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Notes from Underground
In 1864, just prior to the years in which he wrote his greatest novels — Crime and Punishment, The Idiot, The Possessed and The Brothers Karamazov — Fyodor Dostoyevsky (1821–1881) penned the darkly fascinating Notes from the Underground. Its nameless hero is a profoundly alienated individual in whose brooding self-analysis there is a search for the true and the good in a world of relative values and few absolutes. Moreover, the novel introduces themes — moral, religious, political and social — that dominated Dostoyevsky's later works. Notes from the Underground, then, aside from its own compelling qualities, offers readers an ideal introduction to the creative imagination, profundity and uncanny psychological penetration of one of the most influential novelists of the nineteenth century. Constance Garnett's authoritative translation is reprinted here, with a new introduction.
136 pages, Paperback
First published January 1, 1864
About the author
Fyodor Dostoevsky
3,515 books79.6k followers
Фёдор Михайлович Достоевский
(Russian)
Works, such as the novels Crime and Punishment (1866), The Idiot (1869), and The Brothers Karamazov (1880), of Russian writer Feodor Mikhailovich Dostoyevsky or Dostoevski combine religious mysticism with profound psychological insight.
Very influential writings of Mikhail Mikhailovich Bakhtin included Problems of Dostoyevsky's Works (1929),
Fyodor Mikhailovich Dostoevsky composed short stories, essays, and journals. His literature explores humans in the troubled political, social, and spiritual atmospheres of 19th-century and engages with a variety of philosophies and themes. People most acclaimed his Demons(1872) .
Many literary critics rate him among the greatest authors of world literature and consider multiple books written by him to be highly influential masterpieces. They consider his Notes from Underground of the first existentialist literature. He is also well regarded as a philosopher and theologian.
See also:
Russian → Фёдор Михайлович Достоевский
French → Fédor Dostoïevski
French → Fiodor Dostoïevski
Spanish → Fiódor Dostoyevski
Portuguese → Fiódor Dostoiévski
Works, such as the novels Crime and Punishment (1866), The Idiot (1869), and The Brothers Karamazov (1880), of Russian writer Feodor Mikhailovich Dostoyevsky or Dostoevski combine religious mysticism with profound psychological insight.
Very influential writings of Mikhail Mikhailovich Bakhtin included Problems of Dostoyevsky's Works (1929),
Fyodor Mikhailovich Dostoevsky composed short stories, essays, and journals. His literature explores humans in the troubled political, social, and spiritual atmospheres of 19th-century and engages with a variety of philosophies and themes. People most acclaimed his Demons(1872) .
Many literary critics rate him among the greatest authors of world literature and consider multiple books written by him to be highly influential masterpieces. They consider his Notes from Underground of the first existentialist literature. He is also well regarded as a philosopher and theologian.
See also:
Russian → Фёдор Михайлович Достоевский
French → Fédor Dostoïevski
French → Fiodor Dostoïevski
Spanish → Fiódor Dostoyevski
Portuguese → Fiódor Dostoiévski
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Displaying 1 - 30 of 1,697 reviews
October 27, 2017
Sumergido en la primera parte de la novela, pensé muchas veces que la obra llegaría a encabezar la lista de mi personal Olimpo literario cuya etiqueta bien podría ser la de literatura a martillazos, con permiso de Nietzsche, pensador que se paseaba por mi mente bastante a menudo mientras duró su lectura. Me refiero a ese tipo de literatura nada complaciente ni con el lector en la forma ni con el retrato del ser humano en el fondo. La literatura que azota conciencias, que remueve subsuelos, que no deja títere con cabeza, y que además lo hace de forma nada sutil ni soterrada, vomitando golpes, desde la pasión o la rabia o la desesperación.
Sentía respeto por su atormentado y contradictorio protagonista, capaz de reírse de sí mismo, de no tomarse en serio; ese individuo que, tras expresar su frustración con toda la pasión de un hombre desesperado, podía finalizar su discurso con un “bah, y qué importa en el fondo todo esto”. Podía empatizar con su infelicidad, con ese, que dijo George Steiner, que es "El hombre de las grandes profundidades (que) posee la inteligencia sin la potencia, el deseo sin los medios."... y, quizás lo peor de todo, la conciencia de todo ello.
Esa conciencia que nos hace reflexionar sobre nosotros, sobre el mundo, que nos hace indagar sobre lo bueno y lo malo, esa conciencia que, como nos dice Dostoievski, si está hipertrofiada como la del hombre inteligente, no nos lleva sino a un callejón sin salida, al absurdo de la vida, a la ausencia de "principios fundamentales, bases con las que asentarse" y, por consiguiente, a la inacción y al aburrimiento existencial.
Es imposible no esbozar una sonrisa triste y cómplice ante la postura de este funcionario que desgarra sus ropajes ante nosotros. ¿Que tenemos conciencia? Pues asumámoslo hasta las últimas consecuencias: que se imponga nuestra voluntad, nuestro afán de independencia, el poder que confiere estar por encima de todo y de todos. Si nos da porque 2+2 son cinco, pues cinco serán. Hay que desterrar la razón. Asumamos la mayor rebeldía posible ante la naturaleza que se nos impone, vayamos contra nosotros mismos, seamos malos con los que podemos, humillémonos con los que nos pueden y suframos por lo uno y por lo otro, y, lo que todavía es aun más revolucionario, disfrutemos de ese sufrimiento, sintamos placer en sumergirnos en el fango, aunque sea el placer de la autocompasión, y volvamos a despreciarnos por ese placer y volvamos a disfrutar de ese mismo desprecio.
Pero llegó la segunda parte, donde todo lo dicho hasta ahora se vuelve parodia, donde alcanzamos a comprender todo el patetismo de este ser que quiere ser él sin serlo, que llena su desprecio del mundo con unas fantasías delirantes e hilarantes. Su rebeldía contra la naturaleza, esa voluntad que todo lo puede, no era más que la imposibilidad de alcanzar lo que anhela y que solo consigue en sus fantasías. Es el retrato de un cobarde que se desprecia despreciándonos a todos.
Del respeto por el personaje pasé a la solidaridad con este ser desdichado e impotente, a la compasión ante su debilidad, ante el sufrimiento que comporta su exacerbado egoísmo; ante su imposibilidad de amar o de vivir en el amor. Cómo no apiadarse de esa necesidad de castigo, de humillación por parte de los otros que redima aunque sea infinitesimalmente la culpa que arrastra, culpa que reconoce como suya sin ser suya. Quien puede no justificar ese rencor y deseo de venganza contra todos, pero, sobre todo, contra sí mismo que le impide aprovechar las pocas oportunidades que se le presentan y que el único pecado que cometió es no saber vivir.
Sentía respeto por su atormentado y contradictorio protagonista, capaz de reírse de sí mismo, de no tomarse en serio; ese individuo que, tras expresar su frustración con toda la pasión de un hombre desesperado, podía finalizar su discurso con un “bah, y qué importa en el fondo todo esto”. Podía empatizar con su infelicidad, con ese, que dijo George Steiner, que es "El hombre de las grandes profundidades (que) posee la inteligencia sin la potencia, el deseo sin los medios."... y, quizás lo peor de todo, la conciencia de todo ello.
Esa conciencia que nos hace reflexionar sobre nosotros, sobre el mundo, que nos hace indagar sobre lo bueno y lo malo, esa conciencia que, como nos dice Dostoievski, si está hipertrofiada como la del hombre inteligente, no nos lleva sino a un callejón sin salida, al absurdo de la vida, a la ausencia de "principios fundamentales, bases con las que asentarse" y, por consiguiente, a la inacción y al aburrimiento existencial.
Es imposible no esbozar una sonrisa triste y cómplice ante la postura de este funcionario que desgarra sus ropajes ante nosotros. ¿Que tenemos conciencia? Pues asumámoslo hasta las últimas consecuencias: que se imponga nuestra voluntad, nuestro afán de independencia, el poder que confiere estar por encima de todo y de todos. Si nos da porque 2+2 son cinco, pues cinco serán. Hay que desterrar la razón. Asumamos la mayor rebeldía posible ante la naturaleza que se nos impone, vayamos contra nosotros mismos, seamos malos con los que podemos, humillémonos con los que nos pueden y suframos por lo uno y por lo otro, y, lo que todavía es aun más revolucionario, disfrutemos de ese sufrimiento, sintamos placer en sumergirnos en el fango, aunque sea el placer de la autocompasión, y volvamos a despreciarnos por ese placer y volvamos a disfrutar de ese mismo desprecio.
Pero llegó la segunda parte, donde todo lo dicho hasta ahora se vuelve parodia, donde alcanzamos a comprender todo el patetismo de este ser que quiere ser él sin serlo, que llena su desprecio del mundo con unas fantasías delirantes e hilarantes. Su rebeldía contra la naturaleza, esa voluntad que todo lo puede, no era más que la imposibilidad de alcanzar lo que anhela y que solo consigue en sus fantasías. Es el retrato de un cobarde que se desprecia despreciándonos a todos.
Del respeto por el personaje pasé a la solidaridad con este ser desdichado e impotente, a la compasión ante su debilidad, ante el sufrimiento que comporta su exacerbado egoísmo; ante su imposibilidad de amar o de vivir en el amor. Cómo no apiadarse de esa necesidad de castigo, de humillación por parte de los otros que redima aunque sea infinitesimalmente la culpa que arrastra, culpa que reconoce como suya sin ser suya. Quien puede no justificar ese rencor y deseo de venganza contra todos, pero, sobre todo, contra sí mismo que le impide aprovechar las pocas oportunidades que se le presentan y que el único pecado que cometió es no saber vivir.
March 11, 2015
«Dostoievski, el único psicólogo, dicho sea de paso, que me ha enseñado algo. Dostoievski ha sido una de las mayores suertes de mi vida, más incluso que mi descubrimiento de Stendhal.» Friedrich Nietzsche, El ocaso de los ídolos
Amargado, resentido, contestatario, recalcitrante, ácido, irónico, irreverente, negativo, acomplejado, cruel, pesimista...
Estos pueden ser algunos de los adjetivos calificativos que el lector puede darle al narrador de "Memorias del subsuelo", uno de los libros más difíciles de reseñar del inmortal Fiódor Dostoievski, a quien tanto admiro.
Este hombre cuarentón, refugiado en su cuchitril dispara dardos venenosos contra la sociedad de su época, contra la famosa "Inteligentsia" rusa, tan de boga en esos años, contra los intelectuales atildados y políticamente correctos sin dejar de chorrear ácido por los cuatro costados.
Dostoievski, quien venía juntando presión debido a sus problemas personales, a los desengaños que la literatura le propinó a mazazos y con la carga de haber saldado su deuda luego de esos interminables cuatro años de prisión en Siberia («Esa noche tuve pesadillas horribles. No era extraño, pues durante el día había recordado los años de cárcel que habían sido mis años de estudio»), puso en este narrador todos sus pensamientos más negativos, crueles y despóticos sabiendo que muchas de las personas que en ese 1864 leyeran este manifiesto, tomarían el guante y posiblemente se sintieran ofendidas ante palabras tan hirientes pero también certeras que se les propinaba.
"Quienquiera oír que oiga", dijo don Fiódor mientras despotricaba contra medio mundo, contra los hipócritas, los débiles, los chicos buenos, contra los pacatos y los aduladores de cuarta categoría. Nadie se salvó de su crítica, a la que disfrazó de ex empleado atrincherado en un mugroso cuarto subterráneo.
Las palabras del narrador del subsuelo son de carácter anticipatorio, dado que vislumbran lo que en pocos años más sucedería en Rusia entre las distintas clases sociales. Dice lo que muchos piensan pero pocos se atreven a decir; habla con paradojas («Ustedes creen en el palacio de cristal, al que no se le podrá sacar la lengua ni amenazar a escondidas. Pues bien, yo desconfío de ese palacio, porque justamente es de cristal e indestructible» o «Evidentemente, no puedo romper la pared con la cabeza, por que mis fuerzas no me alcanzan para ello; pero me niego a aceptarla simplemente porque sea de piedra y yo no tenga fuerzas para romperla»).
El hombre del subsuelo es inconformista, no se soporta ni a sí mismo y vomita su rencor y su odio a los cuatro vientos sin temor, pero a la vez, es un hombre que más allá de saber que está en una posición desventajosa, cree firmemente en la voluntad del hombre, en sus intereses y los sopesa con dignas dosis de razón y deseos.
Este personaje tan peculiar, con sus ideas tan radicales y extremas será el puntapié de partida para otros personajes de tintes bastante similares que Dostoievski creará para sus novelas futuras. Anticipa una mente tan retorcida como autocompasiva como es la de Rodion Románovich Raskólnikov en "Crimen y castigo", compare ideales revolucionarios con Piotr Verjovenski, y Nikolai Stavroguin de "Los demonios", tiene puntos en común con el costado más oscuro de Iván y Dmitri Karamazov y posee afinidades con Arcady Dolgoruki de "El adolescente", quien desarrollará una interesante teoría denominada "idea-rincón".
Siempre, en las novelas de Dostoievski nos encontramos con personajes emparentados con el subsuelo. El caso de Smerdiakov en "Los hermanos Karamazov" es uno de los más emblemáticos. Svidrigáilov en "Crimen y castigo" es taimado, raro e impredecible y el príncipe Sokolski de la novela "El adolescente" puede ser frívolo y cruel. Esta es la personalidad que también se autoimponen los mismos personajes ya que forman parte de la polifonía creada por Dostoievski en sus novelas.
Hay una frase de uno de sus libros que aparece en otra de sus novelas llamada "La aldea de Stepanchikovo" que dice «Un alma ruin, al salir de la opresión, comienza a oprimir». Creo que esto es lo que le sucede al narrador de este libro y decide ponerlo en práctica en la segunda parte "A propósito de la nieve derretida", en donde narra tres hechos que le sucedieron a la edad de 24 años.
Aquí todo se desarrolla en tres grandes escenas, en primer lugar cuando se encuentra con sus compañeros del trabajo, cuando estos tres deciden hacer una comida de despedida a uno de ellos y cuando luego de distintas situaciones que no lo dejan bien parado, termina en un febril y desvariado encuentro con una joven prostituta a la que quiere aleccionar en la vida. Posteriormente, sigue todo esto en su propia habitación involucrándose su propio criado en la confusión general.
Pero puede observarse que la segunda parte del libro es completamente distinta de la primera. A mí personalmente me gusta muchísimo más la primera puesto que en ella se lo nota totalmente jugado y sin vuelta atrás, metido en una salsa como él dice en «hecha de contradicciones, de sufrimientos y de amargos análisis».
Anoté alrededor de treinta frases que se dicen y algunas de ellas, sirven para reconocer la maestría de Dostoievski a la hora de penetrar en lo más profundo del alma humana.
Algunas de ellas son realmente profundas:
«No, en el fondo, no cree en su sufrimiento, casi se ríe, pero, aún no creyendo, y sufre de verdad.»
«No digo que la civilización hace al hombre más sanguinario, pero sí mucho más perverso, más cobardemente sanguinario.»
«El hombre, a veces, desea apasionadamente sufrir.»
«El hombre siempre enumera sus pesares, pero no siempre se detiene a pensar en su felicidad.»
«El hombre es estúpido por naturaleza, totalmente estúpido. Y es más ingrato que estúpido: es difícil encontrar otro ser más ingrato que él.»
«Cuando la voluntad se enfrente con la razón, podremos razonar y ya no desear, porque a un ser que razón le es imposible desear algo estúpido, o ir en contra de la propia razón.»
«¿Qué buscamos? ¿Qué queremos? Nosotros mismos no lo sabemos. Es más, si nuestros deseos se cumplieran, no nos sentiríamos felices.»
Puedo afirmar que dentro de todo lo que he leído, un solo libro se asemeja a este: me refiero a "La caída", de Albert Camus, quien admiraba con devoción al genial novelista ruso, aunque difiere en la variedad de temas tratados y el tenor de este libro no es tan cargado y visceral como el de Dostoievski.
Fiódor Dostoievski resume en la que considero la mejor frase de este libro lo que significó su obra en su momento y aún hoy, en nuestros días y nos da la real dimensión de quién fue verdaderamente como escritor y ser humano:
«En lo que a mí respecta, a lo largo de mi vida no he hecho más que llevar al extremo todo lo que ustedes dejaron por la mitad.»
