiré con la tetralogía, dicen que el segundo es todavía mejor.
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Los jóvenes Kiyoaki y Satoko crecieron juntos, ambos de familias nobles, él de una adinerada, ella de una con renombre. Su turbulenta y trágica historia de amor es la excusa para hablarnos de la sociedad japonesa tras la muerte del emperador Meiji y se centra especialmente en Kiyoaki, sacando a la luz toda su complejidad interior y su crisis existencial.
Así, aunque Satoko está desde el principio enamorada de Kiyoaki, éste comienza la historia muy centrado en sí mismo, con una forma de estar en el mundo melancólica y egocéntrica; tanto es así que deja marchar la oportunidad de casarse con ella y es prometida al príncipe imperial. Esto hará que Kiyoaki despierte a la vida y movilizará su energía hacia ella a pesar de la posición tan delicada en la que pondrá a ambas familias, e incluso a ambos protagonistas.
Una historia que cuenta más de lo que se ve y refleja en cierta forma parte del autor, Yukio Mishima, controvertido como fue en su época, con su forma de ser compleja, sensible y a la vez radicalmente extremista, que le llevó a intentar dar un golpe de estado y acto seguido suicidarse mediante el ritual del hara-kiri.
Aunque la novela está bien y me ha gustado, siento que es necesario leer la tetralogía entera para poder entender mejor lo que el autor quiere transmitir ya que no se terminan de desarrollar ciertas ideas filosóficas y existenciales que aparecen, tal vez por ser la primera novela, relativa a la primera juventud de los personajes, y que podría corresponder metafóricamente a la primera toma de contacto en la juventud con la vida real, su crudeza y sus decepciones, con el choque que esto supone.
“Nieve de primavera” es una obra magistral de Yukio Mishima que nos transporta al Japón aristocrático de principios del siglo XX. La historia sigue a Kiyoaki Matsugae, un joven de espíritu melancólico, y su amor imposible por Satoko Ayakura, una joven de noble linaje. Lo que comienza como un idilio marcado por la indecisión y la pasión contenida se transforma en una tragedia ineludible, influenciada por la rigidez de las tradiciones y el peso del destino.
Mishima despliega una prosa exquisita, llena de lirismo y detalles sensoriales que convierten cada escena en una pintura en movimiento. Su capacidad para capturar la belleza efímera de los sentimientos y la naturaleza refuerza la atmósfera de nostalgia y fatalidad que impregna la novela. La relación entre Kiyoaki y Satoko está escrita con una delicadeza que recuerda a los romances cortesanos, donde los silencios y las miradas dicen más que las palabras.
Recomiendo “Nieve de primavera” a quienes disfrutan de historias de amor trágicas, ambientaciones históricas meticulosas y una escritura que roza lo poético. Es un libro que deja una profunda impresión, no solo por la intensidad de su historia, sino por la maestría con la que Mishima da vida a un mundo en transformación.
Mishima escribe glorified novela rosa. Lo cual no está mal. Esto no va en contra de la novela rosa, la novela rosa está bien. Pero solo me ha dado por pensar en la idealización de ciertos autores por su imagen estática en el tiempo. La de Mishima es la de un señor dando un golpe de estado. Por otra parte, es curiosísimo ver las contradicciones internas entre la novela y este mismo. La constante tensión entre la idealización de una belleza cortesana y romántica y el deber patriótico. La función del buddhismo y el conocimiento profundo de la doctrina pese a ser "algo extranjero". El cambio de las guerras de Meiji a las guerras del sentimiento de Taisho. Pese a que es una traducción del inglés y no directa del japonés, que hace muy difícil que me pueda concentrar porque puedo verle las costuras como si llevara un chaleco del revés, se puede intuir la habilidad que tiene este hombre para escribir y transmitir la más absoluta desesperación y dedicación. Primera obra de la tetralogía, a por la segunda.
Esta novela de 500 páginas es la primera parte de la célebre tetralogía de Mishima, quizás su obra más importante, en la que conjuga toda una época del Japón y toda una visión de mundo personal. Narra la historia de amor de Kiyoaki, el joven hijo de un marqués, y Satoko, la hermosa hija de un conde, que si bien se conocen desde niños y están hechos el uno para el otro, cuando descubran que se aman ya será muy tarde y estarán a merced de fuerzas que no pueden controlar; por supuesto, la historia concluye en tragedia. Como trasfondo de este romance asistiremos a una recreación perfecta del Japón de inicios del siglo XX, poco después de la guerra ruso-japonesa, una sociedad que refleja las novedades y la importación de culturas propias de la restauración Meiji. Entre los muchos personajes que giran en torno a los protagonistas, como la nodriza de Satoko o los padres de ambas familias, hay que prestar especial atención a Shigekuni Honda, el mejor amigo de Kiyoaki, porque será el núcleo vertebral, a modo de testigo, tanto de esta como del resto de las novelas de la tetralogía. Cierro con una frase: "Al otro lado del más simple aleteo del tiempo asomaba siempre un monstruoso rugido de la nada".
