"El rebelde" abre un ciclo de seis fascinantes novelas que narran los momentos estelares de la historia del Imperio Romano, desde la fundación hasta su caída. En este primer volumen, asistimos al proceso pro el cual un heterogéneo grupo de pastores, labriegos y bandidos procedentes de los más diversos lugares acabaron por confluir y unirse para poner en pie la que llegaría a ser la capital de mundo, Roma. A través de los ojos de Larth, un hombre obligado a huir de las autoridades dejando a sus espaldas una vida envidiable, asistimos desde primera fila a las razias de los hermanos Rómulo y Remo, a las pugnas que se desatan en el seno de su grupo de forajidos, y finalmente al naciemiento de una nueva época.
La historia no llega a ser tediosa, pero no más que eso. Se puede leer tranquilamente si lo que buscas es una lectura ligera y sin muchos revueltos. Lo que le sacó puntos es la falta de argumentos, de historia, de momentos que te hagan Sentir. Las batallas son penosas, hay momentos vacíos donde no se entiende bien el por qué de algunos sucesos y las relaciones entre los personajes se presentan aburridas y muy ficticias. Me gustó más la primera parte que las restantes, ya que es donde se descubre la historia de Rómulo y Remo. El resto una chicanada.
Il libro che, purtroppo, per un lungo periodo mi ha fatto odiare i romanzi storici, perché la scrittrice non è riuscita a rendere coinvolgente una storia per me già nota. Per fortuna ci ha pensato La canzone di Achille a farmi cambiare idea.
Me gustan mucho las novelas históricas, sobre todo las que transcurren la Antigüedad. Gracias a algunas de estas obras he podido aprender mucho sobre ciertas culturas y civilizaciones. Por eso, cuando llegó a mis manos El rebelde, nada menos que sobre los orígenes de Roma, esperaba que la novela me enamorara. Lamentablemente, no fue tan así. El rebelde tiene sus cosas positivas, por momentos la disfruté bastante. Pero también encontré en ella marcadas deficiencias, que la tiran un poco abajo. Por empezar, el autor no tiene como fuerte el relato de escenas de batalla. Se nota demasiado. A lo largo de la historia asistimos a muchas batallas, y todas ellas son narradas de una forma bastante penosa. No solo les falta emoción, sino que por momentos resultan absolutamente inverosímiles. Como ejemplo: en un pasaje, Larth, el protagonista, y sus acompañantes capturan una plaza fortificada arrojándose en catapulta por sobre las murallas. Hacer algo así, sin saber en dónde vas a caer, me suena más a suicidio que a una estrategia creíble. Desde el punto de vista histórico, me pareció encontrar unos cuantos anacronismos. Uno tiene que ver con el uso de los caballos. Los personajes andan todo el tiempo montados, no solo para desplazarse sino incluso para batallar. Larth, incluso, llega a disparar con arco y flecha desde su montura. Todo eso resulta bastante inverosímil. En tiempos de la fundación de Roma aún no habían sido creadas las sillas de montar, por lo que para andar a caballo debías hacerlo a pelo, lo que resultaba sumamente inestable. Disparar un arco, en esas condiciones, era poco menos que imposible. Fuera de las escenas de combate, la novela no está tan mal, aunque algunas partes resultaron un poco lentas para mi gusto. Sin embargo, haciendo un balance, diría que la novela se lleva un aprobado.