Amargado, resentido, contestatario, recalcitrante, ácido, irónico, irreverente, negativo, acomplejado, cruel, pesimista...
Estos pueden ser algunos de los adjetivos calificativos que el lector puede darle al narrador de "Memorias del subsuelo", uno de los libros más difíciles de reseñar del inmortal Fiódor Dostoievski, a quien tanto admiro.
Este hombre cuarentón, refugiado en su cuchitril dispara dardos venenosos contra la sociedad de su época, contra la famosa "Inteligentsia" rusa, tan de boga en esos años, contra los intelectuales atildados y políticamente correctos sin dejar de chorrear ácido por los cuatro costados.
Dostoievski, quien venía juntando presión debido a sus problemas personales, a los desengaños que la literatura le propinó a mazazos y con la carga de haber saldado su deuda luego de esos interminables cuatro años de prisión en Siberia («Esa noche tuve pesadillas horribles. No era extraño, pues durante el día había recordado los años de cárcel que habían sido mis años de estudio»), puso en este narrador todos sus pensamientos más negativos, crueles y despóticos sabiendo que muchas de las personas que en ese 1864 leyeran este manifiesto, tomarían el guante y posiblemente se sintieran ofendidas ante palabras tan hirientes pero también certeras que se les propinaba.
"Quienquiera oír que oiga", dijo don Fiódor mientras despotricaba contra medio mundo, contra los hipócritas, los débiles, los chicos buenos, contra los pacatos y los aduladores de cuarta categoría. Nadie se salvó de su crítica, a la que disfrazó de ex empleado atrincherado en un mugroso cuarto subterráneo.
Las palabras del narrador del subsuelo son de carácter anticipatorio, dado que vislumbran lo que en pocos años más sucedería en Rusia entre las distintas clases sociales. Dice lo que muchos piensan pero pocos se atreven a decir; habla con paradojas («Ustedes creen en el palacio de cristal, al que no se le podrá sacar la lengua ni amenazar a escondidas. Pues bien, yo desconfío de ese palacio, porque justamente es de cristal e indestructible» o «Evidentemente, no puedo romper la pared con la cabeza, por que mis fuerzas no me alcanzan para ello; pero me niego a aceptarla simplemente porque sea de piedra y yo no tenga fuerzas para romperla»).
El hombre del subsuelo es inconformista, no se soporta ni a sí mismo y vomita su rencor y su odio a los cuatro vientos sin temor, pero a la vez, es un hombre que más allá de saber que está en una posición desventajosa, cree firmemente en la voluntad del hombre, en sus intereses y los sopesa con dignas dosis de razón y deseos.
Este personaje tan peculiar, con sus ideas tan radicales y extremas será el puntapié de partida para otros personajes de tintes bastante similares que Dostoievski creará para sus novelas futuras. Anticipa una mente tan retorcida como autocompasiva como es la de Rodion Románovich Raskólnikov en "Crimen y castigo", compare ideales revolucionarios con Piotr Verjovenski, y Nikolai Stavroguin de "Los demonios", tiene puntos en común con el costado más oscuro de Iván y Dmitri Karamazov y posee afinidades con Arcady Dolgoruki de "El adolescente", quien desarrollará una interesante teoría denominada "idea-rincón".
Siempre, en las novelas de Dostoievski nos encontramos con personajes emparentados con el subsuelo. El caso de Smerdiakov en "Los hermanos Karamazov" es uno de los más emblemáticos. Svidrigáilov en "Crimen y castigo" es taimado, raro e impredecible y el príncipe Sokolski de la novela "El adolescente" puede ser frívolo y cruel. Esta es la personalidad que también se autoimponen los mismos personajes ya que forman parte de la polifonía creada por Dostoievski en sus novelas.
Hay una frase de uno de sus libros que aparece en otra de sus novelas llamada "La aldea de Stepanchikovo" que dice «Un alma ruin, al salir de la opresión, comienza a oprimir». Creo que esto es lo que le sucede al narrador de este libro y decide ponerlo en práctica en la segunda parte "A propósito de la nieve derretida", en donde narra tres hechos que le sucedieron a la edad de 24 años.
Aquí todo se desarrolla en tres grandes escenas, en primer lugar cuando se encuentra con sus compañeros del trabajo, cuando estos tres deciden hacer una comida de despedida a uno de ellos y cuando luego de distintas situaciones que no lo dejan bien parado, termina en un febril y desvariado encuentro con una joven prostituta a la que quiere aleccionar en la vida. Posteriormente, sigue todo esto en su propia habitación involucrándose su propio criado en la confusión general.
Pero puede observarse que la segunda parte del libro es completamente distinta de la primera. A mí personalmente me gusta muchísimo más la primera puesto que en ella se lo nota totalmente jugado y sin vuelta atrás, metido en una salsa como él dice en «hecha de contradicciones, de sufrimientos y de amargos análisis».
Anoté alrededor de treinta frases que se dicen y algunas de ellas, sirven para reconocer la maestría de Dostoievski a la hora de penetrar en lo más profundo del alma humana.
Algunas de ellas son realmente profundas:
«No, en el fondo, no cree en su sufrimiento, casi se ríe, pero, aún no creyendo, y sufre de verdad.»
«No digo que la civilización hace al hombre más sanguinario, pero sí mucho más perverso, más cobardemente sanguinario.»
«El hombre, a veces, desea apasionadamente sufrir.»
«El hombre siempre enumera sus pesares, pero no siempre se detiene a pensar en su felicidad.»
«El hombre es estúpido por naturaleza, totalmente estúpido. Y es más ingrato que estúpido: es difícil encontrar otro ser más ingrato que él.»
«Cuando la voluntad se enfrente con la razón, podremos razonar y ya no desear, porque a un ser que razón le es imposible desear algo estúpido, o ir en contra de la propia razón.»
«¿Qué buscamos? ¿Qué queremos? Nosotros mismos no lo sabemos. Es más, si nuestros deseos se cumplieran, no nos sentiríamos felices.»
Puedo afirmar que dentro de todo lo que he leído, un solo libro se asemeja a este: me refiero a "La caída", de Albert Camus, quien admiraba con devoción al genial novelista ruso, aunque difiere en la variedad de temas tratados y el tenor de este libro no es tan cargado y visceral como el de Dostoievski.
Fiódor Dostoievski resume en la que considero la mejor frase de este libro lo que significó su obra en su momento y aún hoy, en nuestros días y nos da la real dimensión de quién fue verdaderamente como escritor y ser humano:
«En lo que a mí respecta, a lo largo de mi vida no he hecho más que llevar al extremo todo lo que ustedes dejaron por la mitad.»
January 20, 2026
[4.9⭐] 𝙈𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙡 𝙨𝙪𝙗𝙨𝙪𝙚𝙡𝙤 es una novela corta escrita por Fiódor Dostoyevski y publicada en 1864. La obra nos introduce en la mente de un funcionario retirado, un hombre de cuarenta años que vive aislado, desde donde decide hablarnos sus pensamientos, resentimientos, contradicciones y recuerdos.
Ya me acordé por qué no leo a Dostoyevski tan seguido: siempre me deja con esa sensación asfixiante de que nada vale realmente la pena, de que la vida carece de un sentido último al que uno pueda aferrarse con tranquilidad. Como soy una persona profundamente existencialista, estos libros me pegan fuerte. No son lecturas que se cierren y se abandonen sin más: se quedan rondando, incomodan y remueven cosas que una preferiría no pensar.
Uno de los grandes aciertos de esta obra es que el narrador no es alguien fiable ni estable y Dostoyevski no intenta disimularlo en ningún momento, todo lo contrario: lo expone en su máxima crudeza. Estamos frente a una voz profundamente humana, llena de matices, contradicciones, resentimientos y autoengaños. El hombre del subsuelo piensa una cosa y, al párrafo siguiente, se desdice; afirma algo con vehemencia y luego lo ridiculiza; se desprecia, pero también se cree superior; anhela reconocimiento y, al mismo tiempo, se sabotea para no obtenerlo. Esa inestabilidad no es un defecto narrativo, es el corazón mismo del libro porque así funciona la conciencia humana cuando se la lleva al extremo: NO es lógica, NO es ordenada y NO es coherente.
El texto está plagado de frases reflexivas que golpean directo al lector:
“No he conseguido nada, ni siquiera ser un malvado; no he conseguido ser guapo, ni perverso; ni un canalla, ni un héroe..., ni siquiera un mísero insecto. Y ahora termino mi existencia en mi rincón, donde trato lamentablemente de consolarme (aunque sin éxito) diciéndome que un hombre inteligente no consigue nunca llegar a ser nada y que sólo el imbécil triunfa.”
La idea de que la inteligencia paraliza, corroe e impide actuar, aparece una y otra vez en el libro. Es imposible no preguntarse hasta qué punto esa excusa no es también una forma sofisticada de justificar la inacción. ¿Es verdad que solo los imbéciles triunfan, o es una manera elegante de soportar el hecho de no haber sido capaces de vivir?
Otra cita que me dejó completamente descolocada fue esta:
«Tu situación es abominable —me decía a mí mismo—, pero no puede ser otra; no tienes ninguna salida; no podrás cambiar nunca, porque, aunque tuvieras el tiempo y la fe necesarios para ello, no querrías convertirte en otro hombre. Por otra parte, aunque quisieras cambiar, no podrías. ¿En qué otra cosa te transformarías? ¡Quizá no hay ninguna!».
Acá Dostoyevski toca algo profundamente inquietante: la idea de que el cambio es difícil e, incluso, imposible porque no hay una alternativa clara a lo que somos. El narrador se reconoce atrapado en sí mismo, en su carácter, en su manera de sentir y pensar. No es solo una cuestión de falta de voluntad; es la sospecha de que no existe otro “yo” al que migrar. Eso resulta devastador ya que entonces el sufrimiento deja de ser algo transitorio y se convierte en una condición permanente.
La estructura del libro refuerza todo lo que se ha mencionado. La primera parte es un monólogo interior, casi como un ensayo, donde el narrador dispara contra la sociedad, la moral, la ciencia, el progreso, la racionalidad extrema y la utopía de una felicidad colectiva. Es una crítica al optimismo y a la idea de que el ser humano puede reducirse a fórmulas, leyes y sistemas. La segunda parte nos devuelve a episodios concretos de su juventud, cuando tenía veinticuatro años, ahí vemos encarnados todos esos conflictos teóricos en situaciones humillantes, patéticas y dolorosamente humanas. Tiene una necesidad de validación, un miedo al ridículo, una obsesión con la mirada ajena, un deseo de imponerse aunque sea de la peor manera posible. Todo termina colapsando, como era de esperarse, en una psicosis que no encuentra salida.
Por todo lo mencionado, el libro es extraordinario. El autor no escribe desde una superioridad moral cómoda; escribe desde el subsuelo, un lugar incómodo que obliga al lector a mirarse en un espejo y preguntarse cuánto de ese narrador habita también en uno.
Quiero hacer una mención especial a la edición de Cátedra. La introducción es magistral y aporta un contexto fundamental para comprender la obra en toda su dimensión. Analiza la vida de Dostoyevski en relación con el texto, explica los símbolos, las alegorías, los símiles, las metáforas y las ironías con mucha claridad, enriqueciendo muchísimo la lectura.
Finalmente, puedo decir que 𝙈𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙡 𝙨𝙪𝙗𝙨𝙪𝙚𝙡𝙤 no es una lectura amable ni reconfortante. Es un libro que incomoda, que deja un poso amargo, que cuestiona la idea misma de felicidad, libertad y progreso. Sin embargo, también es una obra fundamental y honesta, que se adelanta a buena parte del pensamiento existencialista del siglo XX.
Ya me acordé por qué no leo a Dostoyevski tan seguido: siempre me deja con esa sensación asfixiante de que nada vale realmente la pena, de que la vida carece de un sentido último al que uno pueda aferrarse con tranquilidad. Como soy una persona profundamente existencialista, estos libros me pegan fuerte. No son lecturas que se cierren y se abandonen sin más: se quedan rondando, incomodan y remueven cosas que una preferiría no pensar.
Uno de los grandes aciertos de esta obra es que el narrador no es alguien fiable ni estable y Dostoyevski no intenta disimularlo en ningún momento, todo lo contrario: lo expone en su máxima crudeza. Estamos frente a una voz profundamente humana, llena de matices, contradicciones, resentimientos y autoengaños. El hombre del subsuelo piensa una cosa y, al párrafo siguiente, se desdice; afirma algo con vehemencia y luego lo ridiculiza; se desprecia, pero también se cree superior; anhela reconocimiento y, al mismo tiempo, se sabotea para no obtenerlo. Esa inestabilidad no es un defecto narrativo, es el corazón mismo del libro porque así funciona la conciencia humana cuando se la lleva al extremo: NO es lógica, NO es ordenada y NO es coherente.
El texto está plagado de frases reflexivas que golpean directo al lector:
“No he conseguido nada, ni siquiera ser un malvado; no he conseguido ser guapo, ni perverso; ni un canalla, ni un héroe..., ni siquiera un mísero insecto. Y ahora termino mi existencia en mi rincón, donde trato lamentablemente de consolarme (aunque sin éxito) diciéndome que un hombre inteligente no consigue nunca llegar a ser nada y que sólo el imbécil triunfa.”
La idea de que la inteligencia paraliza, corroe e impide actuar, aparece una y otra vez en el libro. Es imposible no preguntarse hasta qué punto esa excusa no es también una forma sofisticada de justificar la inacción. ¿Es verdad que solo los imbéciles triunfan, o es una manera elegante de soportar el hecho de no haber sido capaces de vivir?
Otra cita que me dejó completamente descolocada fue esta:
«Tu situación es abominable —me decía a mí mismo—, pero no puede ser otra; no tienes ninguna salida; no podrás cambiar nunca, porque, aunque tuvieras el tiempo y la fe necesarios para ello, no querrías convertirte en otro hombre. Por otra parte, aunque quisieras cambiar, no podrías. ¿En qué otra cosa te transformarías? ¡Quizá no hay ninguna!».
Acá Dostoyevski toca algo profundamente inquietante: la idea de que el cambio es difícil e, incluso, imposible porque no hay una alternativa clara a lo que somos. El narrador se reconoce atrapado en sí mismo, en su carácter, en su manera de sentir y pensar. No es solo una cuestión de falta de voluntad; es la sospecha de que no existe otro “yo” al que migrar. Eso resulta devastador ya que entonces el sufrimiento deja de ser algo transitorio y se convierte en una condición permanente.
La estructura del libro refuerza todo lo que se ha mencionado. La primera parte es un monólogo interior, casi como un ensayo, donde el narrador dispara contra la sociedad, la moral, la ciencia, el progreso, la racionalidad extrema y la utopía de una felicidad colectiva. Es una crítica al optimismo y a la idea de que el ser humano puede reducirse a fórmulas, leyes y sistemas. La segunda parte nos devuelve a episodios concretos de su juventud, cuando tenía veinticuatro años, ahí vemos encarnados todos esos conflictos teóricos en situaciones humillantes, patéticas y dolorosamente humanas. Tiene una necesidad de validación, un miedo al ridículo, una obsesión con la mirada ajena, un deseo de imponerse aunque sea de la peor manera posible. Todo termina colapsando, como era de esperarse, en una psicosis que no encuentra salida.
Por todo lo mencionado, el libro es extraordinario. El autor no escribe desde una superioridad moral cómoda; escribe desde el subsuelo, un lugar incómodo que obliga al lector a mirarse en un espejo y preguntarse cuánto de ese narrador habita también en uno.
Quiero hacer una mención especial a la edición de Cátedra. La introducción es magistral y aporta un contexto fundamental para comprender la obra en toda su dimensión. Analiza la vida de Dostoyevski en relación con el texto, explica los símbolos, las alegorías, los símiles, las metáforas y las ironías con mucha claridad, enriqueciendo muchísimo la lectura.
Finalmente, puedo decir que 𝙈𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙡 𝙨𝙪𝙗𝙨𝙪𝙚𝙡𝙤 no es una lectura amable ni reconfortante. Es un libro que incomoda, que deja un poso amargo, que cuestiona la idea misma de felicidad, libertad y progreso. Sin embargo, también es una obra fundamental y honesta, que se adelanta a buena parte del pensamiento existencialista del siglo XX.