Un inicio maravilloso en donde su calidad termina bajando un poco mientras avanza la historia. Seguramente me pareció así, porque me interesaba ver más cosas como la vida en el Japón de esa época o las reflexiones de Honda que la relación entre Kiyoaki y Satoko, aunque eso no impidió el mar de emociones que me generó el final.
Mas que una novela, se siente como un testimonio ideológico con una historia de fondo para justificar la aparición de ciertas ideas, por esto puede ser cansado para algunos, pero Mishima entrega una redacción elegante y un análisis de la sociedad Japonesa de la época en pleno momento de transición y occidentalización que como lector te pone a reflexionar bastante e inclusive a encontrar paralelismos con america latina y la invasión mediática de los Estados Unidos.
El comienzo de la tetralogía del mar de la fertilidad.
Pese a que se le llama «testamento ideológico», cuesta ver ninguna idealización en el protagonista, Kiyoaki, un joven noble lánguido, poco amigo de la acción o del conocimiento, al que lo único que parece gustarle es caer en ensoñaciones.
Por pasajes me ha parecido apasionante, es como un folletín elevado. Incluso cuando se sumerge en descripciones, porque no hay cosa que le guste más a Mishima que describir el paisaje, me ha parecido bello sin caer en lo farragoso. Es increíble la obsesión de esta cultura con el paisaje, la floración de los árboles, las vistas del agua... como celebración en sí misma, como concepto, como algo que sana el alma o la puede destruir.
Me da lástima que se me escapen las, sin duda, infinitas sutilezas del autor en cuanto a árboles, flores, fauna... en fin, los japoneses están hechos de otra pasta. Aquí hay un gusto exquisito por el detalle, más teniendo en cuenta que hablamos de la nobleza de principios del siglo XX en Japón, en la que los milímetros de una sonrisa o cómo respondía alguien a un saludo eran asuntos de vida o muerte; quizá sí hay crítica a los personajes de la generación anterior, en permanente estado de «qué dirán» y un elogio de las pasiones de la generación «presente» (la nacida a principios del siglo XX.
A pesar de la dificultad de muchos conceptos culturales, Mishima sabe traérnoslos bien incluso a los occidentales... excepto cuando trata conceptos religiosos: el discurso de la abadesa, que se nota de gran relevancia, me ha resultado inescrutable, las charlas con los hermanos siameses en cuanto a la reencarnación difíciles de seguir. En general, cuando los personajes filosofan, se nota que parten de unas bases y unos conceptos que nos resultan alienígenas y que se dan por sentado. Muy escurridizos para mí, pero, como digo, lo importante aquí es la historia de amor y el tono melodramático y eso sí está conseguido.
No me parece a la altura de El rumor del oleaje, por ejemplo, pero es una gran novela. Creo que la siguiente Caballos desbocados la protagoniza Honda, una elección curiosa, pues aquí se le ha presentado como un sencillo aliado del protagonista, aunque eso sí, con un rico mundo interior. Me la intenté leer una vez pero no estaba preparado y veo ahora la importancia de leer la obra en orden porque sí recuerdo referencias al protagonista de esta, Kiyoaki, y sus lunares.
Nieve de primavera narra la vida de Kiyoaki, un joven al cual el destino dotó de belleza física y una excepcional sensibilidad hacia la misma.
Su existencia lánguida, en momentos entregada a viscitudes y caprichos, da un vuelco cuando la pasión despierta en él, pasión con el terco nombre de Satoko, reverberando en encuentros brevísimos pero llenos de chispas.
Honda presencia todo en primer fila al ser único amigo (casi intimo de no ser por sus diferencias) que atestigua los hechos como una estrella fugaz surcando el cielo de verano.
Una tragedia sin más, la culpa que catapulta al tiempo pasados 20 años, dando paso una vez más al espíritu del mismo en Caballos desbocados.
La complejidad del autor se ve plasmada en diversos personajes, principalmente Kiyoaki y Honda, remite quizás a emociones sentidas igualmente en circunstancias distintas. Recomiendo firmemente conocer de antemano la vida del autor ya que complementa enormemente la obra.
El estilo de escritura no es pesado, todo cumple un objetivo, no hay cabos sueltos; sus temas van desde la pasión, el “coming of age”, las tradiciones de su país, las cuales se ven atravesadas por la llegada de la (monstruosa) modernidad occidental vista a través de sus personajes y experimentada por el propio autor en tiempos no tan cercanos.
La nostalgia y la contradicción, porque la belleza inunda cada pagina y sentir.
Si bien no es expresamente dicho, si implícitamente en el renegar y rechazo de dichos tiempos modernos se comienza a pavimentar el camino hacia una fuerte postura política, arraigada a lo clásico del japón, que sirve como antesala a la siguiente obra de la tetralogía.
Para cerrar cabe destacar un recurso, el cual catalogare como ficción, un único suceso extraordinario, que deja entrever el sentido de las “creencias”, la vuelta del destino, un único elemento que parte de la espiritualidad y el alma atada al cuerpo físico. Dicho recurso será retomado en Caballos desbocados. Queda a consideración del lector si esto mina la seriedad de los personajes envueltos o si con justa razón representa de forma mítica los últimos latidos del corazón agonizante del pueblo japonés.
