«Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu cara
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero».
La poesía de Miguel Hernández se destaca por la simbología y las imágenes que proyecta a lo largo de sus versos, por la belleza que expresa hacia la vida, su mujer y a su familia, y el dolor también hacia estos mismos y sobre las injusticas de una guerra que lo marcaron en cada estrofa, en cada punto, en cada silencio... También se caracteriza por el uso de una lírica tan humanizada, tan expresiva y tan libre como encadenada es.
He destacado este fragmento como ejemplo de unos de los poemas que más me gustaron de él, el cual recibe el nombre de "carta", pero, siendo sincera, he subrayado y dejado posits en la mayoría de los poemas que contiene este poemario. No conocía mucho de este querido poeta de Orihuela, salvo lo básico que se aprende en la escuela y he de admitir que poco. Es cierto que los profesores de vez en cuando lo mencionan en los temarios de clase, pero, sinceramente, ¿cuánta importancia se le llega a dar a día de hoy? Por mi parte, no la suficiente.
A mis veintidós años estoy tratando de experimentar más en mis lecturas, ya sea tanto de temática, como de géneros. Este es uno de mis primeros poemarios que he empezado por voluntad propia y confieso que me siento muy feliz y agradecida por haber encontrado en él una sonrisa, un suspiro y un consuelo.