March 20, 2026
Hay una idea incómoda que solemos esquivar: ¿y si el problema no es que no entendemos lo suficiente… sino que entendemos demasiado? ¿Y si pensar de más no te libera, sino que te deja atrapado, dándole vueltas a todo como un hámster con mala leche?
Eso es lo que te lanza a la cara Memorias del subsuelo de Fyodor Dostoyevski. No como una teoría elegante, sino como una voz. Una voz que habla sin parar, que se contradice, que se justifica y se sabotea al mismo tiempo. Y lo inquietante no es escucharla. Lo inquietante es pillarte a ti mismo dándole la razón en algún momento… y tener que recolocarte en la silla.
Porque aquí no hay una novela al uso. Hay una confesión incómoda. Un monólogo que no avanza en línea recta, sino que se enreda, retrocede, se corrige y vuelve a empezar. Dostoyevski no te cuenta una historia para que pases el rato; te sienta delante de alguien que probablemente evitarías en la vida real… pero del que no puedes apartar la mirada.
La estructura ya te avisa de que esto no va a ser cómodo. La primera parte es prácticamente un bloque filosófico en bruto: denso, insistente, a ratos agotador. No porque esté mal escrito, sino porque el tipo no te da tregua. Aquí el narrador desmonta —con bastante mala baba— esa idea tan bonita de que el ser humano es racional y siempre actúa en su propio interés. Y lo hace pensando en voz alta, corrigiéndose, llevándose la contraria, como si estuviera atrapado en una discusión interminable consigo mismo.
A mí esta parte me obligó a bajar el ritmo. Hubo momentos de parar, releer y pensar “vale, espera, ¿qué está diciendo exactamente aquí?”. No es una dificultad técnica, es otra cosa: es que el texto te mete en una forma de pensar que no te deja salir fácilmente.
Es un libro corto, sí, pero tiene la densidad de esas ideas que no te dejan en paz. Aquí Dostoyevski no está escribiendo en el vacío: está reaccionando contra toda esa fe tan optimista en que el ser humano es lógico, razonable y, con un poco de orden, perfectamente arreglable.
Y mientras lees, se nota que hay algo en juego. Como una especie de pulso constante, una tensión que no se resuelve:
razón contra voluntad
lógica contra capricho
progreso contra autodestrucción
Y todo eso no ocurre en abstracto. Ocurre dentro de una cabeza. Nada más. Nada menos.
Y aquí viene algo que a mí me ayudó a entender mejor por qué este libro aprieta tanto. Memorias del subsuelo se publica en 1864, en una Rusia que intenta modernizarse a marchas forzadas… pero sin tener muy claro qué demonios significa eso, con la mirada puesta en Europa, llena de fe en que con un poco de ciencia, orden y lógica se puede arreglar al ser humano.
En esa época estaban muy en boga ideas que hoy suenan casi ingenuas: que el ser humano es racional, que si entendemos las leyes de la naturaleza podremos organizar una sociedad perfecta, que el progreso científico acabaría trayendo algo parecido a la felicidad. Había toda una corriente bastante convencida de que, si entiendes bien cómo funciona todo, la gente acabará comportándose como “debería”.
Y claro, Dostoyevski mira todo eso… y dice: ni de coña. No te responde con un ensayo, te planta delante a alguien que desmonta esa idea desde dentro. Alguien que entiende perfectamente lo que le convendría… y aun así se empeña en hacer lo contrario. Y eso, en su momento, no era solo una provocación literaria. Era casi llevar la contraria a toda una forma de pensar la sociedad y al ser humano.
Luego llega la segunda parte, que ya se parece más a un relato. Hay escenas, hay interacción, hay algo que podríamos llamar acción. Pero aquí es donde todo lo anterior deja de ser discurso y se vuelve comportamiento. Y entonces ya no hay escapatoria: lo que en la primera mitad podía sonar exagerado o incluso teórico, aquí se vuelve incómodamente concreto.
El narrador es el centro de todo, y también el mayor acierto del libro. Es contradictorio, rencoroso, hiperlúcido hasta hacerse daño, ridículo a ratos… y en ocasiones acierta. Y claro, ahí es donde te descoloca. Porque no puedes despacharlo sin más. Hay momentos en los que piensas: “no me gusta nada este tipo… pero aquí ha visto algo que yo también he pensado alguna vez”.
Sus contradicciones no son un defecto, son el mecanismo. Se afirma y se desmonta, se justifica y se deja en evidencia. Y en ese bucle acaba apareciendo algo bastante reconocible: una mente que piensa tanto sobre sí misma que termina bloqueándose… o peor, empujándose justo en la dirección contraria a lo que le convendría.
Hay una idea que atraviesa todo el libro y que, cuando la ves, ya no te suelta: el ser humano no siempre quiere su propio bien. A veces necesita ir en contra de sí mismo, aunque solo sea para demostrar que no es tan predecible como le gustaría a la lógica. Y lo interesante es que Dostoyevski no te la lanza como una teoría bonita: te la enseña en marcha, funcionando, con todas sus consecuencias.
Y aquí es donde el libro empieza a incomodar de verdad. Porque deja de ser un retrato ajeno. Sin darte cuenta, empiezas a reconocer mecanismos, pequeños gestos mentales, formas de pensar que no te resultan tan extrañas. Y ese reconocimiento no es agradable. Es más bien de esos que te hacen cerrar el libro un momento y quedarte mirando a la nada.
Hubo un momento —más de uno, en realidad— en el que me sorprendí buscando una salida. Algo de aire. Una frase que ordenara todo, una distancia desde la que mirar al narrador sin sentirme tan cerca. Pero no. Dostoyevski no está ahí para darte ese respiro. Está ahí para abrir una grieta… y dejarte asomado.
Si tuviera que situarlo al lado de algo, diría que aquí ya se intuyen muchas cosas que luego veremos en Kafka o en ciertos autores existencialistas. Pero aquí todo es más crudo, menos ordenado, más directo. No hay estructura que te proteja. Hay choque.
Y conviene decirlo claro: no es una lectura fácil. Puede hacerse cuesta arriba en algunos tramos, puede cansar, incluso irritar. Pero esa resistencia forma parte de lo que el libro está haciendo contigo. No es un fallo, es el efecto.
Al final, más que una historia, lo que te deja es una sensación incómoda: la sospecha de que la lucidez, llevada demasiado lejos, no te hace más libre… te deja atrapado contigo mismo.
Y claro, después de todo esto llega el momento incómodo: ponerle estrellas. Porque este no es un libro que entre en la categoría de los que “disfrutas”. Juega en otra liga. En la de los que te cambian la forma de mirar al ser humano. Y ahí, muy pocos juegan tan arriba. No es una lectura cómoda, ni especialmente agradecida. Tiene un arranque que puede hacerse cuesta arriba, exige atención, paciencia… y no te regala nada.
Pero también es una obra fundacional, de esas sin las cuales medio siglo XX —Kafka, Sartre, Camus— no se entiende igual. Tiene una honestidad brutal, un narrador que incomoda de verdad y una capacidad poco común para señalar cosas que seguimos sin querer mirar. Así que sí: no es perfecto, pero da bastante igual. Porque al final lo que importa aquí no es si lo has “disfrutado”, sino lo que te ha removido mientras lo leías… y lo que sigue dando vueltas después. Por eso se lleva mis cinco estrellas
Y cuando cierras Memorias del subsuelo, la incomodidad no es tanto lo que has leído… sino lo poco que necesitas torcerte para empezar a parecerte a esa voz más de lo que te gustaría.
Eso es lo que te lanza a la cara Memorias del subsuelo de Fyodor Dostoyevski. No como una teoría elegante, sino como una voz. Una voz que habla sin parar, que se contradice, que se justifica y se sabotea al mismo tiempo. Y lo inquietante no es escucharla. Lo inquietante es pillarte a ti mismo dándole la razón en algún momento… y tener que recolocarte en la silla.
Porque aquí no hay una novela al uso. Hay una confesión incómoda. Un monólogo que no avanza en línea recta, sino que se enreda, retrocede, se corrige y vuelve a empezar. Dostoyevski no te cuenta una historia para que pases el rato; te sienta delante de alguien que probablemente evitarías en la vida real… pero del que no puedes apartar la mirada.
La estructura ya te avisa de que esto no va a ser cómodo. La primera parte es prácticamente un bloque filosófico en bruto: denso, insistente, a ratos agotador. No porque esté mal escrito, sino porque el tipo no te da tregua. Aquí el narrador desmonta —con bastante mala baba— esa idea tan bonita de que el ser humano es racional y siempre actúa en su propio interés. Y lo hace pensando en voz alta, corrigiéndose, llevándose la contraria, como si estuviera atrapado en una discusión interminable consigo mismo.
A mí esta parte me obligó a bajar el ritmo. Hubo momentos de parar, releer y pensar “vale, espera, ¿qué está diciendo exactamente aquí?”. No es una dificultad técnica, es otra cosa: es que el texto te mete en una forma de pensar que no te deja salir fácilmente.
Es un libro corto, sí, pero tiene la densidad de esas ideas que no te dejan en paz. Aquí Dostoyevski no está escribiendo en el vacío: está reaccionando contra toda esa fe tan optimista en que el ser humano es lógico, razonable y, con un poco de orden, perfectamente arreglable.
Y mientras lees, se nota que hay algo en juego. Como una especie de pulso constante, una tensión que no se resuelve:
razón contra voluntad
lógica contra capricho
progreso contra autodestrucción
Y todo eso no ocurre en abstracto. Ocurre dentro de una cabeza. Nada más. Nada menos.
Y aquí viene algo que a mí me ayudó a entender mejor por qué este libro aprieta tanto. Memorias del subsuelo se publica en 1864, en una Rusia que intenta modernizarse a marchas forzadas… pero sin tener muy claro qué demonios significa eso, con la mirada puesta en Europa, llena de fe en que con un poco de ciencia, orden y lógica se puede arreglar al ser humano.
En esa época estaban muy en boga ideas que hoy suenan casi ingenuas: que el ser humano es racional, que si entendemos las leyes de la naturaleza podremos organizar una sociedad perfecta, que el progreso científico acabaría trayendo algo parecido a la felicidad. Había toda una corriente bastante convencida de que, si entiendes bien cómo funciona todo, la gente acabará comportándose como “debería”.
Y claro, Dostoyevski mira todo eso… y dice: ni de coña. No te responde con un ensayo, te planta delante a alguien que desmonta esa idea desde dentro. Alguien que entiende perfectamente lo que le convendría… y aun así se empeña en hacer lo contrario. Y eso, en su momento, no era solo una provocación literaria. Era casi llevar la contraria a toda una forma de pensar la sociedad y al ser humano.
Luego llega la segunda parte, que ya se parece más a un relato. Hay escenas, hay interacción, hay algo que podríamos llamar acción. Pero aquí es donde todo lo anterior deja de ser discurso y se vuelve comportamiento. Y entonces ya no hay escapatoria: lo que en la primera mitad podía sonar exagerado o incluso teórico, aquí se vuelve incómodamente concreto.
El narrador es el centro de todo, y también el mayor acierto del libro. Es contradictorio, rencoroso, hiperlúcido hasta hacerse daño, ridículo a ratos… y en ocasiones acierta. Y claro, ahí es donde te descoloca. Porque no puedes despacharlo sin más. Hay momentos en los que piensas: “no me gusta nada este tipo… pero aquí ha visto algo que yo también he pensado alguna vez”.
Sus contradicciones no son un defecto, son el mecanismo. Se afirma y se desmonta, se justifica y se deja en evidencia. Y en ese bucle acaba apareciendo algo bastante reconocible: una mente que piensa tanto sobre sí misma que termina bloqueándose… o peor, empujándose justo en la dirección contraria a lo que le convendría.
Hay una idea que atraviesa todo el libro y que, cuando la ves, ya no te suelta: el ser humano no siempre quiere su propio bien. A veces necesita ir en contra de sí mismo, aunque solo sea para demostrar que no es tan predecible como le gustaría a la lógica. Y lo interesante es que Dostoyevski no te la lanza como una teoría bonita: te la enseña en marcha, funcionando, con todas sus consecuencias.
Y aquí es donde el libro empieza a incomodar de verdad. Porque deja de ser un retrato ajeno. Sin darte cuenta, empiezas a reconocer mecanismos, pequeños gestos mentales, formas de pensar que no te resultan tan extrañas. Y ese reconocimiento no es agradable. Es más bien de esos que te hacen cerrar el libro un momento y quedarte mirando a la nada.
Hubo un momento —más de uno, en realidad— en el que me sorprendí buscando una salida. Algo de aire. Una frase que ordenara todo, una distancia desde la que mirar al narrador sin sentirme tan cerca. Pero no. Dostoyevski no está ahí para darte ese respiro. Está ahí para abrir una grieta… y dejarte asomado.
Si tuviera que situarlo al lado de algo, diría que aquí ya se intuyen muchas cosas que luego veremos en Kafka o en ciertos autores existencialistas. Pero aquí todo es más crudo, menos ordenado, más directo. No hay estructura que te proteja. Hay choque.
Y conviene decirlo claro: no es una lectura fácil. Puede hacerse cuesta arriba en algunos tramos, puede cansar, incluso irritar. Pero esa resistencia forma parte de lo que el libro está haciendo contigo. No es un fallo, es el efecto.
Al final, más que una historia, lo que te deja es una sensación incómoda: la sospecha de que la lucidez, llevada demasiado lejos, no te hace más libre… te deja atrapado contigo mismo.
Y claro, después de todo esto llega el momento incómodo: ponerle estrellas. Porque este no es un libro que entre en la categoría de los que “disfrutas”. Juega en otra liga. En la de los que te cambian la forma de mirar al ser humano. Y ahí, muy pocos juegan tan arriba. No es una lectura cómoda, ni especialmente agradecida. Tiene un arranque que puede hacerse cuesta arriba, exige atención, paciencia… y no te regala nada.
Pero también es una obra fundacional, de esas sin las cuales medio siglo XX —Kafka, Sartre, Camus— no se entiende igual. Tiene una honestidad brutal, un narrador que incomoda de verdad y una capacidad poco común para señalar cosas que seguimos sin querer mirar. Así que sí: no es perfecto, pero da bastante igual. Porque al final lo que importa aquí no es si lo has “disfrutado”, sino lo que te ha removido mientras lo leías… y lo que sigue dando vueltas después. Por eso se lleva mis cinco estrellas
Y cuando cierras Memorias del subsuelo, la incomodidad no es tanto lo que has leído… sino lo poco que necesitas torcerte para empezar a parecerte a esa voz más de lo que te gustaría.
December 16, 2019
Que novela fascinante. Una maravilla donde la filosofía y la psicología se juntan de manera extraordinaria.
La novela esta dividida en dos partes. En la primer parte nos encontramos con el protagonista, un hombre de 40 años, alienado, que a través de un monologo interior muy filosófico reflexiona sobre su existencia y donde hay mucho de la perdida de la individualidad de la que hablaba Kierkegaard en sus teorías existencialistas a mediados del siglo XIX.
“No solo no acerté a volverme malo, sino que tampoco logre llegar a nada; ni malo ni bueno, ni infame ni honrado, ni héroe ni pigmeo, Ahora termino mis días en mi rincón, con ese maligno y vano consuelo de que un hombre inteligente no puede lograr abrirse camino y que solo los necios lo consiguen.”
En la segunda parte el protagonista nos relata una historia de cuando él tenia 24 años que nos va a permitir entender porque llega a su estado psíquico actual. Y ahí nos encontramos a alguien que sufre una fuerte neurosis ,con una baja autoestima y serios problemas de ego donde el miedo a la desconsideración, a la humillación y al ridículo son el centro de su vida, y necesita imperiosamente un triunfo vindicativo como antídoto a tanta humillación. Pero por más que lo intente, racionalmente no puede calmar sus sentimientos y emociones y sus nervios terminan colapsando en una crisis de ansiedad.
Una novela MAGNIFICA
Mención especial para el excelente prólogo de Rafael Cansinos Assens
La novela esta dividida en dos partes. En la primer parte nos encontramos con el protagonista, un hombre de 40 años, alienado, que a través de un monologo interior muy filosófico reflexiona sobre su existencia y donde hay mucho de la perdida de la individualidad de la que hablaba Kierkegaard en sus teorías existencialistas a mediados del siglo XIX.