Sin duda una obra imprescindible para los amantes de la cultura del sol naciente, leer a Mishima ofrece una perspectiva cruda sobre la transición de lo viejo a lo nuevo, la decadencia del espíritu nipón con su subsecuente rendición a las formas y maneras occidentales.
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Pareciera que al leer Nieve de Primavera, Mishima nos advierte con absoluta claridad su propio destino. Quizás la literatura en parte es eso para el autor, buscar la forma de convencerse de un camino del que no puede eludir. Un mundo dividido entre la razón y la pasión que parece señalarnos las contradicciones entre oriente y occidente, el mundo de las tradiciones ancestrales y la modernidad. Encarnados en la pasión de Kiyoaki y Satoko, unos adolescentes tardíos que encontraran en sus confusos caprichos la forma de escaparse de un mundo lleno de aprehensiones y de segundas intenciones ocultas en una trama compleja que se teje parece en el silencio, en la basta contemplación. Un libro que se va abriendo delicadamente, para luego florecer de manera drástica, como una flor que se anuncia a una belleza fugaz vetada a las posibilidades de preservarla en el tiempo. Aprecio volver a Mishima cada cierto tiempo y sentirme abrumado por su excelso sentido de la belleza y las inevitables consecuencias que esta parece traer a la existencia. Aunque a veces la narración se me trababa un poco, y el estilo folletín hace que la trama se diluya a ratos, me quedo con la licencia que se dan algunos autores a divagar como si fuese la única forma de desenredar lo que está desparramado en el fondo de su psiquis.
Moretti mencionaba que el realismo cuando se saca de Europa termina siendo muy tenso y en crisis. Creo que Nieve de Primavera es una buena forma de mostrarlo sin necesariamente hacer una lectura más compleja como podría ser un Dostoyevski.
La novela tiene un núcleo claro: Kiyoaki y su incapacidad de establecer vinculos con la gente. Lo que se va desenvolviendo en la lectura es el proceso de enamoramiento del personaje contra su propia voluntad. Kiyoaki es como una Emma Bovary que se lanza a sus pasiones, solo que sin desearlo inicialmente.
Asi como Flaubert, Mishima marca con mucha calidad las contradicciones del Japón de la era Meiji. La occidentalización no calzaba del todo con la realidad y la tradición japonesa. Hay mucha contradicción en los personajes, hipocresía a veces, algunos que fingen demencia. Eso es la aparición de la modernidad en lugares donde no nace sino que se importa.
A diferencia de otras novelas realistas, me entretuve un monton porque esta inestabilidad le da un dinamismo. La novela te toma de la mano y te lleva a lo vertiginoso y descuidado del crecer del protagonista.
primera parte de esta saga maravillosa y perfecta. es como una flor delicada llena de capas que se abre de forma contenida, sutil y silenciosa (permitiéndote imaginar que dentro, en su núcleo, se esconde un fuego que arde con pasión desde la melancolía mas honda). se toma su tiempo, sin ninguna prisa, en presentar a los personajes, la maraña de relaciones que existe entre cada uno de ellos y el contexto histórico donde pasa todo; aguantando la tensión durante sus 500 páginas sin flaquear ni un poco.
es la historia de un amor prohibido por diferencias de clases sociales basado en el conflicto que supone el deseo individual contra el deber familiar en el marco de un japón que pasa del imperialismo a la modernidad, el choque de la graciosa elegancia de la tradición antigua contra la fría eficiencia del progreso occidental, donde los sentimientos se ven atrapados entre los rituales del pasado y las exigencias de un futuro implacable (perteneciendo cada personaje principal a una familia situada en uno de estos extremos).
deseando ver como sigue y evoluciona en la segunda parte.
"Todo lo sagrado tiene la sustancia de los sueños y los recuerdos, y así experimentamos el milagro de que lo que está separado de nosotros por el tiempo o la distancia E3 haga repentinamente tangible. Los sueños, los recuerdos, lo sagrado, todo es semejante en cuanto que está más allá de nuestro alcance. Una vez que nos separamos de lo que podemos tocar, ese objeto se santifica; adquiere la belleza de lo inalcanzable, la cualidad de milagroso. Todo, realmente, tiene esta cualidad, pero nosotros podemos profanarlo tocándolo. ¡Qué extraño es el hombre! Su contacto mancha, y sin embargo él es la fuente de los milagros." Una literatura llena de lírica, de poética.
Que el tópico del libro sea el de un amor imposible entre dos jóvenes de la aristocracia creo que ayuda enormemente a resaltar la belleza de este libro. No atrapa por su historia, ni giros de guión, ni por un final sorprendente; lo hace por su delicadeza, la construcción de los personajes, la pugna entre lo viejo y lo nuevo y por descubrirnos una forma de ver Japón.
la primera mitad del libro me aburrió mucho pero Damm la segunda mitad mejora muchisimo y se pone interesante la cosa hasta llegar al final que me parece una maravilla 3'5/5
Una maravilla de historia de amor totalmente pegada a la época en la que se ambienta el libro, condicionada por los estándares de la sociedad japonesa de principios del s.XX.