Ante todo, destacar la mezcla entre el carácter melancólico y nostálgico que poseen los diferentes personales desarrollados en los tres relatos, con pizcas de humor muy bien encajado; escritura, por otra parte, con la que ya estamos más que familiarizados los asiduos lectores de Mendoza. Siempre nos presenta mundos, en cierta forma, algo pesimistas (aunque en realidad opino que son mundos de un realismo extremo).
A diferencia de otras críticas que he leído sobre este libro, en mi opinión, los relatos van de más a menos; es decir, el peor, o quizá el que menos ritmo tiene es el primero, y sin duda, el mejor construido de principio a fin es el último.
Los tres coinciden en que el golpe de efecto, la revelación del sentido de los títulos de cada uno, se produce hacia el final de la lectura, en donde este recurso literario tiene su ejecución óptima en el tercer relato, que, como ya he dicho, es el mejor.
Vayamos a analizar resumidamente cada uno de ellos.
1. La ballena: en mi opinión le falta ritmo, creo que porque se hace demasiado extenso. Hay demasiados detalles, sobre todo de la Barcelona en la que se mueven los personajes. Algo que solemos ver en la literatura de Mendoza, sí, pero quizá para un relato se hace algo pesado si se ejecuta de esa manera, haciéndonos perder el hilo conductor realmente importante: el desenlace del obispo Putucás y los diferentes choques culturales de la España de la época.
Como aspecto positivo (se viene 'spoiler'), me ha encantado que el obispo tuviera la acertada idea de hacerse con la contraseña de la caja fuerte y que, al final, el hombre religioso y un tanto pasmado que se nos presentaba, fuera el que le diera el merecido a la familia antagonista (burguesa, estirada y egoísta) a la del narrador.
2. El final de Dubslav: lo que más me ha gustado de este relato es como Mendoza ha jugado con los cambios temporales de la historia, haciendo que no sea lineal. Esto le da mucho ritmo. Ritmo, por cierto, que está también muy logrado gracias a la mezcla de realismo e inverosimilitud de algunas de las escenas, en las que no me parece que se haya excedido ni un mínimo en usar lo absurdo para jugar con la imaginación del lector.
Como punto negativo puedo decir que el final, concretamente el discurso final de Dubslav, me parece algo precipitado, dándome la sensación de que se ha querido acabar con el relato de forma rápida. Entiendo que, acabar queriendo dejar un final abierto a la imaginación del lector, y más en la forma que lo hace Mendoza, requiere de un golpe de efecto como el que se nos plantea, pero no sé, quizá de otra manera.
3. El malentendido: el mejor relato, sin duda. Es rápido, directo, sin divagaciones. No se describen en exceso a los personajes ni dónde se desarrollan las escenas. El relato está centrado en la trama, en la chicha, haciéndonos querer, en cada párrafo, saber más sobre lo que va a ocurrir.
Desde el primer momento Mendoza nos polariza frente a los personajes: empatizas con uno y detestas al otro; te genera rabia.
Pero al final... El final es perfecto y da un giro argumental totalmente inesperado. Justo cuando el lector empieza a polarizarse de forma contraria a la inicial con los personajes... vemos que las personas son lo que son, por mucho que sus éxitos o fracasos parezcan reflejar lo contrario.
En definitiva, el mejor de los tres y con moraleja final. Sensacional, señor Mendoza, sensacional.