“No solo no acerté a volverme malo, sino que tampoco logre llegar a nada; ni malo ni bueno, ni infame ni honrado, ni héroe ni pigmeo, Ahora termino mis días en mi rincón, con ese maligno y vano consuelo de que un hombre inteligente no puede lograr abrirse camino y que solo los necios lo consiguen.”
En la segunda parte el protagonista nos relata una historia de cuando él tenia 24 años que nos va a permitir entender porque llega a su estado psíquico actual. Y ahí nos encontramos a alguien que sufre una fuerte neurosis ,con una baja autoestima y serios problemas de ego donde el miedo a la desconsideración, a la humillación y al ridículo son el centro de su vida, y necesita imperiosamente un triunfo vindicativo como antídoto a tanta humillación. Pero por más que lo intente, racionalmente no puede calmar sus sentimientos y emociones y sus nervios terminan colapsando en una crisis de ansiedad.
Una novela MAGNIFICA
Mención especial para el excelente prólogo de Rafael Cansinos Assens
October 16, 2023
Aquí nos encontramos con el Dostoievski más filósofo, más puro diría yo. Sin apenas relato de por medio, la primer parte parece más bien un ensayo. Nos encontramos a un tipo que sufre, se desespera, no sé sí tiene alterada la razón, el caso es que es un tipo sensible, dolido y da la impresión que fue castigado por la vida:
“(…) estoy firmemente convencido de que no sólo mucha conciencia, sino que cualquier dosis de conciencia es una enfermedad.”
Es un personaje absolutamente insufrible, contradictorio, por momentos ridículo, acomplejado y totalmente dominante, al menos en su interior, que no en su comportamiento efectivo. No sabemos de inicio a que se debe todo ese resentimiento contra todo y contra todos. Sus reflexiones en la mayoría de las ocasiones son muy acertadas, pero le pierde esa actitud totalmente desquiciada y como digo absurda.
“Miren a su alrededor: la sangre corre a raudales y de una forma tan sumamente alegre como si del champán se tratara. Aquí tienen ustedes todo nuestro siglo XIX. Aquí tienen a Napoleón, el grande de antes y el de ahora. Aquí tienen la América del Norte, la de la unión perpetua…” (..y todavía no se ha tenido lugar la inminente revolución bolchevique, ni la Primera, o la Segunda Guerra Mundial, clarividente)
“Se han percatado ustedes que los más sofisticados derramadores de sangre casi siempre han sido unos caballeros de lo más civilizados, a los que ni todo tipo de Atilas llegarían a la suela de los zapatos. Y si, por el contrario, no destacan tanto como ellos, es porque parecen demasiado familiares, demasiado corrientes, cuando se los encuentra uno” (Visionario…)
Cuando entras en la segunda parte del libro, se ve algún detalle de como ha llegado esa persona a tal punto de machaque, o destrucción psicológica.
En toda la obra de inicio a fin encuentro innumerables influencias de El Quijote. El protagonista cada vez se parece más a D. Quijote, pero diría que en una evolución inversa: allí D. Quijote se pone cuerdo al final y aquí con el avanzar de la obra cada vez está más desquiciado, más loco, más contradictorio el protagonista. Aunque tiene momentos de enorme lucidez, OJO aviso para lectores:
“Fíjense bien. Hoy todavía no sabemos dónde se oculta la vida, qué clase de sitio es ése ni cómo se llama. Si nos abandonan, si nos retiran los libros, nos veremos inmediatamente en un embrollo, todo lo confundiremos, no sabremos adónde ir ni cómo ir, ignoraremos lo que se debe amar y lo que se debe odiar, lo que debe respetarse y lo que sólo merece desprecio. Incluso nos molesta ser hombres, hombres de carne y hueso; nos da vergüenza, lo consideramos como un oprobio y soñamos con llegar a convertirnos en una especie de seres abstractos, universales. Somos seres muertos desde el momento de nacer.”
O
“(…) todos hemos perdido el hábito de vivir, porque todos cojeamos, unos más y otros menos. Incluso hemos llegado a perder ese hábito hasta el punto de que sentimos cierta repugnancia por la vida real, por la «vida viva». Pero eso no nos gusta que nos lo recuerden. Hemos llegado a considerar la vida real, la «vida viva», como algo ingrato, como un servicio penoso, y todos estamos de acuerdo en que lo mejor es adaptarse a los libros. ¿Qué objeto tiene nuestra agitación? ¿Qué buscamos? ¿Qué deseamos? Ni nosotros mismos lo sabemos. Es más, si nuestros deseos se cumpliesen, no nos sentiríamos felices. Si nos diesen un poco de libertad, si detestasen nuestras manos, si ensanchasen nuestro círculo de acción, si nos quitasen las riendas, inmediatamente -estoy seguro- solicitaríamos que nos volvieran a poner bajo tutela. Sé que os he enojado, que vais a gritar, a protestar: «¡Hable por usted solo y por sus miserias subterráneas! En lo que me concierne personalmente, no he hecho otra cosa en mi vida que llevar hasta el fin lo que ustedes sólo han llevado hasta la mitad, aunque se han consolado con la mentira de llamar prudencia a la cobardía. Tanto es así, que mi vida es tal vez más real que la de ustedes.”
“(…) estoy firmemente convencido de que no sólo mucha conciencia, sino que cualquier dosis de conciencia es una enfermedad.”
Es un personaje absolutamente insufrible, contradictorio, por momentos ridículo, acomplejado y totalmente dominante, al menos en su interior, que no en su comportamiento efectivo. No sabemos de inicio a que se debe todo ese resentimiento contra todo y contra todos. Sus reflexiones en la mayoría de las ocasiones son muy acertadas, pero le pierde esa actitud totalmente desquiciada y como digo absurda.
“Miren a su alrededor: la sangre corre a raudales y de una forma tan sumamente alegre como si del champán se tratara. Aquí tienen ustedes todo nuestro siglo XIX. Aquí tienen a Napoleón, el grande de antes y el de ahora. Aquí tienen la América del Norte, la de la unión perpetua…” (..y todavía no se ha tenido lugar la inminente revolución bolchevique, ni la Primera, o la Segunda Guerra Mundial, clarividente)
“Se han percatado ustedes que los más sofisticados derramadores de sangre casi siempre han sido unos caballeros de lo más civilizados, a los que ni todo tipo de Atilas llegarían a la suela de los zapatos. Y si, por el contrario, no destacan tanto como ellos, es porque parecen demasiado familiares, demasiado corrientes, cuando se los encuentra uno” (Visionario…)
Cuando entras en la segunda parte del libro, se ve algún detalle de como ha llegado esa persona a tal punto de machaque, o destrucción psicológica.
En toda la obra de inicio a fin encuentro innumerables influencias de El Quijote. El protagonista cada vez se parece más a D. Quijote, pero diría que en una evolución inversa: allí D. Quijote se pone cuerdo al final y aquí con el avanzar de la obra cada vez está más desquiciado, más loco, más contradictorio el protagonista. Aunque tiene momentos de enorme lucidez, OJO aviso para lectores:
“Fíjense bien. Hoy todavía no sabemos dónde se oculta la vida, qué clase de sitio es ése ni cómo se llama. Si nos abandonan, si nos retiran los libros, nos veremos inmediatamente en un embrollo, todo lo confundiremos, no sabremos adónde ir ni cómo ir, ignoraremos lo que se debe amar y lo que se debe odiar, lo que debe respetarse y lo que sólo merece desprecio. Incluso nos molesta ser hombres, hombres de carne y hueso; nos da vergüenza, lo consideramos como un oprobio y soñamos con llegar a convertirnos en una especie de seres abstractos, universales. Somos seres muertos desde el momento de nacer.”
O
“(…) todos hemos perdido el hábito de vivir, porque todos cojeamos, unos más y otros menos. Incluso hemos llegado a perder ese hábito hasta el punto de que sentimos cierta repugnancia por la vida real, por la «vida viva». Pero eso no nos gusta que nos lo recuerden. Hemos llegado a considerar la vida real, la «vida viva», como algo ingrato, como un servicio penoso, y todos estamos de acuerdo en que lo mejor es adaptarse a los libros. ¿Qué objeto tiene nuestra agitación? ¿Qué buscamos? ¿Qué deseamos? Ni nosotros mismos lo sabemos. Es más, si nuestros deseos se cumpliesen, no nos sentiríamos felices. Si nos diesen un poco de libertad, si detestasen nuestras manos, si ensanchasen nuestro círculo de acción, si nos quitasen las riendas, inmediatamente -estoy seguro- solicitaríamos que nos volvieran a poner bajo tutela. Sé que os he enojado, que vais a gritar, a protestar: «¡Hable por usted solo y por sus miserias subterráneas! En lo que me concierne personalmente, no he hecho otra cosa en mi vida que llevar hasta el fin lo que ustedes sólo han llevado hasta la mitad, aunque se han consolado con la mentira de llamar prudencia a la cobardía. Tanto es así, que mi vida es tal vez más real que la de ustedes.”
December 21, 2025
"Estamos acostumbrados a no vivir".
pf.
pf.
January 20, 2024
No voy a esconderlo, siento que me da un poco de reparo reseñar esta obra. ¿Estaré a la altura de las circunstancias? ¿Lograré plasmar en estas líneas lo mucho que me ha gustado y el poso que ha dejado en mí? ¿Qué puedo aportar yo, cuando se han escrito ríos de tinta analizando este clásico de la literatura universal? Bueno, no sé cómo saldrá esto, pero tenía que hablar de "Apuntes del subsuelo" sí o sí ya que al finalizar su lectura, analizarla y pensar mucho sobre la misma, se ha convertido en una de mis novelas favoritas.
“Soy un hombre enfermo… Soy un hombre rabioso.” Estas son las primeras líneas de una de esas novelas que, con los años, cuando la ves en tu estantería y te entran ganas de leerla de nuevo, te das cuenta de que aún tiene mucho que enseñarte. Una pequeña gran joya... Se trata de "Apuntes del subsuelo", obra de Fiódor Dostoievski publicada por primera vez en 1864 y con la que el autor ruso compendiaba buena parte de su pensamiento filosófico bajo una atmósfera de pesimismo marcada por su situación personal. La novela no es muy extensa, pero es capaz de ofrecer reflexiones tan densas y complejas como contradictorias, y todo ello en unas pocas páginas.
Tratándose de una novela de Dostoyevski, autor de obras descomunales como "El jugador", "Crimen y Castigo" o "Los hermanos Karamázov", uno puede pensar que, desde luego, "Apuntes del subsuelo" ha de ser otro magnífico análisis sobre la psicología humana. Y no estaría equivocado, con la diferencia de que es posiblemente una de las obras más personales del escritor, y es ahí donde reside su magia. Dividida en dos partes; la primera, bajo el título "El subsuelo", es un monólogo interior de un funcionario del que nunca conocemos su nombre. Es quien recita esas primeras palabras que encabezan este texto y quien, a través de una verborrea tan caótica como brillante, explica al lector cómo ha llegado a esa situación de deprimente apatía.
En la segunda parte, titulada "A propósito del aguanieve", el narrador recuerda un episodio que le ocurrió en su vida y que ejemplifica su comportamiento. Esta segunda parte tiene una estructura más propia del relato clásico, pero está tan hermanada con la primera que no serían posibles una separada de la otra aunque en sí mismas dotan a "Apuntes del subsuelo" de una personalidad única. Es, en fin, una novela incomparable a otra que haya leído antes...
"Les apetezca o no escucharme, ahora quiero contarles por qué no pude convertirme ni siquiera en un insecto. Les diré solamente que muchas veces quise convertirme en un insecto. Pero ni siquiera eso logré. Les juro, señores, que tener exceso de conciencia es una enfermedad; una enfermedad real y completa. Y para una vida corriente, le bastará al hombre con tener una conciencia ordinaria, que fuera la mitad, e incluso la cuarta parte de la porción que le ha tocado en suerte vivir al desarrollado hombre de nuestro desgraciado siglo XIX; un hombre, al que, por añadidura, le ha tocado la desgracia de vivir en Petersburgo, la ciudad más abstracta del globo terráqueo.”
"Apuntes del subsuelo" es una obra en la que zambullirse. El hombre del subsuelo, planteado como una suerte de estado moral y mental al que ha llegado el narrador, es un hombre esculpido por un servicio de funcionariado que le ha convertido en un ser vil, autodenominado como malvado y capaz de encontrar en el rencor y la venganza herramientas para justificar su comportamiento. El hombre del subsuelo es una persona contradictoria que ha permanecido, durante sus años de oficio, al margen de lo que él mismo denomina la “vida viva” y que, como si de un habitante de la caverna platónica se tratase, ahora busca respuestas a sus múltiples dudas en un nuevo lugar que le atrae y aterra al mismo tiempo. Para este habitante del subsuelo su gran condena es ser demasiado inteligente, tanto como para ser consciente de su conciencia, la cual a su vez le recuerda que no tiene identidad y no se atiene a las leyes de la naturaleza humana.
"Apuntes del subsuelo" es una novela pequeña en tamaño e inmensa en contenido, una pieza clave en el trabajo de un escritor clave que ha marcado la historia de la literatura. Quizás no es apta para todo tipo de paladares, pero sin duda los más escépticos deberán atreverse tarde o temprano aunque sepan, tras leer estas humildes líneas, que no es nada fácil convertirse en un insecto.
“Soy un hombre enfermo… Soy un hombre rabioso.” Estas son las primeras líneas de una de esas novelas que, con los años, cuando la ves en tu estantería y te entran ganas de leerla de nuevo, te das cuenta de que aún tiene mucho que enseñarte. Una pequeña gran joya... Se trata de "Apuntes del subsuelo", obra de Fiódor Dostoievski publicada por primera vez en 1864 y con la que el autor ruso compendiaba buena parte de su pensamiento filosófico bajo una atmósfera de pesimismo marcada por su situación personal. La novela no es muy extensa, pero es capaz de ofrecer reflexiones tan densas y complejas como contradictorias, y todo ello en unas pocas páginas.
Tratándose de una novela de Dostoyevski, autor de obras descomunales como "El jugador", "Crimen y Castigo" o "Los hermanos Karamázov", uno puede pensar que, desde luego, "Apuntes del subsuelo" ha de ser otro magnífico análisis sobre la psicología humana. Y no estaría equivocado, con la diferencia de que es posiblemente una de las obras más personales del escritor, y es ahí donde reside su magia. Dividida en dos partes; la primera, bajo el título "El subsuelo", es un monólogo interior de un funcionario del que nunca conocemos su nombre. Es quien recita esas primeras palabras que encabezan este texto y quien, a través de una verborrea tan caótica como brillante, explica al lector cómo ha llegado a esa situación de deprimente apatía.
En la segunda parte, titulada "A propósito del aguanieve", el narrador recuerda un episodio que le ocurrió en su vida y que ejemplifica su comportamiento. Esta segunda parte tiene una estructura más propia del relato clásico, pero está tan hermanada con la primera que no serían posibles una separada de la otra aunque en sí mismas dotan a "Apuntes del subsuelo" de una personalidad única. Es, en fin, una novela incomparable a otra que haya leído antes...
"Les apetezca o no escucharme, ahora quiero contarles por qué no pude convertirme ni siquiera en un insecto. Les diré solamente que muchas veces quise convertirme en un insecto. Pero ni siquiera eso logré. Les juro, señores, que tener exceso de conciencia es una enfermedad; una enfermedad real y completa. Y para una vida corriente, le bastará al hombre con tener una conciencia ordinaria, que fuera la mitad, e incluso la cuarta parte de la porción que le ha tocado en suerte vivir al desarrollado hombre de nuestro desgraciado siglo XIX; un hombre, al que, por añadidura, le ha tocado la desgracia de vivir en Petersburgo, la ciudad más abstracta del globo terráqueo.”
