Como estamos a nada del estreno de su película me pareció interesante hacer una lectura (o relectura, como es este caso) de algunas historias de The Big Cheese (así es como le dicen al Capitán Marvel/Shazam, supongo yo por ser grande, amarillo y rojo). Primero, por si hay algún desnorteado en la sala: ¿quién es Shazam? El personaje nace en 1939 (aunque su primera publicación data de febrero de 1940) dentro de esa inmensa camada de superhéroes que aparecieron entonces, cuando cada editorial quería su propio Superman, creado por el guionista Bill Parker y el dibujante Clarence Charles Beck. Editado originalmente por Fawcett Comics, este Capitán Marvel -que así se llamaría, y llama, en un principio (ya volveremos más adelante a esto)- se diferenciaba bastante de su modelo kriptoniano inspirador. Primero que nada, su alter ego es un niño. Al gritar "Shazam!" el joven Billy Batson conjura los poderes de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio (sabiduría, fuerza, resistencia, poder, valor y velocidad, respectivamente) y se transforma en el Capitán Marvel para luchar contra la injusticia, encarnada habitualmente en sus villanos Dr. Sivana (un calvo que vendría a ser su Lex Luthor), Black Adam (una suerte de Capitán Marvel en negativo) o Mr. Mind (un gusano gigante con aspiraciones de conquista global). El éxito del personaje fue tan arrollador que llegó a superar a Superman en sus primeros años de publicación -y en la misma volada Fawcett amplió su franquicia con una "familia Marvel": Mary Marvel, Capitán Marvel Junior, el tío Dudley y hasta un Conejo Marvel- pero con ese éxito llegaron los problemas: DC, propietaria de Superman y una implacable cazadora de todo aquel personaje exitoso al que pudieran acusar de plagio, los bajó de un hondazo. Así, por disposición legal, Fawcett Comics deja de publicar al personaje en 1953. La compañía fue a menos con el paso de los años y -oh, casualidad- en 1973 es adquirida por la propia DC Comics, incluyendo todos sus personajes y, obviamente entre ellos, al Capitán Marvel. Ah, ¿por qué la dualidad de nombres Capitán Marvel/Shazam? Porque en 1968 la eterna competidora de DC, Marvel Comics propone su propio Capitán Marvel (a quien ya vimos adaptado a cine en su versión femenina recientemente) y registra legalmente el nombre, algo que Fawcett (ni DC) había jamás hecho. Para no tener conflictos, a partir de 1972 es que DC renombra oficialmente a su personaje como Shazam y se lo conoce de ambas maneras (al menos en las historietas, calculo que en la película se quedarán con el nombre más reciente). Será por este tormentoso nacimiento y desarrollo que jamás pude encajar demasiado a Shazam en el Universo DC. Siempre me resultó un extraño, un marciano con poco en común con Superman, Batman y el resto. Y aunque en muchas ocasiones lo han sabido integrar perfectamente -lo que hacen con el personaje en la segunda temporada de Young Justice es genial- en mi memoria siempre ha sido un jugador en solitario, con su propio universo construido en el que vivir por sí mismo sus aventuras. Luego de este largo prolegómeno, vayamos sí con el libro que nos toca hoy. Veterano de varias de las mejores etapas de Superman y completamente consagrado para el momento de editar esta novela gráfica, Jerry Ordway proponía un reinicio del personaje, una historia absolutamente independiente que nos presentaba todo en orden -el origen de Shazam y el de su mayor enemigo Black Adam- pero haciendo mucho hincapié en las raíces egipcias del mismo, proponiendo a Shazam como uno de los dioses de este mismo panteón (aunque ninguno de los que le da poder sean, efectivamente, Anubis o Seth). Con libertad total -y todavía como parte de un momento donde DC se animaba a recrear a sus personajes en manos de artistas específicos, aunque ya estaba llegando este momento a su fin- es que Ordway nos propone una aventura clásica alucinante, acompañando a los Batson, una pareja de arqueólogos, en su busca de una tumba en Egipto, donde son traicionados por su colega Theo Adam (a quien Ordway dibuja con la cara de Boris Karloff). Pero el poder que desatan viaja hasta Fawcett City (la editorial madre es reconocida como la ciudad donde Shazam vive sus aventuras, incluso con calles que se llaman Parker y Beck) donde encuentra al ahora huérfano Billy Batson viviendo en las peores condiciones y lo elige para ser su campeón. La aventura es sencilla -y algo expositiva, los personajes se pasan explicando en voz alta todo lo que pasa incluso durante las peleas- pero contundente. Ordway entrega sino su mejor trabajo, casi (a la altura de su maestro Neal Adams) y, además, al ambientar la historia a fines de los 40s se permite varios homenajes a colegas que desarrollaban grandes trabajos en estos mismos años (su Fawcett City está hermanada en el art decó de la Opal City de Starman, de Robinson y Harris; su argumento tiene cosas por momentos del mejor Howard Chaykin, quien en esta época la rompía con Blackhawk; y Ordway referencia directamente a Dave Stevens y su Rocketeer en una secuncia puntual). Ordway escribe, dibuja y pinta, dejando la vida en ello, y dedicando un momento a cada personaje de este universo. Esta novela gráfica fue continuada en una serie regular -titulada de la misma manera- que se continuó durante 48 números. Más Shazam en breve, que esta es una maratón hasta la película.