Camila en todas las entrevistas dice que ella no tiene la cultura literaria ni tampoco la académica que muchos otros escritores tienen, que ella solo traduce emociones, que a ella solo se le vienen las palabras encima y, no hay cosa más poderosa que la creatividad innata. No podemos comparar una novela con un libro de relatos, empezando por que las construcciones y personajes se hacen desde otro lugar, pero sí podemos comparar la evolución de un escritor y en este caso, me parece que este libro tiene muchos méritos más y sobre todo consolida el estilo queer-fantástico literario. No es fácil hacer un libro de relatos donde todos tengan algo poderoso, un personaje, o la historia, o el hilo y Camila lo logra en todos.
La literatura travesti fantasiosa es inaugurada por ella, van a leer algo que nunca van a encontrar en otro libro, todos los personajes son deslumbrantes, extravagantes , llenos de brillo, en situaciones extremas, o que llegan a esas situaciones y al final de cada cuento vemos cómo ese personaje resiste. Resiste el señalamiento de una sociedad, resiste desde el silencio, resiste desde el aceptar esa vida. Sí te da risa, pero pasas de la risa al desconcierto terminando en la sorpresa.
La vida pasada de Camila y el arte que también aprecia, es una mezcla imposible de pasar por alto, llega para darle voz a una minoria de forma corrosiva, burlona, racializada y sexualizada, el logro está en ver de qué manera salen de ese lugar los personajes. También habla de las infancias corrompidas y tiene un par de cuentos inspirados en México, los últimos dos me parecieron tan estremecedores como cuando escuchas un requiem de Mozart. El del éxodo es brutal.
Llámenme loca, pero tiene tintes de Cortázar y un cuento me recordó a Mariana Enriquez. En ese nivel. Y gracias a Camila que me recuerda que gracias a los libros no tengo una vida ordinaria, conozco muchas vidas fantásticas.