"Apuntes del subsuelo" es una obra en la que zambullirse. El hombre del subsuelo, planteado como una suerte de estado moral y mental al que ha llegado el narrador, es un hombre esculpido por un servicio de funcionariado que le ha convertido en un ser vil, autodenominado como malvado y capaz de encontrar en el rencor y la venganza herramientas para justificar su comportamiento. El hombre del subsuelo es una persona contradictoria que ha permanecido, durante sus años de oficio, al margen de lo que él mismo denomina la “vida viva” y que, como si de un habitante de la caverna platónica se tratase, ahora busca respuestas a sus múltiples dudas en un nuevo lugar que le atrae y aterra al mismo tiempo. Para este habitante del subsuelo su gran condena es ser demasiado inteligente, tanto como para ser consciente de su conciencia, la cual a su vez le recuerda que no tiene identidad y no se atiene a las leyes de la naturaleza humana.
"Apuntes del subsuelo" es una novela pequeña en tamaño e inmensa en contenido, una pieza clave en el trabajo de un escritor clave que ha marcado la historia de la literatura. Quizás no es apta para todo tipo de paladares, pero sin duda los más escépticos deberán atreverse tarde o temprano aunque sepan, tras leer estas humildes líneas, que no es nada fácil convertirse en un insecto.
August 5, 2015
Memorias del subsuelo es el primer libro que leo de Fyodor Dostoyevsky. El autor me hizo descender hasta los lugares más recónditos, oscuros y humillantes del espíritu humano. Escarba en la mugre que todos poseemos, en ese polvo que tapa lo que no dejamos salir.
El libro está narrado en primera persona por un hombre cuyo nombre nunca se revela, solo se sabe que tiene 40 años, fue funcionario y vive apartado de la sociedad entre las sombras de su propia mente. Un solipsista paranoico a quien la locura lo acecha sin descanso.
En cuanto a la organización, se divide en dos partes: la primera —que es la más complicada de entender, aunque la más interesante— consta de un monólogo filosófico en el que se trata temas como la venganza, el resentimiento, la soledad y el conflicto ciencia-razón; en la segunda, el protagonista nos cuenta un hecho de su vida que lo marcó para siempre. Así, conocemos más sobre los tormentos propios del narrador, sobre su enajenación y su conducta antisocial que lo llevó a desconectarse de la «vida viva».
El libro está narrado en primera persona por un hombre cuyo nombre nunca se revela, solo se sabe que tiene 40 años, fue funcionario y vive apartado de la sociedad entre las sombras de su propia mente. Un solipsista paranoico a quien la locura lo acecha sin descanso.
En cuanto a la organización, se divide en dos partes: la primera —que es la más complicada de entender, aunque la más interesante— consta de un monólogo filosófico en el que se trata temas como la venganza, el resentimiento, la soledad y el conflicto ciencia-razón; en la segunda, el protagonista nos cuenta un hecho de su vida que lo marcó para siempre. Así, conocemos más sobre los tormentos propios del narrador, sobre su enajenación y su conducta antisocial que lo llevó a desconectarse de la «vida viva».
June 5, 2025
El título de este libro es más estético que significativo, ya que no habla del subsuelo, más bien habla desde el, desde ese lugar terrorífico, negro, tormentoso que está situado aquí en la tierra, un lugar que físicamente podría ser su casa, o el trabajo, inclusive los antros a los que es aficionado el protagonista, todos esos lugares se mezclan para formar un lugar donde no se puede respirar, donde no se puede vivir lo que él llama “la vida viva”.
Recomiendo que empiecen su lectura a partir de “A propósito de la nieve húmeda” y de ahí ataquen el inicio, les aseguro que la lectura será más ágil y tendrán contexto para entender mejor las disertaciones.
Ya que este es uno de los obstáculos que el autor puso deliberadamente para deshacerse de lectores un poco impacientes, un inicio que cuesta hacer la inmersión, debido sobre todo a que va de lleno a un monólogo, donde se disparan ideas, reclamos, pero sobre todo una tendencia a mirar la vida del hombre como una pantomima que se va repitiendo sin cesar.
“De hecho, yo creo que la mejor definición del ser humano es la siguiente: una criatura bípeda y desagradecida.”
Ataca también al país donde vive, lleno de personas buscando un puesto o protegiendo un puesto o queriendo un puesto más remunerado, y pasando de largo por las cuestiones fundamentales de la vida.
En la segunda parte el protagonista habla de sí mismo, de su personalidad, de su carácter, y de dos sucesos que a la edad de 24 años confirmaron lo que ya sabía. no soporta la presencia humana.
“Ansiaba «tranquilidad», ansiaba quedarme a solas en el subsuelo. Por falta de costumbre, la «vida viva» me oprimía de tal modo que me costaba respirar. ”
Confieso que al iniciarlo de manera convencional no pude entenderlo muy bien, incluso llegué a pensar que sería mi primera mala lectura de Dostovieski, cada párrafo se me atragantaba en la mente y no le encontraba más sentido que un continuo tirar palabras, un hablar por hablar diría el mismo autor, pero no me rendí y seguí, cuando inicié la parte donde cuenta su vida todo empezó a tener sentido, y pude tener un diálogo con el autor y hasta reírme de lo intenso que es.
Hay una escena donde literal dice: quiero abrazarme a la humanidad, y piensa que humano conoce, recuerda un conocido de la escuela, pero cae en cuenta que ese antiguo compañero solo recibe los martes y piensa: “y, por consiguiente, había que reprimir la necesidad de abrazarse con toda la humanidad hasta que fuera martes.”
No esperen entretenimiento, ni distracción, esperen desesperanza, dolor de estar vivo, extrañamiento ante otros seres humanos, comportamientos destructivos, incomodidad, y un profundo anhelo de abandonar el subsuelo de una vez y para siempre.
Tremendo escritor, que conocía profundamente el alma humana.
Recomiendo que empiecen su lectura a partir de “A propósito de la nieve húmeda” y de ahí ataquen el inicio, les aseguro que la lectura será más ágil y tendrán contexto para entender mejor las disertaciones.
Ya que este es uno de los obstáculos que el autor puso deliberadamente para deshacerse de lectores un poco impacientes, un inicio que cuesta hacer la inmersión, debido sobre todo a que va de lleno a un monólogo, donde se disparan ideas, reclamos, pero sobre todo una tendencia a mirar la vida del hombre como una pantomima que se va repitiendo sin cesar.
“De hecho, yo creo que la mejor definición del ser humano es la siguiente: una criatura bípeda y desagradecida.”
Ataca también al país donde vive, lleno de personas buscando un puesto o protegiendo un puesto o queriendo un puesto más remunerado, y pasando de largo por las cuestiones fundamentales de la vida.
En la segunda parte el protagonista habla de sí mismo, de su personalidad, de su carácter, y de dos sucesos que a la edad de 24 años confirmaron lo que ya sabía. no soporta la presencia humana.
“Ansiaba «tranquilidad», ansiaba quedarme a solas en el subsuelo. Por falta de costumbre, la «vida viva» me oprimía de tal modo que me costaba respirar. ”
Confieso que al iniciarlo de manera convencional no pude entenderlo muy bien, incluso llegué a pensar que sería mi primera mala lectura de Dostovieski, cada párrafo se me atragantaba en la mente y no le encontraba más sentido que un continuo tirar palabras, un hablar por hablar diría el mismo autor, pero no me rendí y seguí, cuando inicié la parte donde cuenta su vida todo empezó a tener sentido, y pude tener un diálogo con el autor y hasta reírme de lo intenso que es.
Hay una escena donde literal dice: quiero abrazarme a la humanidad, y piensa que humano conoce, recuerda un conocido de la escuela, pero cae en cuenta que ese antiguo compañero solo recibe los martes y piensa: “y, por consiguiente, había que reprimir la necesidad de abrazarse con toda la humanidad hasta que fuera martes.”
No esperen entretenimiento, ni distracción, esperen desesperanza, dolor de estar vivo, extrañamiento ante otros seres humanos, comportamientos destructivos, incomodidad, y un profundo anhelo de abandonar el subsuelo de una vez y para siempre.
Tremendo escritor, que conocía profundamente el alma humana.
September 18, 2021
Había leído este libro hace mucho, pero me doy cuenta ahora que me faltaban elementos para calificarlo justamente, no solamente por cosas que me faltaban por leer, sino cosas por vivir. El libro es terrible por si mismo, el personaje principal (que bien podría ser cualquier persona en el fondo) es muy desagradable, desesperado, cínico, sin ninguna clase de brújula salvo la necesidad de ser, de rebelarse de alguna manera contra lo que hay, incluso contra si mismo. Un poco recuerdo a Nietzsche, y es normal, el mismo Nietzsche hablaba de Dosto como un máximo psicólogo, esta voluntad de poder incluso en el fango, uno puede ver en este texto muchas ideas de las que saldrán varias de las grandes novelas de Fiodor.
Es terrible, pero buenísimo.
Es terrible, pero buenísimo.
August 28, 2026
No soy ningún experto, no puede considerarse de mí un hombre letrado en clásicos, ni mucho menos en literatura de este nivel. Solo soy un vulgar obrero que por caprichos del destino decidió, o no, leer a un escritor ruso bastante famoso.
Qué sorpresa al encontrarme una escritura fuerte y fluida de hace siglo y medio. ¿Qué tenía en la cabeza Fiódor para entender más allá de sí mismo y conseguir calarnos hasta los huesos a todos? ¿O solo vomitó lo que sentía sin pensar en nada más?
No he podido dejar de sentirme identificado con su figura de antihéroe, ¿quién no ha querido tirarle una botella a la cabeza a su estúpido interlocutor?
La sociedad no avanza tanto como creemos. Las fallas trascienden el tiempo. Las clases sociales, el aparentar, las falsas sonrisas... ¿no somos todos un poco del subsuelo en el fondo? ¿O realmente esas personas que proyectan luz no tienen ninguna sombra? ¿No van a su casa y critican a ese amigo plasta al que soportan por inercia social?
El dilema que más me atrae de esta obra es la aceptación. No somos pocos los que queremos tranquilidad, que nos dejen en paz y evitar cualquier tipo de alteración de nuestra rutina. Pero a la vez tenemos el pensamiento intrusivo de querer ser aceptados, pero tampoco mucho porque sería estresante. Este... sí, pero no, pero sí, lo siento de forma recurrente con el paso de los capítulos.
Es constante, a su vez, el debate interno en toda la obra, pesando más lo real sobre las apariencias, ganando importancia lo que verdaderamente debería merecerlo.
¿Cuánto avanzaría nuestra sociedad sí fuéramos veraces? ¿Retrocederíamos demostrando que la mentira es tan necesaria como la verdad?
Desde luego, no tengo esperanza en la sociedad, pero sí en autores como Dostoyevski, aunque sean una aguja en un pajar.
"Déjennos solos, sin los libros, y pronto nos habremos hecho un lío y estaremos perdidos; no sabremos a qué sumarnos ni a qué aferrarnos; qué amar y qué odiar, qué respetar y qué despreciar."
Qué sorpresa al encontrarme una escritura fuerte y fluida de hace siglo y medio. ¿Qué tenía en la cabeza Fiódor para entender más allá de sí mismo y conseguir calarnos hasta los huesos a todos? ¿O solo vomitó lo que sentía sin pensar en nada más?
No he podido dejar de sentirme identificado con su figura de antihéroe, ¿quién no ha querido tirarle una botella a la cabeza a su estúpido interlocutor?
La sociedad no avanza tanto como creemos. Las fallas trascienden el tiempo. Las clases sociales, el aparentar, las falsas sonrisas... ¿no somos todos un poco del subsuelo en el fondo? ¿O realmente esas personas que proyectan luz no tienen ninguna sombra? ¿No van a su casa y critican a ese amigo plasta al que soportan por inercia social?
El dilema que más me atrae de esta obra es la aceptación. No somos pocos los que queremos tranquilidad, que nos dejen en paz y evitar cualquier tipo de alteración de nuestra rutina. Pero a la vez tenemos el pensamiento intrusivo de querer ser aceptados, pero tampoco mucho porque sería estresante. Este... sí, pero no, pero sí, lo siento de forma recurrente con el paso de los capítulos.
Es constante, a su vez, el debate interno en toda la obra, pesando más lo real sobre las apariencias, ganando importancia lo que verdaderamente debería merecerlo.
¿Cuánto avanzaría nuestra sociedad sí fuéramos veraces? ¿Retrocederíamos demostrando que la mentira es tan necesaria como la verdad?
Desde luego, no tengo esperanza en la sociedad, pero sí en autores como Dostoyevski, aunque sean una aguja en un pajar.
"Déjennos solos, sin los libros, y pronto nos habremos hecho un lío y estaremos perdidos; no sabremos a qué sumarnos ni a qué aferrarnos; qué amar y qué odiar, qué respetar y qué despreciar."
May 17, 2016
Después de la encantadora densidad narrativa de “La Regenta” de Leopoldo Alas, paso abruptamente a la amarga y vitriólica voz que emana del narrador del subsuelo, creado por Fiodor Dostoievski (1821-1881), un narrador resentido con la vida, un alma desgraciada que va zozobrando por el mundo y que hace un corrosivo examen de conciencia el cual dirige a todo el mundo y lo vierte crudamente en las páginas de estas Memorias del Subsuelo.
La obra refleja a una persona con un alma enferma, con una autoestima nula y una susceptibilidad extrema que se obstina en atormentarse y lo convierten en un hombre por demás infeliz y, lo que es más, él se asume como un ser despreciable y cobarde.
“¿Cuántas veces no me habrá ocurrido resentirme sin razón, sólo por gusto?”
El libro es relativamente corto y se encuentra dividido en dos partes. La primera parece ser una especie de homilía no religiosa dirigida al mundo o bien una exposición de motivos filosóficos que preludian a la segunda parte. Esta primera parte me ha resultado un tanto árida debido a sus múltiples razonamientos que el ignoto narrador nos va exponiendo tanto a través de complicadas disertaciones, como también a través de múltiples preguntas que deja en el aire. En suma es un monólogo interior de un antihéroe que odia el mundo, un ser que causa aversión y auto degradado en extremo.
“No podía yo con mi alma, porque valgo bien poco”
En la segunda parte Dostoievski pone en práctica o deja correr la narración que hace el propio narrador sin identidad, sobre la concepción filosófica planteada en la primera parte. Esto lo hace a través del relato de algunos acontecimientos que ponen en evidencia las bajezas y la cobardía de él, en los que se incluyen hechos en donde plasma múltiples ofensas, imaginarias todas ellas, las cuales le sirven de pretexto para mantener ocupada su mente planeando venganzas y regodeándose con el dolor que ellas le proporcionan.
Este narrador desconocido destila una corrupción moral y una aversión hacia él mismo retratadas con un gran vigor como sólo el gran Dostoievski podría hacerlo.
“…he malogrado mi vida pudriéndome moralmente en una covacha, sin nadie a mi alrededor, perdiendo en mi sótano la costumbre de cuanto es vivo, y por añadidura, cargado de escrupulosa malicia.”
La obra refleja a una persona con un alma enferma, con una autoestima nula y una susceptibilidad extrema que se obstina en atormentarse y lo convierten en un hombre por demás infeliz y, lo que es más, él se asume como un ser despreciable y cobarde.
“¿Cuántas veces no me habrá ocurrido resentirme sin razón, sólo por gusto?”
El libro es relativamente corto y se encuentra dividido en dos partes. La primera parece ser una especie de homilía no religiosa dirigida al mundo o bien una exposición de motivos filosóficos que preludian a la segunda parte. Esta primera parte me ha resultado un tanto árida debido a sus múltiples razonamientos que el ignoto narrador nos va exponiendo tanto a través de complicadas disertaciones, como también a través de múltiples preguntas que deja en el aire. En suma es un monólogo interior de un antihéroe que odia el mundo, un ser que causa aversión y auto degradado en extremo.
“No podía yo con mi alma, porque valgo bien poco”
En la segunda parte Dostoievski pone en práctica o deja correr la narración que hace el propio narrador sin identidad, sobre la concepción filosófica planteada en la primera parte. Esto lo hace a través del relato de algunos acontecimientos que ponen en evidencia las bajezas y la cobardía de él, en los que se incluyen hechos en donde plasma múltiples ofensas, imaginarias todas ellas, las cuales le sirven de pretexto para mantener ocupada su mente planeando venganzas y regodeándose con el dolor que ellas le proporcionan.
Este narrador desconocido destila una corrupción moral y una aversión hacia él mismo retratadas con un gran vigor como sólo el gran Dostoievski podría hacerlo.
“…he malogrado mi vida pudriéndome moralmente en una covacha, sin nadie a mi alrededor, perdiendo en mi sótano la costumbre de cuanto es vivo, y por añadidura, cargado de escrupulosa malicia.”
June 4, 2023
Ahora si, Dostoyevsky terminó de arruinarme para siempre. Sabia que este iba a ser un libro difícil de digerir, pero nunca imaginé que pudiera plasmar mis sentimientos de una manera tan fiel.
Desde hoy es uno de mis libros favoritos.
Desde hoy es uno de mis libros favoritos.
August 29, 2020
La reseña de este libro la pueden encontrar en el último vídeo de mi canal de youtube https://youtu.be/PCDwP4XjtfQ
November 6, 2022
¡Qué puta maravilla! ¡Qué intenso! Me deja con la boca abierta...La verdad es que, cuando decidí leerlo, no esperaba unas reflexiones tan certeras acerca de la condición humana ni que describiera tan bien esas corrientes telúricas que mueven al ser humano a comportarse como lo hace. ¡Qué Genio! Ahora entiendo más que nunca la fama que tiene Dostoievski sobre su profunda comprensión de la psicología humana.
Logra que sientas compasión por un tirano, por alguien profundamente amargado que escupe todo su odio a diestro y siniestro, pero que en realidad está gritando que por favor le quieran porque él es incapaz de hacerlo.
Les dejo un pedacito de esta obra maestra:
...Todos nosotros estamos divorciados de la vida, todos estamos lisiados...Tan divorciados estamos de la vida que a veces sentimos una especie de repugnancia ante la "vida real"...Hemos llegado al extremo de considerar la "vida real" como una carga pesada, casi como una servidumbre, y todos estamos íntimamente de acuerdo en que la vida resulta mucho mejor en los libros.
Logra que sientas compasión por un tirano, por alguien profundamente amargado que escupe todo su odio a diestro y siniestro, pero que en realidad está gritando que por favor le quieran porque él es incapaz de hacerlo.
Les dejo un pedacito de esta obra maestra:
...Todos nosotros estamos divorciados de la vida, todos estamos lisiados...Tan divorciados estamos de la vida que a veces sentimos una especie de repugnancia ante la "vida real"...Hemos llegado al extremo de considerar la "vida real" como una carga pesada, casi como una servidumbre, y todos estamos íntimamente de acuerdo en que la vida resulta mucho mejor en los libros.
November 9, 2020
Uno de los grandes de la literatura universal nos presenta en una breve y compleja historia al 𝙝𝙤𝙢𝙗𝙧𝙚 𝙙𝙚𝙡 𝙨𝙪𝙗𝙨𝙪𝙚𝙡𝙤. Una novela que significa una lectura complicada donde tendremos a un contrariado y aturdido personaje que en forma de monólogo nos irá hablando sobre su filosofía de vida. Nos expresa libremente su desprecio por la humanidad y su sentido fatalista de las cosas. Hay ciertos aspectos de la obra de Dostoievski que representan ciertas barreras al lector, en 𝙈𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙡 𝙨𝙪𝙗𝙨𝙪𝙚𝙡𝙤 podríamos encontrar fácilmente todas. Sin embargo, esta novela no deja de ser una de las joyas del autor. Nos ofrece a uno de sus mejores anti-heroes de su obra. Un personaje sarcástico, absurdo e hilarante en medio de una trama que merece ser leída y analizada.
"𝘋𝘪𝘳𝘢́𝘯 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥𝘦𝘴, 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦́ 𝘩𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘳𝘦𝘷𝘰𝘭𝘦𝘢́𝘯𝘥𝘰𝘮𝘦 𝘺 𝘮𝘢𝘳𝘵𝘪𝘳𝘪𝘻𝘢́𝘯𝘥𝘰𝘮𝘦 𝘢 𝘮𝘪́ 𝘮𝘪𝘴𝘮𝘰. 𝘓𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘶𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘦𝘴: 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢 𝘢𝘣𝘶𝘳𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘦𝘤𝘦𝘳 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘺 𝘤𝘳𝘶𝘻𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘣𝘳𝘢𝘻𝘰𝘴."
"𝘋𝘪𝘳𝘢́𝘯 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥𝘦𝘴, 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦́ 𝘩𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘳𝘦𝘷𝘰𝘭𝘦𝘢́𝘯𝘥𝘰𝘮𝘦 𝘺 𝘮𝘢𝘳𝘵𝘪𝘳𝘪𝘻𝘢́𝘯𝘥𝘰𝘮𝘦 𝘢 𝘮𝘪́ 𝘮𝘪𝘴𝘮𝘰. 𝘓𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘶𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘦𝘴: 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢 𝘢𝘣𝘶𝘳𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘦𝘤𝘦𝘳 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘺 𝘤𝘳𝘶𝘻𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘣𝘳𝘢𝘻𝘰𝘴."
January 13, 2020
memorable, ★★★★½
citas y/o fragmentos subrayados en mi kindle:
• “No sólo no he logrado hacerme malo, sino que no he logrado convertirme ni en malo ni en bueno, ni en canalla ni en hombre honrado, ni en héroe ni en insecto. Ahora sobrevivo en mi rincón, burlándome a mí mismo con el inútil y malévolo consuelo de que un hombre inteligente no puede convertirse en otra cosa, y que sólo un tonto lo logra. Porque un hombre inteligente del siglo XIX debe, y está obligado moralmente, ser un sujeto fundamentalmente sin carácter; puesto que un hombre con carácter, es decir, toda una personalidad, es una criatura limitada por excelencia.”
• “Les juro, señores, que tener exceso de conciencia es una enfermedad; una enfermedad real y completa.”
• “Y lo más importante, lo mire desde el ángulo que lo mire, es que siempre salgo en todo como si fuera culpable; y lo que es aún más ofensivo, es que por decisión de las propias leyes de la naturaleza, paso siempre por ser culpable, cuando en realidad soy inocente. Pero en primer lugar, si soy culpable, es porque soy más inteligente que cuantos me rodean. (Siempre consideré que soy más inteligente que cuantos me rodeaban, y a veces, créanme, incluso de esto me llegué a avergonzar. En todo caso, durante toda mi vida he mirado a la gente un poco de reojo, sin que nunca pudiera mirarla directamente a los ojos).”
• “Y ahora lo repito, lo repito con insistencia: que toda la gente espontánea y activa, es activa porque es estúpida y limitada. ¿Cómo lo explicaría yo? Pues del siguiente modo: que esa gente, a consecuencia de su limitación, toma por primarias las causas más próximas y secundarias, convenciéndose antes y más fácilmente que los demás, de que ha hallado una base firme para sus convicciones y con ello se tranquiliza; y esto es lo que realmente importa. Pues para comenzar a actuar, antes que nada, debe estar uno absolutamente tranquilo para no sembrar ningún tipo de dudas. ¿Pero cómo puedo tranquilizarme yo mismo? ¿Dónde están esas causas primarias en que pretendo apoyarme? ¿Dónde están las bases? ¿De dónde voy a sacarlas? Si me pongo a reflexionar, compruebo que cualquier causa primaria arrastra consigo otra, aún más primaria que la anterior, y así, sucesivamente hasta el infinito. Precisamente en ello está la esencia de toda conciencia y de todo pensamiento.”
• “¿Qué es lo que ha suavizado en nosotros la civilización? Lo único que ésta ha aportado al hombre es una multitud de sensaciones y… decididamente, nada más. Pero con el desarrollo de esa multiplicidad de facetas, el hombre probablemente llegue al extremo de encontrar placer incluso en la sangre. Esto ya ha ocurrido antes. Se han percatado ustedes que los más sofisticados derramadores de sangre casi siempre han sido unos caballeros de lo más civilizados, a los que ni todo tipo de Atilas ni de Stenkas Razins[39] llegarían a la suela de los zapatos. Y si, por el contrario, no destacan tanto como ellos, es porque parecen demasiado familiares, demasiado corrientes, cuando se los encuentra uno. En todo caso, si con la civilización, el hombre no ha llegado a ser más sanguinario, entonces probablemente se ha hecho todavía peor y más vilmente sanguinario de lo que era antes. Porque antes, él veía justicia en el derramamiento de sangre y con conciencia tranquila aniquilaba a quien fuera necesario; sin embargo, ahora, aunque consideremos el derramamiento de sangre como algo abominable, a pesar de todo, probablemente hasta lo practiquemos más que antes. Decidan ustedes mismos qué es peor. Dicen que Cleopatra (disculpen por el ejemplo escogido de la historia romana) gustaba de clavar alfileres de oro en los pechos de sus esclavas y encontraba placer en sus gritos y convulsiones. Dirán que esto ocurría en tiempos, por así decirlo, bárbaros; pero también ahora vivimos tiempos bárbaros, porque (también por así decirlo) todavía se siguen clavando alfileres; y el hombre, aunque haya aprendido a ver algunas cosas con más claridad que en los tiempos de la barbarie, se encuentra aún muy lejos de habituarse a obrar conforme a la razón y la ciencia.”
• “Porque el hombre es estúpido, excepcionalmente estúpido. Y aunque no fuera completamente estúpido, resulta ser tan desagradecido, que no hay nada que se le parezca.”
• “[...] el día en que la voluntad esté completamente confabulada con la razón, será cuando razonaremos y ya no desearemos, pues resultará imposible desear algo que no tenga sentido para la razón, teniendo en cuenta que no podremos proceder contrariamente a ella deseando algo malo para uno mismo… Y puesto que para entonces la voluntad y la razón estarán ya completamente calculadas, ya que algún día se descubrirán las leyes de nuestro, así llamado, libre albedrío, será cuando se establezca, y no es broma, algo parecido a una tabla matemática, de modo que realmente terminaremos por desear conforme a ella.”
• “Verán: la razón es indudablemente algo excelente, pero la razón es únicamente razón, y sólo satisface las cualidades racionales del hombre, mientras que la voluntad viene a ser manifestación de la vida entera, es decir, de la vida completa del hombre, incluyendo en ésta, tanto la razón como todo tipo de especulación. Y aunque nuestra vida en esta manifestación se nos presente a menudo como una porquería, es, a pesar de todo, vida, y no mera extracción de la raíz cuadrada. Porque yo, por ejemplo, deseo vivir indudablemente para satisfacer todas mis cualidades vitales, y no sólo para satisfacer mi capacidad racional, es decir, para satisfacer únicamente una milésima parte de todas mis cualidades vitales. Pues ¿qué es lo que sabe la razón? La razón sólo sabe aquello que le dio tiempo a aprender (probablemente, no llegará a saber ninguna cosa más; y aunque ello en absoluto me tranquiliza, ¿por qué habría de callármelo?); mientras que la naturaleza humana actúa como un todo, al unísono con todo cuanto posee en sí, consciente e inconscientemente, y aunque a veces pueda engañar, a pesar de todo, vive.”
• “Al hombre le gusta crear y abrirse nuevos caminos, lo cual es incuestionable. Pero ¿por qué razón ama también apasionadamente la destrucción y el caos? ¡Venga díganmelo!”
• “Un hombre honesto e instruido no puede ser vanidoso sin albergar a veces una infinita exigencia hacia su persona y sin menospreciarse en algunas ocasiones hasta el límite de llegar a odiarse a sí mismo.”
• “Estaba formado enfermizamente, tal y como corresponde a un hombre de nuestro tiempo. Todos ellos, por el contrario, se parecían tanto los unos a los otros, y eran tan torpes, como los borregos de un rebaño. De toda la oficina, posiblemente sólo a mí, me parecía constantemente ser un servil y un cobarde; y si así me lo parecía, era porque yo estaba más desarrollado mentalmente que ellos. Pero eso no sólo me lo figuraba, sino que en realidad así es como era; verdaderamente era un servil y un cobarde. Lo digo sin ningún tipo de desconcierto. Todo hombre honesto de nuestro tiempo es, y debe ser, un servil y un cobarde. Ésta es una condición normal. Estoy profundamente convencido de ello.”
• “Ha habido veces que ni siquiera tenía ganas de hablar con nadie. En ocasiones, no quería hablar y otras, sin embargo, hablaba sin parar hasta intentar incluso entablar una amistad. Toda mi aprehensión podía desaparecer de pronto sin ningún motivo aparente. ¿Quién sabe? Tal vez no la haya tenido nunca, o tal vez, por influencia de los libros, fingiera tenerla. Hasta hoy día no he logrado resolver el problema.”
• “En casa, principalmente me dedicaba a la lectura. Deseaba silenciar con las sensaciones externas todo cuanto hervía incesantemente en mi interior. Y entre éstas, la única posibilidad que me quedaba era la lectura. La lectura, claro está, me ayudaba mucho; me conmovía, me satisfacía y me atormentaba. Pero a veces, me aburría terriblemente. Pues a pesar de todo, me apetecía hacer cosas y no estarme quieto; entonces era cuando me sumergía en la perversión más oscura, subterránea y mezquina; mejor dicho, no se trataba exactamente de una perversión, sino de la ruindad más baja. Mis mezquinas pasiones eran agudas y ardientes a causa de mi eterna y enfermiza irritabilidad. Tenía arrebatos histéricos, con lágrimas y convulsiones incluidas. Nada me quedaba excepto la lectura; es decir, nada de cuanto me rodeaba, o hacia lo cual yo pudiera sentirme atraído, me infundía respeto.”
• “Del modo más indecoroso, y como una anguila, me escurría yo entre los transeúntes, cediendo paso a los generales, a los caballeros de la guardia real, a los oficiales de los húsares y a las señoras; sentía dolorosos espasmos en el corazón y un súbito calor me recorría la espalda al pensar el mísero traje que llevaba y mi vulgar aspecto escurriéndose entre la gente. Aquello era un tormento, una continua e insoportable humillación que pasaba de la idea al sentimiento incesante e inmediato de que yo era una mosca, una vil e inútil mosca para todo el mundo; pero más inteligente, más culta y más noble que nadie, claro está; pero una mosca, al fin y al cabo, que continuamente cedía el paso a todos, una mosca humillada y ofendida por todos.”
• “¡Que desaparecierais todos! ¡Sí, eso era lo que deseaba! Porque necesitaba tranquilidad. Si con tal de vivir en paz y tranquilidad, soy capaz hasta de vender el mundo entero por un copek. Si he de elegir entre estas dos cosas: «que se hunda el mundo, o que yo deje de tomar mi té», prefiero que se hunda el mundo, con tal de que yo siempre pueda tomar mi té.”
• “En una novela tiene que haber un héroe, y aquí, se reúnen a propósito, todos los rasgos de un antihéroe, y lo que es más importante aún, es que todo eso produce una sensación de lo más desagradable, dado que hemos perdido la costumbre de vivir, y el que más o el que menos, cojeamos todos. Hasta tal punto estamos desligados de la vida, que hasta sentimos aversión hacia la auténtica «vida viva» y no soportamos que nadie nos la recuerde. Hemos llegado al extremo de tomarla por un trabajo, como si de un servicio se tratara, y en nuestro fuero interno nos persuadimos de que es mucho mejor vivir conforme a los libros. ¿Y qué andamos frecuentemente escarbando por ahí, de qué nos encaprichamos, y qué es lo que pedimos? No lo sabemos ni nosotros mismos.”
• “¡Déjennos solos y sin libros, y al momento nos extraviaremos, nos perderemos, no sabremos qué hacer, ni dónde dirigirnos; qué amar y qué odiar, qué respetar y qué despreciar! Nos pesa ser hombres, hombres auténticos, de carne y hueso. Nos avergonzamos de ello, lo tomamos por algo deshonroso y nos esforzamos en convertirnos en una nueva especie de seres omnihumanos. Hemos nacido muertos y hace tiempo que ya no procedemos de padres vivos, cosa que nos agrada cada vez más. Le estamos cogiendo gusto.”

citas y/o fragmentos subrayados en mi kindle:
• “No sólo no he logrado hacerme malo, sino que no he logrado convertirme ni en malo ni en bueno, ni en canalla ni en hombre honrado, ni en héroe ni en insecto. Ahora sobrevivo en mi rincón, burlándome a mí mismo con el inútil y malévolo consuelo de que un hombre inteligente no puede convertirse en otra cosa, y que sólo un tonto lo logra. Porque un hombre inteligente del siglo XIX debe, y está obligado moralmente, ser un sujeto fundamentalmente sin carácter; puesto que un hombre con carácter, es decir, toda una personalidad, es una criatura limitada por excelencia.”
• “Les juro, señores, que tener exceso de conciencia es una enfermedad; una enfermedad real y completa.”
• “Y lo más importante, lo mire desde el ángulo que lo mire, es que siempre salgo en todo como si fuera culpable; y lo que es aún más ofensivo, es que por decisión de las propias leyes de la naturaleza, paso siempre por ser culpable, cuando en realidad soy inocente. Pero en primer lugar, si soy culpable, es porque soy más inteligente que cuantos me rodean. (Siempre consideré que soy más inteligente que cuantos me rodeaban, y a veces, créanme, incluso de esto me llegué a avergonzar. En todo caso, durante toda mi vida he mirado a la gente un poco de reojo, sin que nunca pudiera mirarla directamente a los ojos).”
• “Y ahora lo repito, lo repito con insistencia: que toda la gente espontánea y activa, es activa porque es estúpida y limitada. ¿Cómo lo explicaría yo? Pues del siguiente modo: que esa gente, a consecuencia de su limitación, toma por primarias las causas más próximas y secundarias, convenciéndose antes y más fácilmente que los demás, de que ha hallado una base firme para sus convicciones y con ello se tranquiliza; y esto es lo que realmente importa. Pues para comenzar a actuar, antes que nada, debe estar uno absolutamente tranquilo para no sembrar ningún tipo de dudas. ¿Pero cómo puedo tranquilizarme yo mismo? ¿Dónde están esas causas primarias en que pretendo apoyarme? ¿Dónde están las bases? ¿De dónde voy a sacarlas? Si me pongo a reflexionar, compruebo que cualquier causa primaria arrastra consigo otra, aún más primaria que la anterior, y así, sucesivamente hasta el infinito. Precisamente en ello está la esencia de toda conciencia y de todo pensamiento.”
• “¿Qué es lo que ha suavizado en nosotros la civilización? Lo único que ésta ha aportado al hombre es una multitud de sensaciones y… decididamente, nada más. Pero con el desarrollo de esa multiplicidad de facetas, el hombre probablemente llegue al extremo de encontrar placer incluso en la sangre. Esto ya ha ocurrido antes. Se han percatado ustedes que los más sofisticados derramadores de sangre casi siempre han sido unos caballeros de lo más civilizados, a los que ni todo tipo de Atilas ni de Stenkas Razins[39] llegarían a la suela de los zapatos. Y si, por el contrario, no destacan tanto como ellos, es porque parecen demasiado familiares, demasiado corrientes, cuando se los encuentra uno. En todo caso, si con la civilización, el hombre no ha llegado a ser más sanguinario, entonces probablemente se ha hecho todavía peor y más vilmente sanguinario de lo que era antes. Porque antes, él veía justicia en el derramamiento de sangre y con conciencia tranquila aniquilaba a quien fuera necesario; sin embargo, ahora, aunque consideremos el derramamiento de sangre como algo abominable, a pesar de todo, probablemente hasta lo practiquemos más que antes. Decidan ustedes mismos qué es peor. Dicen que Cleopatra (disculpen por el ejemplo escogido de la historia romana) gustaba de clavar alfileres de oro en los pechos de sus esclavas y encontraba placer en sus gritos y convulsiones. Dirán que esto ocurría en tiempos, por así decirlo, bárbaros; pero también ahora vivimos tiempos bárbaros, porque (también por así decirlo) todavía se siguen clavando alfileres; y el hombre, aunque haya aprendido a ver algunas cosas con más claridad que en los tiempos de la barbarie, se encuentra aún muy lejos de habituarse a obrar conforme a la razón y la ciencia.”
• “Porque el hombre es estúpido, excepcionalmente estúpido. Y aunque no fuera completamente estúpido, resulta ser tan desagradecido, que no hay nada que se le parezca.”
• “[...] el día en que la voluntad esté completamente confabulada con la razón, será cuando razonaremos y ya no desearemos, pues resultará imposible desear algo que no tenga sentido para la razón, teniendo en cuenta que no podremos proceder contrariamente a ella deseando algo malo para uno mismo… Y puesto que para entonces la voluntad y la razón estarán ya completamente calculadas, ya que algún día se descubrirán las leyes de nuestro, así llamado, libre albedrío, será cuando se establezca, y no es broma, algo parecido a una tabla matemática, de modo que realmente terminaremos por desear conforme a ella.”
• “Verán: la razón es indudablemente algo excelente, pero la razón es únicamente razón, y sólo satisface las cualidades racionales del hombre, mientras que la voluntad viene a ser manifestación de la vida entera, es decir, de la vida completa del hombre, incluyendo en ésta, tanto la razón como todo tipo de especulación. Y aunque nuestra vida en esta manifestación se nos presente a menudo como una porquería, es, a pesar de todo, vida, y no mera extracción de la raíz cuadrada. Porque yo, por ejemplo, deseo vivir indudablemente para satisfacer todas mis cualidades vitales, y no sólo para satisfacer mi capacidad racional, es decir, para satisfacer únicamente una milésima parte de todas mis cualidades vitales. Pues ¿qué es lo que sabe la razón? La razón sólo sabe aquello que le dio tiempo a aprender (probablemente, no llegará a saber ninguna cosa más; y aunque ello en absoluto me tranquiliza, ¿por qué habría de callármelo?); mientras que la naturaleza humana actúa como un todo, al unísono con todo cuanto posee en sí, consciente e inconscientemente, y aunque a veces pueda engañar, a pesar de todo, vive.”
• “Al hombre le gusta crear y abrirse nuevos caminos, lo cual es incuestionable. Pero ¿por qué razón ama también apasionadamente la destrucción y el caos? ¡Venga díganmelo!”
• “Un hombre honesto e instruido no puede ser vanidoso sin albergar a veces una infinita exigencia hacia su persona y sin menospreciarse en algunas ocasiones hasta el límite de llegar a odiarse a sí mismo.”
• “Estaba formado enfermizamente, tal y como corresponde a un hombre de nuestro tiempo. Todos ellos, por el contrario, se parecían tanto los unos a los otros, y eran tan torpes, como los borregos de un rebaño. De toda la oficina, posiblemente sólo a mí, me parecía constantemente ser un servil y un cobarde; y si así me lo parecía, era porque yo estaba más desarrollado mentalmente que ellos. Pero eso no sólo me lo figuraba, sino que en realidad así es como era; verdaderamente era un servil y un cobarde. Lo digo sin ningún tipo de desconcierto. Todo hombre honesto de nuestro tiempo es, y debe ser, un servil y un cobarde. Ésta es una condición normal. Estoy profundamente convencido de ello.”
• “Ha habido veces que ni siquiera tenía ganas de hablar con nadie. En ocasiones, no quería hablar y otras, sin embargo, hablaba sin parar hasta intentar incluso entablar una amistad. Toda mi aprehensión podía desaparecer de pronto sin ningún motivo aparente. ¿Quién sabe? Tal vez no la haya tenido nunca, o tal vez, por influencia de los libros, fingiera tenerla. Hasta hoy día no he logrado resolver el problema.”
• “En casa, principalmente me dedicaba a la lectura. Deseaba silenciar con las sensaciones externas todo cuanto hervía incesantemente en mi interior. Y entre éstas, la única posibilidad que me quedaba era la lectura. La lectura, claro está, me ayudaba mucho; me conmovía, me satisfacía y me atormentaba. Pero a veces, me aburría terriblemente. Pues a pesar de todo, me apetecía hacer cosas y no estarme quieto; entonces era cuando me sumergía en la perversión más oscura, subterránea y mezquina; mejor dicho, no se trataba exactamente de una perversión, sino de la ruindad más baja. Mis mezquinas pasiones eran agudas y ardientes a causa de mi eterna y enfermiza irritabilidad. Tenía arrebatos histéricos, con lágrimas y convulsiones incluidas. Nada me quedaba excepto la lectura; es decir, nada de cuanto me rodeaba, o hacia lo cual yo pudiera sentirme atraído, me infundía respeto.”
• “Del modo más indecoroso, y como una anguila, me escurría yo entre los transeúntes, cediendo paso a los generales, a los caballeros de la guardia real, a los oficiales de los húsares y a las señoras; sentía dolorosos espasmos en el corazón y un súbito calor me recorría la espalda al pensar el mísero traje que llevaba y mi vulgar aspecto escurriéndose entre la gente. Aquello era un tormento, una continua e insoportable humillación que pasaba de la idea al sentimiento incesante e inmediato de que yo era una mosca, una vil e inútil mosca para todo el mundo; pero más inteligente, más culta y más noble que nadie, claro está; pero una mosca, al fin y al cabo, que continuamente cedía el paso a todos, una mosca humillada y ofendida por todos.”
• “¡Que desaparecierais todos! ¡Sí, eso era lo que deseaba! Porque necesitaba tranquilidad. Si con tal de vivir en paz y tranquilidad, soy capaz hasta de vender el mundo entero por un copek. Si he de elegir entre estas dos cosas: «que se hunda el mundo, o que yo deje de tomar mi té», prefiero que se hunda el mundo, con tal de que yo siempre pueda tomar mi té.”
• “En una novela tiene que haber un héroe, y aquí, se reúnen a propósito, todos los rasgos de un antihéroe, y lo que es más importante aún, es que todo eso produce una sensación de lo más desagradable, dado que hemos perdido la costumbre de vivir, y el que más o el que menos, cojeamos todos. Hasta tal punto estamos desligados de la vida, que hasta sentimos aversión hacia la auténtica «vida viva» y no soportamos que nadie nos la recuerde. Hemos llegado al extremo de tomarla por un trabajo, como si de un servicio se tratara, y en nuestro fuero interno nos persuadimos de que es mucho mejor vivir conforme a los libros. ¿Y qué andamos frecuentemente escarbando por ahí, de qué nos encaprichamos, y qué es lo que pedimos? No lo sabemos ni nosotros mismos.”
• “¡Déjennos solos y sin libros, y al momento nos extraviaremos, nos perderemos, no sabremos qué hacer, ni dónde dirigirnos; qué amar y qué odiar, qué respetar y qué despreciar! Nos pesa ser hombres, hombres auténticos, de carne y hueso. Nos avergonzamos de ello, lo tomamos por algo deshonroso y nos esforzamos en convertirnos en una nueva especie de seres omnihumanos. Hemos nacido muertos y hace tiempo que ya no procedemos de padres vivos, cosa que nos agrada cada vez más. Le estamos cogiendo gusto.”

November 11, 2025
Este libro nos sumerge en la mente de un hombre aislado, contradictorio y ferozmente lúcido. El narrador reflexiona sobre la naturaleza humana, la libertad y la miseria moral con una crudeza que aún hoy resulta incómoda.
Más que una novela, esta obra es un monólogo interior, una confesión filosófica que anticipa el existencialismo de Sartre y Camus. El “hombre del subsuelo” se rebela contra la razón, contra el progreso y hasta contra sí mismo, como si cada pensamiento fuera una herida abierta. Dostoyevski desnuda las contradicciones más profundas del alma humana: la necesidad de amar y el impulso de destruir, la búsqueda de sentido y el placer en el sufrimiento.
Aunque la lectura puede parecer dura, densa o desordenada, esa confusión forma parte del genio ruso, porque el caos de la mente es el verdadero escenario de esta historia.
El mundo del subsuelo no ofrece respuestas, pero deja al lector con una inquietud duradera, una sensación de haberse asomado a los abismos de la conciencia.
Vale muchísimo la pena leerlo. 100% recomendado.
Más que una novela, esta obra es un monólogo interior, una confesión filosófica que anticipa el existencialismo de Sartre y Camus. El “hombre del subsuelo” se rebela contra la razón, contra el progreso y hasta contra sí mismo, como si cada pensamiento fuera una herida abierta. Dostoyevski desnuda las contradicciones más profundas del alma humana: la necesidad de amar y el impulso de destruir, la búsqueda de sentido y el placer en el sufrimiento.
Aunque la lectura puede parecer dura, densa o desordenada, esa confusión forma parte del genio ruso, porque el caos de la mente es el verdadero escenario de esta historia.
El mundo del subsuelo no ofrece respuestas, pero deja al lector con una inquietud duradera, una sensación de haberse asomado a los abismos de la conciencia.
Vale muchísimo la pena leerlo. 100% recomendado.
December 27, 2023
Leerlo de joven es sentirse de puta madre, en plan oh sí, estoy preparada para salir de fiesta, beberme dos chupitos de absenta y ser la persona más cool del bar. A partir de los 30 es 💀 VOY A MORIR SOLA, VIEJA Y SERÁ COMO SI NUNCA HUBIERA EXISTIDO.
En cualquier caso, justo y necesario.
«Hemos llegado a considerar la "vida viva" como un trabajo. Hemos nacido muertos, y hace tiempo que nacemos de padres que ya no viven, y eso nos agrada cada vez más.»
En cualquier caso, justo y necesario.
«Hemos llegado a considerar la "vida viva" como un trabajo. Hemos nacido muertos, y hace tiempo que nacemos de padres que ya no viven, y eso nos agrada cada vez más.»
October 26, 2024
"Todos nosotros estamos divorciados de la vida, todos estamos lisiados, quien más quien menos. Tan divorciados estamos de la vida que a veces sentimos una especie de repugnancia ante la 'vida real' y por ello no toleramos que nos la recuerden. A decir verdad, hemos llegado al extremo de considerar la 'vida real' como una carga pesada, casi como una servidumbre, y todos estamos íntimamente de acuerdo en que la vida resulta mucho mejor en los libros. ¿Y por qué andamos tan a menudo escarbando por ahí, por qué tantos antojos, qué es lo que queremos? Ni nosotros mismos lo sabemos."
June 14, 2024
Dostoievski jamás dejará indiferente. Pueden pasar los siglos, y ahí seguirá el subsuelo, hasta el fin mismo de la humanidad.
July 7, 2017
Creo que cualquier comentario que se haga sobre este libro es injusto y necesariamente incompleto (por su propia complejidad). Lo que aquí nos ha legado Dostoievski es una barbaridad, una obra literaria digna de un tratado filosófico. De lo poco que he leído del escritor ruso (Los hermanos Karamazov, Humillados y ofendidos, El jugador y Crimen y Castigo ), puedo decir que aquí encuentro sus pensamientos incipientes sobre la naturaleza humana y el desarrollo de la sociedad a partir de la idea de la "civilización". En cierto modo, Dostoievski es un conservador: le aterra el hecho de saber que los principios del comunitarismo ruso, de la crianza y vida en común en la que los frutos del trabajo son compartidos por los miembros de la comunidad, son reemplazados por los nuevos valores de la vida burguesa: solitaria, individualista, presuntuosa y vacíamente egoísta. De la mano de lo anteriormente señalado, se encuentra el afán por la racionalización: esa capacidad humana que, a juicios del ruso, es novedosa pero totalmente desdeñable. Para Dostoievski, esos que viven afanados por racionalizar y comprender cada acto y gesto de sus vidas, son seres humanos miserables; incapaces de vivir bajo el principio existencial de toda vida digna; esto es, la voluntad. Aquí, tal vez, está el gérmen del "superhombre" dostoievskiano: atado a su voluntad, merecedor de la transformación del mundo en virtud de su superioridad (en este caso, no moral, sino existencial. Aquí, tal vez, hay una diferencia con Raskolnikov). El personaje del superhombre, al menos en Dostoievski, se reconoce como una voluntad creadora (afirmación que luego el propio Nietzsche retomaría, a la par que sería bien tenida en cuenta por Freud en El malestar en la cultura ), susceptible de transformar el mundo de acuerdo con sus necesidades. Ante su vida, el resto de los seres humanos "inferiores" se reconocen como despreciables: meras voluntades ancladas "al libro" (expresión del propio Dostoievski, que resuena con bastante fuerza en Nietzsche, sobre todo en La genealogía de la moral ), a otra voluntad de la que siguen ciegamente; cuando no son el contrario de otra voluntad superior a la que temen.
A pesar de sus intentos, el superhombre de Dostoievski sucumbe ante lo que la vida le depara: el ser un personaje invulnerable es una cualidad que le está vedada a cualquier ser humano, vulnerable, torpe, al que el mundo constantemente le somete con el peso de su resistencia. Esta incapacidad, aquí relatada bajo el lastimero funcionario que pierde el amor (última posibilidad de llevar una vida digna, incluso feliz) por reafirmar una mezquina superioridad en la que cualquier interacción humana se encuentra reducida al afán de dominar la voluntad de los demás, encuentra eco en otros personajes de Dostoievski (pienso sobre todo en Raskolnikov, quien considera que su moral superior le faculta a pasar por encima de la ley, al ser esta última una herramienta de dominio para los seres inferiores). Aquí, en este texto, se encuentra el desarrollo de la anterior tensión de la forma más ensayística posible (el primer capítulo es, prácticamente, un ensayo filosófico sin referencias. Eso sí, dicho texto es inconcluso: sólo enfrenta al lector a la premisa básica del superhombre; mas no a su incapacidad. Para dar cuenta de la tensión, es necesario ver el lastimero periplo del funcionario).
Llevaba demasiado tiempo sin sentir el pecho apretado, la mano temblando. Aunque la lectura pueda afectarnos, no siempre lo hace de manera visceral. En mi caso particular, pocos escritores han podido regalarme ese sentimiento; entre ellos, Kafka, Céline, Hamsun, Bukowski, Huxley y, por supuesto, Dostoievski. A veces, la literatura termina por ser una vela que apaga su fuego sobre la carne. Bienvenida sea, con su dolor y angustia. Larga vida a todos aquellos que nos enfrentan a lo mejor y lo peor, sin concesiones ni golpes en la espalda. La literatura, como la vida, debería alegrar y entristecer, doler y abrazar.
A pesar de sus intentos, el superhombre de Dostoievski sucumbe ante lo que la vida le depara: el ser un personaje invulnerable es una cualidad que le está vedada a cualquier ser humano, vulnerable, torpe, al que el mundo constantemente le somete con el peso de su resistencia. Esta incapacidad, aquí relatada bajo el lastimero funcionario que pierde el amor (última posibilidad de llevar una vida digna, incluso feliz) por reafirmar una mezquina superioridad en la que cualquier interacción humana se encuentra reducida al afán de dominar la voluntad de los demás, encuentra eco en otros personajes de Dostoievski (pienso sobre todo en Raskolnikov, quien considera que su moral superior le faculta a pasar por encima de la ley, al ser esta última una herramienta de dominio para los seres inferiores). Aquí, en este texto, se encuentra el desarrollo de la anterior tensión de la forma más ensayística posible (el primer capítulo es, prácticamente, un ensayo filosófico sin referencias. Eso sí, dicho texto es inconcluso: sólo enfrenta al lector a la premisa básica del superhombre; mas no a su incapacidad. Para dar cuenta de la tensión, es necesario ver el lastimero periplo del funcionario).
Llevaba demasiado tiempo sin sentir el pecho apretado, la mano temblando. Aunque la lectura pueda afectarnos, no siempre lo hace de manera visceral. En mi caso particular, pocos escritores han podido regalarme ese sentimiento; entre ellos, Kafka, Céline, Hamsun, Bukowski, Huxley y, por supuesto, Dostoievski. A veces, la literatura termina por ser una vela que apaga su fuego sobre la carne. Bienvenida sea, con su dolor y angustia. Larga vida a todos aquellos que nos enfrentan a lo mejor y lo peor, sin concesiones ni golpes en la espalda. La literatura, como la vida, debería alegrar y entristecer, doler y abrazar.
February 1, 2023
Memorias del subsuelo marca un cambio en el estilo de la creación literaria de Fiódor Mikhailovich Dostoievski.
Nos encontramos con un personaje con un discurso feroz en contra del hombre del siglo XIX que ya se presentaba en su Notas de invierno sobre impresiones de verano.
El hombre del subsuelo, que ha permanecido oculto en su agujero asqueado de su entorno y presa de una reflexión constante sobre su época, ha decidido salir a la luz, coger un cuaderno y anotar todo lo que tenía acumulado.
La fiereza de su discurso y la lucidez del mismo sorprende, asimismo nos acongoja el sufrimiento que experimenta. Es un hombre con sed de Cristo y fe pero al mismo tiempo se sabe corrompido y vive en constante tensión entre el obrar y pensar bien o mal.
El hombre del subsuelo sería un ser posible de aquel joven soñador de Noches blancas. El hombre del subsuelo es un tipo de hombre superfluo, recordemos a Chulkaturin de Turgueniev o a Chatski de Griboyédov. Un ser de gran inteligencia y que precisamente por eso no puede tener éxito en la San Petersburgo que le toca vivir. El hombre del subsuelo ha acumulado resentimiento contra la sociedad y contra él mismo por su impotencia de alcanzar una identidad. Tiene un amor propio exaltado que se siente humillado a lo largo de su vida. Precisamente por eso guarda un rencor inmenso que le hace desear vengarse de sus verdugos, como Silvio del cuento El disparo de Aleksandr Serguéyevich Pushkin.
Defiende a ultranza la libertad y la voluntad, virtudes que son pervertidas por su moral. El hombre del subsuelo es un hombre malo en esencia aunque de tradición cristiana, es un hombre que ha fracasado en todo por su imposibilidad de "vivir la vida", por no saber vivir en esa realidad de clima helado y nieve derretida pero que es un héroe en sus sueños. Un personaje que dejará huella y generará una corriente de pensadores llamados "existencialistas".
Libro recomendable.
Nos encontramos con un personaje con un discurso feroz en contra del hombre del siglo XIX que ya se presentaba en su Notas de invierno sobre impresiones de verano.
El hombre del subsuelo, que ha permanecido oculto en su agujero asqueado de su entorno y presa de una reflexión constante sobre su época, ha decidido salir a la luz, coger un cuaderno y anotar todo lo que tenía acumulado.
La fiereza de su discurso y la lucidez del mismo sorprende, asimismo nos acongoja el sufrimiento que experimenta. Es un hombre con sed de Cristo y fe pero al mismo tiempo se sabe corrompido y vive en constante tensión entre el obrar y pensar bien o mal.
El hombre del subsuelo sería un ser posible de aquel joven soñador de Noches blancas. El hombre del subsuelo es un tipo de hombre superfluo, recordemos a Chulkaturin de Turgueniev o a Chatski de Griboyédov. Un ser de gran inteligencia y que precisamente por eso no puede tener éxito en la San Petersburgo que le toca vivir. El hombre del subsuelo ha acumulado resentimiento contra la sociedad y contra él mismo por su impotencia de alcanzar una identidad. Tiene un amor propio exaltado que se siente humillado a lo largo de su vida. Precisamente por eso guarda un rencor inmenso que le hace desear vengarse de sus verdugos, como Silvio del cuento El disparo de Aleksandr Serguéyevich Pushkin.
Defiende a ultranza la libertad y la voluntad, virtudes que son pervertidas por su moral. El hombre del subsuelo es un hombre malo en esencia aunque de tradición cristiana, es un hombre que ha fracasado en todo por su imposibilidad de "vivir la vida", por no saber vivir en esa realidad de clima helado y nieve derretida pero que es un héroe en sus sueños. Un personaje que dejará huella y generará una corriente de pensadores llamados "existencialistas".
Libro recomendable.
July 12, 2021
Ojo, que hablamos de Dostoievski. No voy yo a ponerle pegas, que para eso, puñetas, es quien es, y yo, un lector pringao de tercera división. Pero bueno, no quita que es evidente que no es Crimen y Castigo ni los Karamazov, y claro, uno se viene arriba y se pone exigente. De primeras comienza con una disertación sobre la voluntad y el libre albedrío, que está muy bien, pero anda uno buscando una novela y claro, se encuentra leyendo filosofía en las noches de verano. Pero bueno, encontramos una segunda parte más convencional, y más larga todo sea dicho, con un antihéroe anónimo, que es un individuo patético y contradictorio, que en una especie de monólogo extenso, nos cuenta lo miserable y carente de sentido que resulta su vida. Todo muy precursor del existencialismo, muy innovador de hecho, y como he dicho antes, con pasajes geniales que te reafirman en pensar que nadie escribió nunca como Dostoievski.
March 7, 2019
«Y ahora termino mi existencia en mi rincón, donde trato lamentablemente de consolarme (aunque sin éxito) diciéndome que un hombre inteligente no consigue nunca llegar a ser nada y que sólo el imbécil triunfa.»
Reseña en español | Review in English (below)
Se dice que Memorias del subsuelo es la obra más profundamente psicológica de Fiodor Dostoyevski y que ha pasado a ser un texto clave para entender la posterior literatura rusa. Y aunque me ha encantado, no creo que sea para todos los gustos y, a diferencia de Crimen y Castigo, no se la recomendaría a todo el mundo.
Memorias del subsuelo es una novela corta dividida en dos partes donde se abordan cuestiones filosóficas con gran trasfondo psicológico a través de un monólogo interior donde el anónimo protagonista dará cuenta de su miserable existencia a un público inexistente. A través de su diario conoceremos que este antihéroe –generalmente referido por la crítica como El Hombre del Subsuelo– es un funcionario público retirado de mediana edad que vive en San Petersburgo y se dedicará a rebatir las ideas de la nueva filosofía socialista utópica. Esta primera parte se puede llegar a hacer un tanto densa en algunos momentos, pero trata temas interesantísimos sobre el sufrimiento, el dolor y el placer que siente nuestro narrador hacia ese placer dentro del sufrimiento y el odio a los demás. No os voy a engañar: es una lectura que merece ser lenta pues también aborda temas sobre la razón, la lógica, la inacción de los seres humanos frente a la vida…
«Pero ¿acaso el que se conoce puede estimarse aunque sólo sea un poco?»
En la segunda parte nos narrará varios acontecimientos durante un periodo concreto de su vida, veinte años antes, y su obsesión paranoica hacia tres personajes diferentes: un oficial que conoce de improviso en un bar; unos antiguos amigos de la escuela; y Lisa, una joven prostituta. No sabría decir qué situación de las tres me ha llegado a gustar más, puesto que se van interrelacionando entre sí, pero Dostoyevski crea en la segunda parte un narrador nada fiable pero que te hace reír a carcajadas de ciertas situaciones y que me recordó en algunos aspectos al maravilloso Raskólnikov de Crimen y Castigo.
En general, me alegro de haberle dado al fin una oportunidad a esta novela aunque esté plagada de alusiones ideológicas que solo se comprenden entendiendo el contexto social, histórico y cultural en el que fue escrita (y también el personal del propio Dostoyevski). Nunca he leído nada tan diferente como Memorias del subsuelo y debo recomendarla encarecidamente si os gusta este autor, los monólogos interiores y la filosofía.
«Tal vez soy tan desgraciado como tú y me hundo en el lodo para olvidar mi sufrimiento.»
—
It is said that Notes from Underground is the most profoundly psychological work by Fyodor Dostoevsky and that has become a key text to understand the later Russian literature. And although I've loved it, I do not think it's for all tastes and, unlike Crime and Punishment, I would not recommend it to everyone.
Notes from Underground is a short novel divided into two parts where philosophical questions are approached with great psychological background through a monologue where the anonymous protagonist will give an account of his miserable existence to a non-existent public. Through his diary we will know that this anti-hero –generally referred to by the critics as the Underground Man– is a retired civil servant who lives in St. Petersburg, and he will attack the ideas of the new utopian socialist philosophy. This first part can get to be a bit dense at some points, but it deals with very interesting topics such as suffering, pain and the pleasure our narrator feels within suffering (from a toothache allegory) and hatred others. I'm not going to deceive you: it is a reading that deserves thoroughness because it also deals with issues about reason, logic, or the inaction of some human beings facing life.
In the second part, the protagonist will talk about several events during a specific period of his life, twenty years before, and his paranoid obsession with three different characters: an officer who meets unexpectedly in a pub; some old friends from school; and Lisa, a young prostitute. I can’t state which situation of the three I have come to like the most, since they are intertwined at some points; but in this second part, Dostoevsky creates an unreliable narrator that makes you laugh out loud of certain situations and that reminded me in some aspects to the wonderful Raskolnikov from Crime and Punishment.
All in all, I'm glad to have finally given this novel a try although it is riddled with ideological allusions that are only understood by comprehending the social, historical and cultural context in which it was written (and also Dostoevsky's personal situation). I've never read anything as different as Notes from Underground and I would strongly recommend it if you like this author, psychological monologues and philosophy.
November 22, 2016
Díganme, ¿qué es preferible: una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado?
November 19, 2024
"Yo digo que dejemos que el mundo se vaya al infierno, pero yo siempre debería tener mi té".
Creo que soy muy tonta como para apreciar este libro.
Siempre he sabido que yo los clásicos no nos llevamos de la mano, nunca he sido una gran fanática de ellos (sobre todo clásicos rusos, es la primera vez que leo algo de este estilo) y esta historia me recordó el porqué.
El narrador se pasa medio libro haciendo un análisis de la sociedad, sentía que estaba leyendo un ensayo sobre el mundo, no había casi diálogos y los que habían eran como de tres páginas cada uno. Era una historia corta entonces la leí rápido, pero eso no quita que me quería arrancar los ojos en algún momento de tanta cosa que me soltaba el autor.
El personaje no tiene nombre propio, a lo que entendí, pero si es odioso, estresante, inteligente, egoísta, serio y lleno de ansiedad, juro que parece la ansiedad hecha persona, al final me sentí libre de terminar el libro porque me estaba desesperando.
Es interesante el libro, claro que no es algo que leería de vuelta pero si estoy interesada en más obras del autor, tiene una pluma complicada pero es de mi interés.
Creo que soy muy tonta como para apreciar este libro.
Siempre he sabido que yo los clásicos no nos llevamos de la mano, nunca he sido una gran fanática de ellos (sobre todo clásicos rusos, es la primera vez que leo algo de este estilo) y esta historia me recordó el porqué.
El narrador se pasa medio libro haciendo un análisis de la sociedad, sentía que estaba leyendo un ensayo sobre el mundo, no había casi diálogos y los que habían eran como de tres páginas cada uno. Era una historia corta entonces la leí rápido, pero eso no quita que me quería arrancar los ojos en algún momento de tanta cosa que me soltaba el autor.
El personaje no tiene nombre propio, a lo que entendí, pero si es odioso, estresante, inteligente, egoísta, serio y lleno de ansiedad, juro que parece la ansiedad hecha persona, al final me sentí libre de terminar el libro porque me estaba desesperando.
Es interesante el libro, claro que no es algo que leería de vuelta pero si estoy interesada en más obras del autor, tiene una pluma complicada pero es de mi interés.
August 25, 2023
Un libro peculiar integrado por dos partes que difieren en contenido y tono pero que funcionan como piezas complementarias e indispensables para la comprensión de la demoledora y pesimista concepción de Dostoyevsky acerca del individuo.
La primera mitad consiste en un monólogo filosófico extraordinario, una crítica a la ideología científica predominante en la época y sus efectos sobre nociones como la consciencia y la voluntad. La segunda mitad, menos ensayista y más narrativa, es una sucesión de episodios, de momentos, en la vida de un hombre dominado por el autodesprecio y un insondable resentimiento hacia el resto.
Conociendo la agudeza y brillantez de la que era capaz el autor quizá esta obra no debería haberme tomado tan desprevenida pero lo hizo. Lo hizo y continúan resonando en mí sus efectos mientras se abre paso la incuestionable certeza de que dichos efectos no van a diluirse pronto.
La primera mitad consiste en un monólogo filosófico extraordinario, una crítica a la ideología científica predominante en la época y sus efectos sobre nociones como la consciencia y la voluntad. La segunda mitad, menos ensayista y más narrativa, es una sucesión de episodios, de momentos, en la vida de un hombre dominado por el autodesprecio y un insondable resentimiento hacia el resto.
Conociendo la agudeza y brillantez de la que era capaz el autor quizá esta obra no debería haberme tomado tan desprevenida pero lo hizo. Lo hizo y continúan resonando en mí sus efectos mientras se abre paso la incuestionable certeza de que dichos efectos no van a diluirse pronto.
August 24, 2018
Lo primero que leo de Dostoyevsky, puedo decir que no es el tipo de literatura a la que estoy acostumbrada, pero lo disfruté. El protagonista no tiene nombre, poco sabemos de su vida. Esto es especialmente significativo, pues su anonimato le otorga un carácter general, representando en su persona la identidad de cualquier otra. Hace extensivos sus rasgos a la sociedad de su tiempo, y aun a la condición humana.
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